La Tentación de Jesús no es acerca de tu Lucha con el Pecado

Estaba sentado en una colina unos 60 metros arriba del desierto de Judea.  Un interminable y muerto mar de dunas de arena estaba frente a mi.  Es una de esas vistas que son difíciles de procesar en la mente.  Este es el lugar en dónde las cosas en esta región vienen a morir.  Irónicamente, es un lugar hermoso.  La escala del lugar es espectacular.  Ver los profundos colores del cielo al atardecer en Israel chocar con el mar infinito de granos de arena es una obra maestra que te roba el aliento.

Estuve allí en un viaje con mi iglesia local y este viaje fue mi primera visita a Tierra Santa.  Al momento de llegar a este lugar, llevábamos ya cinco días de viaje.  Muchos de los lugares visitados ofrecían oportunidades de reflexión y enseñanza.  Este lugar entraba dentro de esos.  Nos sacaron del bus y subimos una pequeña colina.  Una vez alcanzamos la cima, veíamos la inmensidad del desierto.  Todos en el grupo encontramos algún lugar donde sentarnos y guardamos absoluto silencio.  Este lugar era una especie de anfiteatro natural en dónde el espectáculo era esa profunda quietud que sólo la naturaleza puede ofrecer.

“Esta es la ubicación aproximada de la tentación de Jesús.”  Obviamente, esto hizo de la experiencia algo más profundo todavía.  En algún lugar de este desierto, el Hijo de Dios batalló por mi alma.   En algún lugar en medio de esta devastación, luego de un ayuno de cuarenta días el Santo Hijo de Dios fue guiado a llevar la carga de la humanidad y enfrentar al mismo adversario que llevó al primer Adán a causar toda la destrucción que hoy vivimos (Hebreos 2:9).

No necesito relatar la manera en que mi corazón se volcó a adorar.  Estaba listo para ver a Jesús exaltado.  Justo en ese momento, el predicador designado se puso en pie para dar el mensaje, “Vayan conmigo a Mateo capítulo 4.  Quisiera compartir con ustedes cinco pasos para resistir la tentación en sus vidas.”  O algo parecido.  Dentro de mi estaba devastado. “¿Por qué harías esto? ¡Jesús está aquí! ¡Dame a Cristo!”  En mi rostro sólo había una falsa sonrisa.  A la luz de dónde estaba sentado, la capacidad de la iglesia contemporánea de perderse el punto (Jesús) era más obvio que nunca.  Fue un momento muy triste.

Normalmente, esto no debería sorprendernos, pero es que estábamos parados justo en el sitio.  Es típico que la iglesia contemporánea haga esto con escenas como estas.  (De hecho, esto fue como interpreté este pasaje la primera vez que leí el Evangelio de Mateo.)  Básicamente, tomamos la épica redención que está delante nuestro en eventos como la tentación de Jesús y la enterramos bajo nuestra narcisista necesidad de “relevancia”.  Nos atravesamos frente a la gloria de nuestra propia redención.  Es realmente molesto ver lo ubicua que es esta tentación dentro del evangelicalismo.

Hablemos en serio.  ¿Cuál es la aplicación asumida de la tentación de Jesús en el desierto?  Por “asumida” me refiero a l oque se nos ha dicho -luego de años de predicación- acerca de lo que este evento se trata.  ¿Acaso no se nos ofrece esta pasaje como un set de “principios” acerca de cómo podemos resistir la tentación como cristianos?  O, puesto de otra forma, se trata de nosotros.  Pero, honestamente, ¿es eso lo que realmente está sucediendo en ese momento?  ¿Está Jesús realmente ofreciéndonos un ejemplo de cómo podemos personalmente resistir la tentación del diablo?  ¿Es esto un tutorial para la vida diaria?  ¡Por supuesto que no! Un “cómo” acerca de resistir la tentación es con suerte una aplicación secundaria del pasaje…sino es que una terciaria.  Él no nos está pidiendo hacer nada.  Él lo está haciendo por nosotros.  Hay algo mucho más grande sucediendo en este momento.  Más importante aún, ¿realmente necesitamos estar parado en el lugar de los hechos para darnos cuenta lo erróneo que es este enfoque?

Estamos siendo testigos aquí de algo que poco tiene que ver con nosotros más allá del hecho de que involucra la disposición de Jesús de tomar la carga de la humanidad para salvarnos.  Lo que estamos presenciando es a nuestro Señor -el segundo Adán- obedecer en dónde el primer Adán falló en obedecer (Romanos 5:17).  Lo vemos cediendo Su voluntad a la del Padre, tomando el sufrimiento de la Cruz sobre Sí mismo y redimiéndonos de nuestra esclavitud.  Jesús no nos está dando una lección de cómo resistir la tentación.  Él en realidad está resistiendo la tentación en una escala que apenas podemos comenzar a entender.

A pesar de que el hambre de Jesús era sin duda fuerte, la primera tentación no se trata realmente acerca del hambre.  Tampoco se trata de como tu y yo podemos usar la Palabra de Dios para resistir al diable (aunque podemos y debemos hacerlo.)  Se trata de Jesús escogiendo el sufrimiento e indignación de la cruz por encima de su justa dignidad como Hijo de Dios.  “¿Por qué sufriría el Hijo de Dios las consecuencias de la rebelión de la humanidad?  ¿Por qué no simplemente cambiar las piedras en pan y recobrar Su dignidad? ¿Por qué sufrir un dolor tan denigrante en favor de gente tan indigna? ”  Son preguntas válidas.  La única respuesta a esto es la gracia (Tito 3:4-7).

Además de esto, la segunda tentación no se trata tanto de Jesús probando Su lugar como Hijo a Satanás.  Tampoco es acerca de cómo debemos confiar en Dios en medio de la prueba (a pesar de que podemos y debemos).  Se trata acerca de la necesaria obscuridad del Hijo de Dios.  En obediencia al Padre, Jesús tomó forma humana y veló Su gloria para poder llevar la Cruz (Isaías 53:2-3).  Básicamente, “¿por qué sufrir el dolor de la Cruz cuándo puedes revelarte como HIjo de Dios eun una manera (bastante egoísta) de mostrar Tu gloria?”  En esta escena, la humildad de Jesús se queda sin comparación.  El Hijo de Dios rehusó a Su estatus y a sus derechos para poder salvar a personas cuya determinación para exaltarse a sí mismos por encima de Dios los había ya condenado en primer lugar.

La tercera tentación va al hueso.  No hay mucho dónde perderse con esta.  Es un intento descarado a que Jesús evite la agonía de la Cruz y, entonces, desobedezca al Padre (Hebreos 12:2-3).  Él podía declararse “Señor de Señores” sin cargar la ira de Dios a favor de los pecadores si simplemente se sometía a Satanás.  En respuesta a esto, Jesús hace lo que ha fracasado la humanidad en hacer desde el principio -adorar únicamente a Dios.

Es una escena gloriosa.  La intención es que nos maravillemos de la gracia de Dios en Cristo.  En cierto sentido, estamos llamados a sentarnos en una colina teológica y ver con asombro el inspirador paisaje de la gracia de Dios.  Esto es lo que Él hizo por nosotros.  El punto es estar confiados en lo que Cristo ha hecho por nosotros y no en confiarnos en lo que podemos hacer por nosotros mismos.  En este pasaje podemos darnos cuenta en la obvia contradicción entre la aplicación contemporánea (“se trata de nosotros”) y el punto real (Jesús).

La razón de por qué insistimos en enfocarnos en la aplicación contemporánea en lugar de la correcta, que nos llama a gritos desde las páginas de la Biblia es algo muy difícil de explicar.

(Traducción mía del artículo “The Temptation of Jesus is not about Your Battle with Sin” de Byron Yawn, disponible aquí.)

Byron Yawn is the senior pastor of Community Bible Church in Nashville, Tennessee. He is the author of What Every Man Wishes His Father Had Told Him, and Suburbianity: Can We Find Our Way Back to Biblical Christianity? (Harvest House) You can follow him on Twitter @byronyawn

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s