¿Ver la vida en HD? Nos estamos perdiendo detrás de la pantallita…


Este video ilustra demasiado bien lo que nos sucede a todos…y me declaro como primer culpable, de pretender “vivir” la vida a través de una pantalla….¡Qué triste!

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Mirando Atentamente la Ley de la Libertad (Reflexiones de Santiago 1:25)


Este pasado domingo 11 de agosto, continuamos con la serie “Echando Raíces” en Casa de Libertad.  La serie es un estudio del libro de Santiago y en esta ocasión, el mensaje se centró en el pasaje de Santiago 1:19-25, titulado “Hacedores de la Palabra” (MP3 y PDF disponibles gratis aquí).

“19Mis amados hermanos, quiero que entiendan lo siguiente: todos ustedes deben ser rápidos para escuchar, lentos para hablar y lentos para enojarse. 20El enojo humano no produce la rectitud que Dios desea. 21Así que quiten de su vida todo lo malo y lo sucio, y acepten con humildad la palabra que Dios les ha sembrado en el corazón, porque tiene el poder para salvar su alma.

22No solo escuchen la palabra de Dios, tienen que ponerla en práctica. De lo contrario, solamente se engañan a sí mismos. 23Pues, si escuchas la palabra pero no la obedeces, sería como ver tu cara en un espejo; 24te ves a ti mismo, luego te alejas y te olvidas cómo eres. 25Pero si miras atentamente en la ley perfecta que te hace libre y la pones en práctica y no olvidas lo que escuchaste, entonces Dios te bendecirá por tu obediencia.”  (Santiago 1:19-25, NTV)
Uno de los puntos centrales del mensaje, y dónde quisiera reflexionar hoy, fue en que debemos, como cristianos, rescatar el valor y la importancia que debe tener la Ley en nuestra vida cristiana.  Nuestro pobre entendimiento de la Meta Narrativa bíblica nos ha hecho desestimar el Antiguo Testamento o quizás, en el mejor de los casos, lo hemos relegado a historias para niños de escuela dominical (David y Goliat, etc.) que terminan siendo meros relatos moralistas en dónde el centro de la acción somos nosotros y no Dios.
Me llama la atención especialmente el versículo 25 en dónde Santiago nos hace un especial llamado a “mirar atentamente la ley perfecta que te hace libre”.  ¿A qué se está refiriendo? ¿Cuál es esa “ley perfecta”? ¿Por qué y cómo nos hace libres?
El primero punto es: ¿Cuál es el propósito de la Ley? Recordemos que en el tiempo de Santiago, no existía una Biblia tal y como la conocemos hoy.  La audiencia original seguramente hizo referencia cómo mínimo al Pentateuco (Génesis, Éxodo, Números, Levítico y Deuteronomio), sino es que incluyó también el resto del Antiguo Testamento.  El propósito de la Ley nos lo da Jesús mismo en la conversación que tiene con dos discípulos que van camino a Emaús en aquel primer Domingo de Resurrección:
25Entonces Jesús les dijo:

—¡Qué necios son! Les cuesta tanto creer todo lo que los profetas escribieron en las Escrituras. 26¿Acaso no profetizaron claramente que el Mesías tendría que sufrir todas esas cosas antes de entrar en su gloria?
27Entonces Jesús los guió por los escritos de Moisés y de todos los profetas, explicándoles lo que las Escrituras decían acerca de él mismo. (Lucas 24:25-27, NTV)
Vemos aquí que todo el AT apunta hacia un lugar….mejor dicho, hacia una persona, Jesús.
Jesús también nos revela que es en el conocimiento y puesta en práctica de la Verdad y lo que nos manda a hacer que podemos encontrar la verdadera libertad:
31Jesús les dijo a los que creyeron en él:

—Ustedes son verdaderamente mis discípulos si se mantienen fieles a mis enseñanzas; 32y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres. (Juan 8:31-32, NTV)
Adicional a esto, Jesús mismo también se presenta a sí mismo como la Verdad:
6Jesús le contestó:

—Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie puede ir al Padre si no es por medio de mí. (Juan 14:6, NTV)
Por último, Jesús mismo es el “Logos Divino”, la Palabra Encarnada:
1En el principio la Palabra ya existía.

La Palabra estaba con Dios,
y la Palabra era Dios.
2El que es la Palabra existía en el principio con Dios.
3Dios creó todas las cosas por medio de él,
y nada fue creado sin él.
4La Palabra le dio vida a todo lo creado,
y su vida trajo luz a todos.
5La luz brilla en la oscuridad,
y la oscuridad jamás podrá apagarla. (Juan 1:1-6, NTV)
14Entonces la Palabra se hizo hombre y vino a vivir entre nosotros. Estaba lleno de fidelidad y amor inagotable.Y hemos visto su gloria, la gloria del único Hijo del Padre. (Juan 1:14, NTV)
¿Qué concluimos entonces? “Ver atentamente la Ley de la Libertad” como nos indica Santiago, se convierte en un llamado al Evangelio, a ver a Jesús como fuente de libertad y gracia para poder hacer lo que nos corresponde hacer.
El cristiano se esfuerza en cumplir la Ley porque entiende que la Ley ya fue cumplida en su totalidad y a su favor en la vida, obra, muerte, resurrección y ascensión de Jesús.  Quién ha sido redimido por la Sangre es ahora libre para cumplir la Ley sin miedo y temor de fracasar, porque sabe que siempre hay y habrá Gracia para quienes con arrepentimiento genuino buscan siempre al Señor (2 Corintios 10:7).
Es la gracia la que nos rescata de todos nuestros fracasos ante la ley.
Es la gracia la que nos da el poder para cumplir con libertad y sin ansiedades los preceptos de la ley.
Es la gracia la que nos da la seguridad y certeza de nuestra salvación.
Todo al final, se trata de Jesús y ese es el llamado que Santiago, Su hermanito, hace a todos nosotros en quienes Dios ha optado manifestar Su amor, gracia y misericordia en el poder del Espíritu Santo, gracias a Jesús.

La Tentación de Jesús no es acerca de tu Lucha con el Pecado


Estaba sentado en una colina unos 60 metros arriba del desierto de Judea.  Un interminable y muerto mar de dunas de arena estaba frente a mi.  Es una de esas vistas que son difíciles de procesar en la mente.  Este es el lugar en dónde las cosas en esta región vienen a morir.  Irónicamente, es un lugar hermoso.  La escala del lugar es espectacular.  Ver los profundos colores del cielo al atardecer en Israel chocar con el mar infinito de granos de arena es una obra maestra que te roba el aliento.

Estuve allí en un viaje con mi iglesia local y este viaje fue mi primera visita a Tierra Santa.  Al momento de llegar a este lugar, llevábamos ya cinco días de viaje.  Muchos de los lugares visitados ofrecían oportunidades de reflexión y enseñanza.  Este lugar entraba dentro de esos.  Nos sacaron del bus y subimos una pequeña colina.  Una vez alcanzamos la cima, veíamos la inmensidad del desierto.  Todos en el grupo encontramos algún lugar donde sentarnos y guardamos absoluto silencio.  Este lugar era una especie de anfiteatro natural en dónde el espectáculo era esa profunda quietud que sólo la naturaleza puede ofrecer.

“Esta es la ubicación aproximada de la tentación de Jesús.”  Obviamente, esto hizo de la experiencia algo más profundo todavía.  En algún lugar de este desierto, el Hijo de Dios batalló por mi alma.   En algún lugar en medio de esta devastación, luego de un ayuno de cuarenta días el Santo Hijo de Dios fue guiado a llevar la carga de la humanidad y enfrentar al mismo adversario que llevó al primer Adán a causar toda la destrucción que hoy vivimos (Hebreos 2:9).

No necesito relatar la manera en que mi corazón se volcó a adorar.  Estaba listo para ver a Jesús exaltado.  Justo en ese momento, el predicador designado se puso en pie para dar el mensaje, “Vayan conmigo a Mateo capítulo 4.  Quisiera compartir con ustedes cinco pasos para resistir la tentación en sus vidas.”  O algo parecido.  Dentro de mi estaba devastado. “¿Por qué harías esto? ¡Jesús está aquí! ¡Dame a Cristo!”  En mi rostro sólo había una falsa sonrisa.  A la luz de dónde estaba sentado, la capacidad de la iglesia contemporánea de perderse el punto (Jesús) era más obvio que nunca.  Fue un momento muy triste.

Normalmente, esto no debería sorprendernos, pero es que estábamos parados justo en el sitio.  Es típico que la iglesia contemporánea haga esto con escenas como estas.  (De hecho, esto fue como interpreté este pasaje la primera vez que leí el Evangelio de Mateo.)  Básicamente, tomamos la épica redención que está delante nuestro en eventos como la tentación de Jesús y la enterramos bajo nuestra narcisista necesidad de “relevancia”.  Nos atravesamos frente a la gloria de nuestra propia redención.  Es realmente molesto ver lo ubicua que es esta tentación dentro del evangelicalismo.

Hablemos en serio.  ¿Cuál es la aplicación asumida de la tentación de Jesús en el desierto?  Por “asumida” me refiero a l oque se nos ha dicho -luego de años de predicación- acerca de lo que este evento se trata.  ¿Acaso no se nos ofrece esta pasaje como un set de “principios” acerca de cómo podemos resistir la tentación como cristianos?  O, puesto de otra forma, se trata de nosotros.  Pero, honestamente, ¿es eso lo que realmente está sucediendo en ese momento?  ¿Está Jesús realmente ofreciéndonos un ejemplo de cómo podemos personalmente resistir la tentación del diablo?  ¿Es esto un tutorial para la vida diaria?  ¡Por supuesto que no! Un “cómo” acerca de resistir la tentación es con suerte una aplicación secundaria del pasaje…sino es que una terciaria.  Él no nos está pidiendo hacer nada.  Él lo está haciendo por nosotros.  Hay algo mucho más grande sucediendo en este momento.  Más importante aún, ¿realmente necesitamos estar parado en el lugar de los hechos para darnos cuenta lo erróneo que es este enfoque?

Estamos siendo testigos aquí de algo que poco tiene que ver con nosotros más allá del hecho de que involucra la disposición de Jesús de tomar la carga de la humanidad para salvarnos.  Lo que estamos presenciando es a nuestro Señor -el segundo Adán- obedecer en dónde el primer Adán falló en obedecer (Romanos 5:17).  Lo vemos cediendo Su voluntad a la del Padre, tomando el sufrimiento de la Cruz sobre Sí mismo y redimiéndonos de nuestra esclavitud.  Jesús no nos está dando una lección de cómo resistir la tentación.  Él en realidad está resistiendo la tentación en una escala que apenas podemos comenzar a entender.

A pesar de que el hambre de Jesús era sin duda fuerte, la primera tentación no se trata realmente acerca del hambre.  Tampoco se trata de como tu y yo podemos usar la Palabra de Dios para resistir al diable (aunque podemos y debemos hacerlo.)  Se trata de Jesús escogiendo el sufrimiento e indignación de la cruz por encima de su justa dignidad como Hijo de Dios.  “¿Por qué sufriría el Hijo de Dios las consecuencias de la rebelión de la humanidad?  ¿Por qué no simplemente cambiar las piedras en pan y recobrar Su dignidad? ¿Por qué sufrir un dolor tan denigrante en favor de gente tan indigna? ”  Son preguntas válidas.  La única respuesta a esto es la gracia (Tito 3:4-7).

Además de esto, la segunda tentación no se trata tanto de Jesús probando Su lugar como Hijo a Satanás.  Tampoco es acerca de cómo debemos confiar en Dios en medio de la prueba (a pesar de que podemos y debemos).  Se trata acerca de la necesaria obscuridad del Hijo de Dios.  En obediencia al Padre, Jesús tomó forma humana y veló Su gloria para poder llevar la Cruz (Isaías 53:2-3).  Básicamente, “¿por qué sufrir el dolor de la Cruz cuándo puedes revelarte como HIjo de Dios eun una manera (bastante egoísta) de mostrar Tu gloria?”  En esta escena, la humildad de Jesús se queda sin comparación.  El Hijo de Dios rehusó a Su estatus y a sus derechos para poder salvar a personas cuya determinación para exaltarse a sí mismos por encima de Dios los había ya condenado en primer lugar.

La tercera tentación va al hueso.  No hay mucho dónde perderse con esta.  Es un intento descarado a que Jesús evite la agonía de la Cruz y, entonces, desobedezca al Padre (Hebreos 12:2-3).  Él podía declararse “Señor de Señores” sin cargar la ira de Dios a favor de los pecadores si simplemente se sometía a Satanás.  En respuesta a esto, Jesús hace lo que ha fracasado la humanidad en hacer desde el principio -adorar únicamente a Dios.

Es una escena gloriosa.  La intención es que nos maravillemos de la gracia de Dios en Cristo.  En cierto sentido, estamos llamados a sentarnos en una colina teológica y ver con asombro el inspirador paisaje de la gracia de Dios.  Esto es lo que Él hizo por nosotros.  El punto es estar confiados en lo que Cristo ha hecho por nosotros y no en confiarnos en lo que podemos hacer por nosotros mismos.  En este pasaje podemos darnos cuenta en la obvia contradicción entre la aplicación contemporánea (“se trata de nosotros”) y el punto real (Jesús).

La razón de por qué insistimos en enfocarnos en la aplicación contemporánea en lugar de la correcta, que nos llama a gritos desde las páginas de la Biblia es algo muy difícil de explicar.

(Traducción mía del artículo “The Temptation of Jesus is not about Your Battle with Sin” de Byron Yawn, disponible aquí.)

Byron Yawn is the senior pastor of Community Bible Church in Nashville, Tennessee. He is the author of What Every Man Wishes His Father Had Told Him, and Suburbianity: Can We Find Our Way Back to Biblical Christianity? (Harvest House) You can follow him on Twitter @byronyawn