Una Oración sobre la Disruptiva Comodidad de la Soberanía de Dios

8»¡No olviden esto! ¡Ténganlo presente!

Recuérdenlo, ustedes los culpables.

9Recuerden las cosas que hice en el pasado.
¡Pues solo yo soy Dios!
Yo soy Dios, y no hay otro como yo.
10Solo yo puedo predecir el futuro
antes que suceda.
Todos mis planes se cumplirán
porque yo hago todo lo que deseo. (Isaías 46:8-10, NTV)
 
Padre santo y lleno de gracia, hoy no ofrezco oposición alguna por que me llamas “culpable”.  No sólo soy culpable de rebeldía a tus mandamientos, sino también de rebelarme contra tu evangelio.  Mi única esperanza está en saber que tú completarás la buena obra de salvación que iniciaste en mí.  Tú haces todo lo que deseas, y te place justificar y transformar a rebeldes como yo. ¡Aleluya!
 
También encuentro gran esperanza hoy en saber que tus propósitos para todo lo demás permanecerán.  Esta verdad es a la vez disruptiva y reconfortante.  Hay algunas cosas por las que estoy desesperado que actúes Padre – cosas que hacen todo el sentido del mundo para mí, pero no que no sucederán.
 
Hay otras cosas para las que no tengo la fe para confiar en ti – cosas que no puede imaginar que lleguen a suceder.  Sin embargo, como un hermoso jardín floreciendo en el árido desierto, esas son las cosas que llegarán a suceder.
 
Padre, ayúdame a grabar esta verdad en mi mente y en mi corazón.  Tú eres Dios y tú haces lo que te place.  Nadie puede, en última instancia, resistir Tu voluntad y actuamos como necios cuándo tratamos de hacerlo.  Tú no eres una deidad manipulable; no eres predecible; no eres programable.  Tú eres misterioso – bueno, pero misterioso.
 
 
Mientras atravieso esta semana llena de decisiones difíciles, estoy tan agradecido de que eres un Padre soberano que cuida de igual forma de cada uno de sus hijos.  Puedo confiar en ti.  No tengo que entrar en pánico.  No tengo que preocuparme.  No tengo que tomar las cosas en mis propias manos.  No tengo que tener miedo a los resultados, al “¿qué pasaría sí?”, o al “si tan solo…”.  Mi duda debe rendirse a la cordura del evangelio.
 
Padre, ayúdame a desear que tus propósitos prevalezcan más que mi deseo a que mi vida no sea un relajo.  Ayúdame a gloriarme en tu placer más que a desear menos líos.  Ayúdame a aceptar la disrupción como una parte necesaria de la transformación.  No existe comodidad como la comodidad que viene de conocerte y llamarte Abba, Padre.  Oro en el confiable nombre de Jesús, amén.
 
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One comment

  1. Ale cano · julio 31, 2013

    Wow es una respuesta a todo lo que me esta pasando… Gracias Juan!

    Me gusta

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