¿Es siempre necesaria la “información de trasfondo” para entender la Biblia?

(Traducción mía del artículo: “Is “Background Information” Ever Necessary to Understand the Bible” por Andy Naselli, disponible en inglés aquí.)

Mi respuesta es un cauteloso sí: la “información de trasfondo” (que prefiero llamar “contexto histórico” es necesaria a veces para poder entender la Biblia con precisión.

Digo “cauteloso” porque hay peligros tanto en contestar con un categórico sí como con un categórico “no”.

Peligros de Contestar “Sí”

  1. Pueden existir abusos de la información de trasfondo con la intención de torcer el texto y contradecir lo que dice de manera transparente,  (los pensadores Bob Stein, Clint Arnold y Doug Moo comparten algo de este tema aquí.)
  2. Algunos se enfocan tanto en la información de trasfondo que terminan trayendo al frente lo que está en el trasfondo y llevando hacia atrás lo que debería estar al frente. Y a pesar de lo importante que pueda ser la literatura judía extra-canónica para el estudio del Nuevo Testamento (ver aquí y aquí ), estos estudios normalmente siguen la ley de rendimientos decrecientes.

Es importante recordar las tres precauciones que nos da John Piper en The Future of Justification: A Response to N. T. Wright (Wheaton: Crossway, 2007), 34-36:

  1. Podemos entender mal las fuentes.
  2. Podemos asumir estar de acuerdo con una fuente cuándo en realidad no hay acuerdo alguno.
  3. Podemos aplicar mal el significado de la fuente.

Peligros de Contestar “No”

Algunos argumentan que la información de trasfondo nunca es necesaria : la arqueología y otras fuentes de conocimiento histórico pueden confirmar lo que correctamente entendemos de la Biblia y pueden enriquecer nuestro entendimiento, pero no son necesaria.  En consecuencia:

  1. Algunos descartan la información de trasfondo como algo relativamente poco importante y entonces, no vale la pena estudiarla cuidadosamente.
  2. Algunos incluso la ven como una amenaza a la claridad y suficiencia de la Biblia.

Aquellos que se aferran a esta idea pueden fallar en reconocer cuánta información de trasfondo básica están usando de manera habitual para poder entender la Biblia con precisión.

Ilustración: Wayne Grudem responde “No”

Wayne Grudem ilustra a alguien que contesta la pregunta con un “No”, pero él no es culpable de los dos peligros que sugiero anteriormente.  El afirma (“The Perspicuity of Scripture,” Themelios 34 [2009]: 297,),

“La información de contexto histórico puede con certeza enriquecer nuestro entendimiento de pasajes individuales de la Escritura, haciéndola más precisa y vívida.  Sin embargo, no estoy dispuesto a afirmar que la información de trasfondo puede ser utilizada de forma apropiada para anular o cambiar algo que el texto dice claramente.  Además, me rehuso a afirmar que siempre se necesite información histórica adicional para captar el sentido correcto de algún texto.

Por el otro lado, la información acerca del significado del hebreo, arameo y griego en la Biblia debe obtenerse de la vasta cantidad de recursos lingüísticos encontrados en la literatura extra-bíblica, recursos que considero como un buen regalo de Dios para la iglesia con el propósito de ayudarnos a entender la Biblia de mejor manera.

Entonces, ¿cuál es la diferencia? Creo (aunque no estoy 100% seguro) que es posible mantener una distinción entre: (a) recursos lexicográficos en la literatura antigua e inscripciones que pienso son necesarios para entender las palabras de la Escritura y (b) los recursos que proveen información histórica de trasfondo (como la evidencia arqueológica e histórica de textos antiguos) que pienso puede ser útil para mejorar nuestra comprensión pero nunca necesaria para obtener un entendimiento correcto del sentido de un texto.  La diferencia (si la podemos sostener) es la diferencia entre lo que se necesita para la traducción y lo que es útil para una comprensión profunda.  Por ejemplo, una traducción me diría que Esdras viajó de Babilonia a Jerusalén (ver Esdras 7:9), y la información de trasfondo me dirá cómo era el terreno y que era un viaje de aproximadamente 1,448 km. Esto no cambia mi comprensión del pasaje (aun significa que Esdras viajo a Jerusalén), pero a la vez me da un sentido mas vívido del viaje.”

 

No deja de sorprenderme la oración en negritas al inicio y la distinción que hace Grudem en el párrafo final.

Recomiendo muchísimo el artículo de Grudem, y expreso mi simpatía con el primer párrafo que cité aquí.  Sin embargo, quisiera presentar un poco de resistencia a la oración en negritas.  Existen dos razones principales para esta leve resistencia:

1. No estoy seguro a qué se está refiriendo Grudem con “el sentido correcto de un texto”.  Si con eso el quiere decir “el mensaje general de la Escritura”, entonces estoy de acuerdo con él (ver el final de este artículo).  Pero tengo la sospecha de que está queriendo decir algo más que eso.

2. Grudem también controla su lenguaje.  El dice, “me rehuso a afirmar”.  Más adelante dice, “Creo (aunque no estoy 100% seguro) que es posible” hacer esta distinción (“si la podemos sostener”):

  • “Recursos lexicográficos” = “necesarios”
  • “Información de trasfondo histórica” = “útil” (no necesaria)

Aquí esta mi objeción: ¿Cómo podemos de manera lógica otorgarle al lenguaje este grado de independencia de su contexto histórico? No me parece posible porque los autores utilicen algunas palabras para referirse a cosas fuera del texto que los lectores originales hubiesen entendido inmediatamente pero que nosotros es posible que no.  ¿Cómo determinamos el significado de las palabras aparte de su contexto histórico?  Aquí hay tres ejemplos:

  1. ¿Cómo podemos determinar que es un δηνάριον (denario) sin algún contexto histórico?
  2. Es importante entender que es un cordero para poder comprender ciertas partes de la Biblia, en especial en aquellos pasajes en donde “cordero” forma parte de una tipología profunda muy importante.  ¿Pero qué pasaría si alguien hoy (como algún adulto en una tribu remota o un niño pequeño) nunca ha escuchado (o tan siquiera visto) un cordero?  Ellos necesitarían alguna información extra-bíblica para poder tener el “sentido correcto del texto”.
  3. D.A. Carson escribe esto al referirse a Apocalipsis 3:15 (“Approaching the Bible,” in New Bible Commentary: 21st Century Edition [ed. D. A. Carson, R. T. France, J. A. Motyer, and G. J. Wenham; 4th ed.; Downers Grove: IVP, 1994], 15-16): “Se ha escrito bastante basura respecto a las palabras del Cristo exaltado a la iglesia en Laodicea: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente!”  Muchos han argumentado de que esto significa que Dios prefiere gente que es “espiritualmente fría” sobre aquellos que son “espiritualmente tibios”, a pesar de que su primera preferencia son aquellos que son “espiritualmente calientes”.  Se ofrecen muchas explicaciones ingenuas para defender la proposición de que la frialdad espiritual es un estado superior a la tibieza espiritual.

Todo esto lo podemos abandonar cómodamente una vez consideramos la contribución de la arqueología responsable.  Laodicea compartía el Valle de Lico con otras dos ciudades mencionadas en el Nuevo Testamento.  Colosas era la única que disfrutaba de agua fresca y fría de manantial; Hierapolis era conocida por sus fuentes de agua caliente, y se convirtió en un lugar en dónde la gente iría a disfrutar de estos baños medicinales.  En cambio, Laodicea debía soportar agua que no era ni fría y útil, o caliente y útil; era tibia, llena de químicos y con una reputación internacional de ser nauseabunda.  Esto nos lleva a la evaluación que hace Jesús de los cristianos allí: no eran útiles en sentido alguno, eran sencillamente desagradables, tan nauseabundos, que El los vomitaría.  Esta interpretación sería bastante clara para cualquier persona viviendo en el Valle de Lico durante el primer siglo; tomaría un poco de información de trasfondo para trasladar el punto claramente hoy.

Así que la información de contexto histórico es a veces necesaria para entender la Biblia de manera precisa.

¿Significa esto que la Biblia no es lo suficientemente clara?

No.  Toco este tema en mi libro “Scripture: How the Bible is a Book Like No Other” (p. 66):

No todo en la Biblia es igualmente claro…Sin embargo, el mensaje central de la Biblia acerca de la obra salvadora de Dios a través de toda la historia es innegablemente clara y fácilmente comprensible.  Su historia básica –creación, caída, redención y consumación- es tan simple que hasta un pequeño niño puede agarrarla.  La comunicación de Dios en la Biblia como un todo es bastante accesible.

Esto asume dos premisas bastante debatidas.  Primero, que la Biblia quiere decir lo que Dios y sus autores humanos pretendían que significara.  Segundo, que nosotros podemos entender ese significado.  Esto no significa que podemos entenderlo todo al mayor grado posible.  Por ejemplo: ¿podría un niño entender Génesis 1:1,  “En el principio Dios creó los cielos y la tierra”? Por supuesto, esto no es difícil para que un niño lo comprenda.  Pero ese mismo niño irá agarrando una mayor comprensión de ese pasaje a medida que aprende más acerca de la Biblia y del mundo que Dios creó.  Nunca podremos llegar a conocer algo de manera absoluta (exhaustivamente u omniscientemente) como Dios, pero podemos verdaderamente conocer algunas cosas (de manera sustancial).

Si podemos verdaderamente entender la Biblia, entonces ¿por qué es que no todas las personas pueden ponerse totalmente de acuerdo unas con otras acerca de lo que la Biblia enseña?  El problema no está con la Biblia.  El problema está con la condición finita y pecaminosa de las personas.  Si no fuera por los efectos de la caída en nuestras mentes y corazones, podríamos todos interpretar la Biblia de la misma forma.  El punto aquí es afirmar que el mensaje central de la Biblia es claro.

Así que sí, la “información de trasfondo” es a veces necesaria para entender la Biblia.  Esto debería provocarnos a estudiar la Palabra de Dios (y Su mundo) de manera más diligente.  ¡Gracias a Dios por todos los recursos que tenemos hoy disponibles para poder hacerlo!

 

Andy Naselli (PhD in Theology, Bob Jones University; PhD in New Testament exegesis and theology, Trinity Evangelical Divinity School) is assistant professor of New Testament and biblical theology at Bethlehem College and Seminary, research manager for D. A. Carson, and administrator of Themelios. His family belongs to Bethlehem Baptist Church. You canfollow him on Twitter.

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