Cada Persona Importa y Vale

Recientemente leí un tweet de un líder cristiano que me paró los pelos.  El tweet dice lo siguiente: “Sólo las personas talentosas (no sólo las personas) constituyen la verdadera ventaja competitiva de una organización” . El contexto del tweet, intuyo por el “timeline” de la personas, es el Human Capital Forum 2013, una de esas reuniones en dónde un grupo de “gurús” viene a decirle a muchos gerentes y ejecutivos medios que aspiran a la “grandeza” todo lo mal que están haciendo a cambio de algunas frases motivacionales twitteables que poco o nada pueden hacer para rescatar una organización o decadente cultura gerencial…..me estoy yendo por la tangente.

Regresando al tweet en cuestión, es de miedo y verdaderamente preocupante que como cristianos, regurgitemos cualquier basura que nos trae algún extranjero y lo tiremos al ciber espacio como si fuese una verdad absoluta sin tan siquiera reparar en las implicaciones de forma y fondo que una frase como estas dice a la luz del Evangelio -que es nuestra norma final y absoluta de fe y vida-.  Frases como estas reflejan una antropología casi Randiana en la que asignamos valor a una persona únicamente en función de lo que hace y no en función de quién es.  Las personas se vuelven activos con una vida útil y de esa cuenta, son también descartables cuándo cumplen su función o sus talentos ya no son más una fuente de “ventaja competitiva”.  Ayn Rand lo expone en esta entrevista:

Dentro de las doctrinas más importantes del cristianismo bíblico, histórico y ortodoxo, está la doctrina del Imago Dei.  Esta doctrina está anclada en Génesis 1:26-31 y Génesis 2:7-8.  Luego está soportada con el establecimiento del matrimonio y familia humana en Génesis 2:18-25.  La doctrina del Imago Dei nos revela algo importantísimo acerca de la persona humana: su posición única de valor y dignidad como criatura de Dios, hecha a Su imagen y semejanza.

Este valor y dignidad es propio de cada persona por la mera condición de ser persona y no en función de un set de talentos, dones o habilidades que cada persona tenga.  Eso nos mueve por fuera de la dimensión de definirnos por lo que hacemos y empezar a definirnos, apreciarnos y valorarnos por quienes somos.

¿Significa eso que cualquier persona puede hacer cualquier trabajo? ¿Significa eso que no debo discriminar nunca a la hora de contratar personas para mi empresa en función de un perfil profesional que busco para alguna posición determinada? No.  Es cuestión de sentido común y de mayordomía correcta de los recursos escasos con los que contamos el procurar siempre tener a las personas correctas en las posiciones correctas.  Cada persona tiene un conjunto de talentos y habilidades dadas por Dios -en pura gracia y misericordia, sin mérito alguno de nosotros- que nos hace más idóneos para contribuir mejor a una organización que otras personas con otros talentos y habilidades que los hacen mejores que nosotros en función de su contribución laboral.  Ese no es el tema.  El tema radica en el carácter utilitario y discriminatorio de una afirmación que de entrada descarta a las personas “no talentosas” como “no útiles” o “no valiosas” simplemente porque no cumplen con un set de criterios arbitrarios y humanos.  Cuándo un cristiano hace una afirmación como estas, corre peligro de abandonar la ortodoxia en función del pragmatismo de una antropología utilitaria, materialista y consumista a expensas de la única antropología que dignifica, valora y reconocer a cada persona.  ¿Cómo resolveríamos un texto como el siguiente si nos suscribimos a esa antropología utilitarista?

25Ese plan «ridículo» de Dios es más sabio que el más sabio de los planes humanos, y la debilidad de Dios es más fuerte que la mayor fuerza humana.

26Recuerden, amados hermanos, que pocos de ustedes eran sabios a los ojos del mundo o poderosos o ricos cuando Dios los llamó. 27En cambio, Dios eligió lo que el mundo considera ridículo para avergonzar a los que se creen sabios. Y escogió cosas que no tienen poder para avergonzar a los poderosos. 28Dios escogió lo despreciado por el mundo —lo que se considera como nada— y lo usó para convertir en nada lo que el mundo considera importante. 29Como resultado, nadie puede jamás jactarse en presencia de Dios.

30Dios los ha unido a ustedes con Cristo Jesús. Dios hizo que él fuera la sabiduría misma para nuestro beneficio. Cristo nos hizo justos ante Dios; nos hizo puros y santos y nos liberó del pecado. 31Por lo tanto, como dicen las Escrituras: «Si alguien quiere jactarse, que se jacte solamente del Señor». (1 Corintios 1:25-31, NTV)
Como cristianos estamos llamados a tener una visión de la persona humana distinta en función de la obra salvadora de Cristo en nuestras vidas:
15Él murió por todos para que los que reciben la nueva vida de Cristo ya no vivan más para sí mismos. Más bien, vivirán para Cristo, quien murió y resucitó por ellos.

16Así que hemos dejado de evaluar a otros desde el punto de vista humano. En un tiempo, pensábamos de Cristo solo desde un punto de vista humano. ¡Qué tan diferente lo conocemos ahora! 17Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado, ¡una nueva vida ha comenzado!
18Y todo esto es un regalo de Dios, quien nos trajo de vuelta a sí mismo por medio de Cristo. Y Dios nos ha dado la tarea de reconciliar a la gente con él. (2 Corintios 5:15-18, NTV)
Todo esto no se desprende de una visión absolutista e ingenua de la bondad o perfección de la persona humana.  Sabemos desde Génesis 3 que nuestra condición no es una de perfección delante de Dios y de hecho, somos por naturaleza y elección propia, enemigos de Dios.  Por causa de nuestro pecado, nuestras relaciones con otras personas han sido quebrantadas y eso hace difícil el ambiente laboral, profesional, etc.  Así que las afirmaciones que hacemos sobre el valor y dignidad de la persona humana no son simplistas, sino que las hacemos en función de que Dios escogió amar, rescatar y restaurar a toda Su  Creación, con especial enfoque en la persona:
7Ahora bien, casi nadie se ofrecería a morir por una persona honrada, aunque tal vez alguien podría estar dispuesto a dar su vida por una persona extraordinariamente buena; 8pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores. 9Entonces, como se nos declaró justos a los ojos de Dios por la sangre de Cristo, con toda seguridad él nos salvará de la condenación de Dios. 10Pues, como nuestra amistad con Dios quedó restablecida por la muerte de su Hijo cuando todavía éramos sus enemigos, con toda seguridad seremos salvos por la vida de su Hijo. 11Así que ahora podemos alegrarnos por nuestra nueva y maravillosa relación con Dios gracias a que nuestro Señor Jesucristo nos hizo amigos de Dios. (Romanos 5:7-11, NTV)
Más aún, debemos defender una antropología fundamentada en el Imago Dei por la causa de Jesús.  Una Cristología ortodoxa, correcta y bíblica afirma que Jesús es al mismo tiempo y en una misma persona, 100% Dios y 100% hombre.  En Jesús tenemos la encarnación de lo que significa ser verdaderamente humano.  El hecho de que Jesús haya sido en todo como nosotros -pero sin pecado- nos muestra lo mucho que Dios valora y ama a las personas que Él mismo hizo y eso debe movernos nosotros a una valoración similar de cada persona -independientemente de sus talentos, valor agregado, productividad o aporte al fugaz ideal marketero de la “ventaja competitiva”.
Como cristianos estamos llamados a ser consistentes en nuestro pensamiento y someter y sujetar cualquier idea, filosofía o teoría, de cualquier campo del conocimiento y experiencia humana (negocios, política, economía, arte, ciencia, etc.) a la autoridad suprema de la Palabra de Dios.  Cuándo repetimos frases sin analizar sus implicaciones, poco a poco vamos “compartimentalizando” nuestra vida espiritual de la profesional, de la familiar, de la deportiva, etc. y eso nos va alejando cada vez más de Dios y Su voluntad.

One comment

  1. Juan Callejas · julio 6, 2013

    Reblogged this on Asociación de Empresarios Cristianos and commented:

    ¡Importante reflexión para llevar una vida profesional consistente con lo que creemos y quienes somos!

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