¿Puede ser engañosa la paz interior?

Muchos cristianos sienten que la iglesia tiene acaparado el mercado en lo que respecta a la paz interior.  Muchos la ven como una señal de la vida abundante que Jesús vino a traer.  Pero, ¿será que nos perdimos el mensaje de Jesús como el siervo sufriente que nos muestra el camino a la vida?

Si el Evangelio está continuamente confortando al afligido y afligiendo al cómodo, necesitamos entender el dolor y su lugar en nuestras vidas.  A ratos, me pregunto si nuestra hambre por paz ha permitido que dejemos a un lado nuestro propio dolor y el dolor de otros, y de esa forma, perdernos el camino de libertad y redención por el que tanto anhelamos (Romanos 8:22-25).

Recuerdo al activista y autor John Perkins al hablar del dolor, sufrimiento y la voluntad de Dios con un grupo de curiosos estudiantes.  El dijo, “Dios nos llama desde el dolor o hacia el dolor para ministrar a otros en nuestro llamado.”  Para algunos, esto fue malas noticias – y definitivamente lo opuesto hacia donde un título universitario “debe” llevarte – un pasaporte al sueño americano.

Si somos honestos, tendemos a creer que Dios nos dará algún tipo especial de paz antes de que podamos discernir cuál es Su voluntad.  Decimos cosas como, “No sentía paz al respecto,” o, “Estoy esperando la paz de Dios antes de que tome esta decisión”.  Me temo que este enfoque está más relacionado con nuestros deseos engañosos de lo que estamos dispuestos a admitir.  Creemos creer de que Dios es bueno, pero tenemos dificultad en escucharlo cuándo no estamos en paz.  C.S. Lewis lo dijo de esta manera en El Problema del Dolor:

“No podemos saber en realidad si estamos actuando para la causa de Dios si, principalmente, la acción es contraria a nuestras inclinaciones, o (en otras palabras) dolorosa…la acción completa que nace de la rendición total del yo a Dios demandará dolor.”

No es malo anhelar paz, pero es teológicamente incorrecto usarla como una brújula para descubrir la voluntad de Dios.   No podemos seguir a Cristo fielmente a menos que lo estemos siguiendo hacia el dolor, tensión y dolorosa complejidad que hay en el mundo.  Debemos recordar que seguimos a un Rey que entra a un mundo quebrantado, y que escoge voluntariamente la Cruz (Juan 10:17-18).   Para nosotros, esto significa que la tensión es normal y la comodidad podría ser preocupante.  Vivir en los lugares difíciles de la vida expone nuestra fe y carácter, y puede permitirle hacerse más profunda o causar que muera.  A veces el esperar por paz puede alejarnos de donde Dios nos está pidiendo que estemos.

La paradoja de la paz es que anhelas tenerla y puede ser que nunca la encuentres sin atravesar terreno incómodo.  Y en realidad, cuándo paramos de desesperada e idolátricamente de buscar paz y llenura a la vuelta de cada esquina, en cada relación y en todos los aspectos de nuestro trabajo, estaremos libres para enfrentar de manera sana los problemas y dolores en nuestras vidas.  Debemos desarrollar la sabiduría para vivir una vida que se sienta cómoda con la incomodidad, y aceptar el hecho de que a veces no se siente bien ser un cristiano que camina el camino recto y angosto.

Me he dado cuenta de que sin importar qué tan firme o inestable sea el fundamento de nuestra fe, siempre estamos intentando hacer sentido de lo que significa seguir a Jesús, quién nos trae vida abundante en medio de la dureza y dolor de la realidad.  Como cristianos que adoramos a un Dios de esperanza, puede ser difícilmente frustrante entender cómo el dolor y la incomodidad juegan un papel importante en nuestro camino de fe.  Tendemos a pasar rápido la incomodidad y olvidamos discernir lo que Dios pueda estar mostrándonos porque nos enfocamos en encontrar la “paz que sobrepasa todo entendimiento”.

Buscar y anhelar por paz no es malo, pero a veces se nos olvida que luchar con Dios –como Jacob– y los temas difíciles de la vida nos lleva a encontrar grandes bendiciones también (Génesis 32:24-32).

Estudios recientes acerca de la vida espiritual de adolescentes y adultos jóvenes nos muestran que muchos que se identifican a sí mismos como cristianos, podrían ser caracterizados de manera más exacta como “Deístas Moralistas Terapéuticos”.    De manera sencilla, esto quiere decir que la gente cree que Dios quiere que seamos buenos, o al menos mejores que la gente mala como Hitler y que nos iremos al cielo si somos así (Moralistas), el trabajo principal de Dios es hacernos sentir bien con nosotros mismos y mantenernos felices a lo largo de nuestro viaje (Terapéutico), y Dios no está involucrado de manera activa en el mundo (Deístas).

Esta cosmovisión nos aleja de apropiarnos de nuestra depravación, confiar en la gracia y justificación a través de Cristo únicamente, y reconocer el doloroso proceso de la santificación.  En este enfoque de seguir a Jesús, no hay lugar para la ambigüedad, tensión, lucha o cualquier sensación de ansiedad.  Es mucho más fácil creer que la vida abundante viene sin dolor ni lucha.  Esta mentalidad, sin embargo, está directamente opuesta al tipo de vida de negarse a si mismo que Jesús vivió (Lucas 22:42), y la muerte interior y dolor externo del que Pablo escribió (2 de Corintios 4:7-12, Romanos 5:3-5).

Esto es exactamente el por qué una vida que persigue la paz puede ser peligrosa.  C.S. Lewis lo explica en Mero Cristianismo, “La comodidad es algo que no puedes conseguir buscándola.  Si buscas por la verdad, puedes encontrar confort al final:  Si buscas confort no encontrarás ni confort ni la verdad – sólo un jabón suave y deseos ilusos para empezar – y, al final, desesperanza.”  En otras palabras, el dolor puede ser un obstáculo en tu búsqueda por paz en las respuestas que buscamos, pero es paradójicamente, el camino al que hemos sido llamados.

Si huimos de la tensión y el dolor, puede ser que nos perdamos nuestro llamado.  Vivir al centro de las tensiones de la vida en nuestro camino de fe, relaciones y lugares de trabajo, nos ayudará a agarrarnos de y encontrar esperanza, al mismo tiempo que batallamos contra la desesperanza.  Esta tensión es difícil, pero de algo podemos estar seguros:  Dios está obrando tanto en tu paz como en tu dolor.

(Traducción mía del artículo “Can Inner Peace be Misleading?” de Zac Northen publicado gratis aquí en inglés)

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