El Ministerio Pastoral es Guerra

download¿Por qué vemos que tantos pastores se reportan a sí mismos como sobre cargados y sobre estresados?  ¿Por qué es que tantos pastores reportan vivir una fuerte tensión entre su vida familiar y su vida ministerial?  ¿Por qué es que el ministerio pastoral muchas veces parece más una prueba que un gozo?  ¿Por qué hay una falta de armonía entre la vida privada del pastor y su personaje público en el ministerio?  ¿Por qué existen frecuentemente relaciones disfuncionales entre el pastor y sus líderes ministeriales o staff?  ¿Por qué es que la vida ministerial de muchos pastores es tan sorprendentemente corta?

Quizás nos hemos olvidado que el ministerio pastoral es una Guerra y que nunca viviremos exitosamente el pastorado si vivimos con una mentalidad de tiempos de paz.  Permítanme explicar.  La principal batalla del ministerio pastoral no es la batalla de los valores cambiantes en la cultura que nos rodea.  No es la pelea contra gente que se resiste y no parece estimar el evangelio.  No es la pelea por el éxito de los ministerios de la iglesia.  Tampoco es la constante lucha por los recursos y personal para cumplir la misión.  No, la Guerra del pastorado es una guerra profundamente personal.  Es una guerra peleada en el terreno del corazón del pastor.  Es una guerra de valores, alianzas y motivaciones.

La batalla se trata de los deseos sutiles y los sueños fundamentales.  Esta guerra es la amenaza más grande para todos los pastores.  Sin embargo, es una guerra que inocentemente ignoramos o de la que rápidamente nos olvidamos al meternos en la ocupada vida del ministerio de la iglesia local. 

El Reino del Yo y el Reino de Dios

En principio, el ministerio pastoral siempre ha sido formado por la guerra entre el reino del yo y el Reino de Dios.  La razón por la cuál esta guerra es tan peligrosa y engañosa es que al hacer ministerio es posible construir ambos reinos.  Quizás algún respaldo teológico valga la pena aquí.  Pablo nos dice en 2 de Corintios 5:15 que Jesús vino para que los que viven “ya no vivan para si”.  Pablo está argumentando algo muy significativo aquí, algo que todo pastor debe recordar.  Él afirma que el ADN del pecado es el egoísmo.  El pecado me inserta al centro de mi propio universo; ese lugar que está reservado para Dios y únicamente para Dios.  El pecado reduce mi campo de preocupación a mis deseos, necesidades y sentimientos.  El pecado realmente hace que todo se trate de mi.

Ya que la inercia del pecado me aleja del propósito y gloria de Dios hacia mi propósito y gloria, mientras haya pecado en mi, existirá la tentación en el ministerio de cambiar la Gloria de Dios por la propia, tanto de maneras sutiles como no tan sutiles estaré buscando la alternativa de la gloria humana.  Cosas como sentirme apreciado, mi reputación, el éxito, poder, comodidad y control se convierten en demasiado importantes.  Dado que son tan importantes para mi, empiezan a darle forma a la manera en que pienso acerca del ministerio, las cosas que quiero del ministerio y las cosas que hago en el ministerio. Recuerden, el ministerio de un pastor no sólo es formado por su conocimiento, dones, talento y experiencia, sino también por la condición de su corazón.  ¿Podrá ser que mucha de la tensión y abatimiento que los pastores experimentan en el ministerio es el resultado de buscar sacar cosas del ministerio que no debería estar buscando?

La Guerra por el Evangelio

Esto nos lleva a un segundo campo de batalla en la guerra del ministerio pastoral.  Este campo de batalla es la guerra por Evangelio.  No sólo debemos estar en una constante batalla por el Evangelio como paradigma fundamental para cualquier ministerio de la iglesia, sino también batallar porque el Evangelio sea el lugar de descanso de nuestros corazones como pastores.  Pastor, nadie influye más en tu vida como tu, porque nadie te habla tanto como tu lo haces contigo mismo.  Las cosas que te dices a ti mismo acerca de Dios, de ti, tu ministerio, y acerca de otros son profundamente importantes y le dan forma a tu participación y experiencia en el ministerio.  Mi experiencia con cientos de pastores es que muchos funcionan en una constante amnesia del evangelio.  Se les olvida predicarse en privado a ellos mismos aquello que declaran públicamente a otros.

Cuándo se te olvida el ministerio, empiezas a buscar en las situaciones, lugares y relaciones dentro del ministerio aquello que ya te ha sido dado en Cristo.  Empiezas a buscar en el ministerio por tu identidad, seguridad, esperanza, bienestar, sentido y propósito.  Estas son cosas que sólo podrás encontrar verticalmente.  Ya son tuyas en Cristo. Así que debes pelear para darle presencia al Evangelio en tu corazón.  También, cuándo vives la gracia del Evangelio, dejas de temer el fracaso, dejas de evitar que otros te conozcan, y renuncias a esconder tus luchas y tu pecado. El Evangelio declara que no hay nada que pueda ser descubierto acerca de ti y de mi que no haya sido ya cubierto por la Gracia de Jesús.  El Evangelio es lo único que puede librar a un pastor de la culpa, vergüenza y motivación a esconderse (“nunca dejes ver tus debilidades”) y buscar (pedirle al ministerio que haga lo que Jesús ya hizo) que derivan en que el ministerio se convierta en una gran carga para tantos pastores.

Así que, en la guerra del ministerio pastoral, ¿eres un buen soldado?  Recuerda que el Espíritu Santo vive en ti y que el pelea por ti aún cuándo no tienes los dos dedos de frente necesarios para hacerlo.  Recuerda también que en Cristo ya tienes todo lo que necesitas para ser lo que debes ser y para hacer lo que debes hacer en el lugar en dónde Dios te ha ubicado.  Y recuerda que ya que Emanuel es Dios contigo, es imposible estar solo en el minuto-a-minuto de la guerra que es el ministerio pastoral.

(Traducción mía del artículo “Pastoral Ministry is War” por Paul David Tripp disponible gratis en inglés aquí)

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