Je suis Jean Valjean


Mi nombre es Juan Callejas y en algún tiempo fui, como Jean Valjean, el prisionero 24601. Mis fracasos como hombre, esposo, padre, hijo, hermano y amigo me condenaron al látigo del Jalvert de la vergüenza, el miedo y la ansiedad.  Y no sólo me condenaron, me persiguen incesantemente tratando de recordar un pasado que ya fue dejado atrás, cobrándome una deuda que Alguien más ya pagó por completo en mi lugar y tratando de encadenar una vida que ya fue liberada por el gran Libertador.

Hoy peleo con los niños de las barricadas no para ganar una batalla por mi libertad, sino porque la batalla ya fue ganada y el Vencedor hoy reina.  Mi pelea no es por la Libertad, la Igualdad o la Fraternidad.  Peleo por aquellos a quienes Jalvert persigue aún, peleo por mi familia para que experimenten y vivan en la verdadera Libertad.  Peleo, porque Él peleó por mi.  Fui llamado a hablar las mismas palabras que fueron habladas a Valjean por el viejo Obispo: fuiste rescatado para Dios, con un propósito y para Su servicio.  Por esta causa, gustosamente doy mi vida porque en última instancia, mi vida está asegurada en Sus brazos.  Fantine y todos los que me han precedido en ese viaje lo saben y cuándo me una a ellos, finalmente descansaré.  Por lo pronto, a levantar bandera, tomar posición en la barricada y proclamar el Mensaje de Vida y Libertad con el que reviví, levanté cabeza y camino hacia el frente…cojeando y cicatrizado, pero al frente al fin.

1En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.2También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. 3Y no sólo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; 4la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. 5Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado.

6A la verdad, como éramos incapaces de salvarnos, en el tiempo señalado Cristo murió por los malvados. 7Difícilmente habrá quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena. 8Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:1-8 NVI)
1En otro tiempo ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados, 2en los cuales andaban conforme a los poderes de este mundo. Se conducían según el que gobierna las tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la desobediencia. 3En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios. 4Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, 5nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! 6Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales, 7para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús. 8Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, 9no por obras, para que nadie se jacte. 10Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica. (Efesios 2:1-10 NVI)
16Así que de ahora en adelante no consideramos a nadie según criterios meramente humanos. Aunque antes conocimos a Cristo de esta manera, ya no lo conocemos así. 17Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! 18Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación:19esto es, que en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados y encargándonos a nosotros el mensaje de la reconciliación. 20Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: «En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios.» 21Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios. (2 de Corintios 5:16-21 NVI)
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El Próximo Papa debería ser Católico


(Traducción mía del artículo de Timothy George, “The Next Pope Should Be Catholic” disponible gratis en inglés aquí.)

¿Qué significa para un teólogo evangélico decir que el próximo papa debería ser católico? ¿Es acaso un chiste? En realidad, no.

Como persona involucrada en varios diálogos en la iglesia durante los últimos 30 años, he llegado a ver el papel tan crucial que el Obispo de Roma juega en la búsqueda de la unidad cristiana.  Más allá de cualquier cosa dentro del mundo protestante, el Concilio Vaticano Segundo hizo posible la primavera del ecumenismo dentro de los cristianos hoy.

Juan Pablo II invitó a los cristianos a través de la Iglesia dividida a aconsejarle en cómo él podría mejor realizar su trabajo con fidelidad a la oración de Jesús de que sus discípulos “…sean uno….par que el mundo crea que tú me has enviado.” (Juan 17:21 NVI).  Benedicto XVI profundizó este énfasis.  Para ser verdaderamente católico, el próximo papa debe continuar construyendo sobre el trabajo de sus dos predecesores.

La diferencia clave dividiendo a los católicos de otros cristianos -tanto ortodoxos como protestantes- es la autoridad en la Iglesia.  Los católicos creen que el próximo papá será el sucesor 265 de Pedro como el único Vicario de Cristo en la Tierra.  Los evangélicos hacen énfasis en la continuidad de la enseñanza apostólica y la fidelidad a las Sagradas Escrituras.  Esta es una discusión importante, pero de algunas formas, es una discusión para tenerla “dentro de casa”.  En contra del relativismo y secularismo, todos los creyentes comprometidos en todas las tradiciones cristianas comparten una búsqueda común por la verdad fundamentada en la revelación divina.

Antes de llegar a ser papa, Joseph Ratzinger escribió que “nuestros ancestros peleoneros estaban en realidad más cerca entre ellos cuándo en medio de todas sus disputas todavía sabían que ellos podían servir una verdad que debe ser reconocida tan grande y tan pura como originalmente la diseñó Dios para nosotros.”  La unidad de la Iglesia por la que Jesús oró sólo podrá ser avanzada a través de un ecumenismo de convicción, no uno de acomodación.

La verdadera catolicidad no consiste únicamente en la continuidad histórica, cantidad numérica o la variedad cultural. Ignacio de Antioquía, un mártir de la iglesia, fue el primero en usar la palabra: “Dónde Jesucristo esté,” escribió, “allí está la Iglesia Católica.”  Mientras los cristianos se vayan acercando más a Cristo, se acercarán más entre ellos.  Al seleccionar al nuevo papa, la teología y espiritualidad deberían pesar más que la geografía y el estilo.

De toda la población mundial, el 68.5% no confiesa ningún tipo de fe cristiana.  La unidad cristiana no existe como fin en sí mismo, sino está al servicio de la evangelización.  Hoy el testimonio cristiano se enfrenta a muchos obstáculos, incluyendo la negación de Dios y la pérdida de valores básicos de decencia y respeto por la vida.

A través del proceso de globalización, este virus espiritual se ha regado en el mundo.  Afecta a todos los cristianos en todos lados.  Mientras tanto, la libertad religiosa está bajo asedio tanto en Occidente como en el creciente Sur global.  Desde la Revolución Francesa, ningún nuevo papa había enfrentado tantos retos: reforma de la Iglesia hacia adentro y la indiferencia y hostilidad hacia afuera.

El nuevo papa requerirá de sabiduría, coraje y la humildad de Cristo mismo para un tiempo como este.  Dios conceda un papa así.

Timothy George es el decano del Beeson Divinity School de Samford University y editor general del Reformation Commentary on Scripture.