Meditaciones de Adviento #22: El Indescriptible Regalo de Dios

10Porque, si cuando éramos enemigos de Dios fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, mucho más ahora, que estamos reconciliados, seremos salvados por su vida.  11Y no sólo esto, sino que también nos regocijamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación. (Romanos 5:10-11 RVC)

¿Cómo podemos recibir de manera práctica la reconciliación y así poder exultarnos en Dios? Una muy buena respuesta es esta: hacerlo a través de Jesucristo.  Esto significa, al menos en parte, hacer del retrato bíblico de Jesús -Su obra y palabras retratadas en el Nuevo Testamento- el contenido esencial de nuestra exultación sobre Dios.  Exultarnos sin llenar esa exultación de Cristo, no honra a Cristo.

3Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, lo está entre los que se pierden;  4pues como ellos no creen, el dios de este siglo les ha cegado el entendimiento para que no resplandezca en ellos la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.  5Nosotros no nos predicamos a nosotros mismos, sino que proclamamos a Jesucristo como Señor, y nos declaramos siervos de ustedes por amor a Jesús.  6Porque Dios, que mandó que de las tinieblas surgiera la luz, es quien brilló en nuestros corazones para que se revelara el conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo. (2 Corintios 4:3-6 RVC)

En este pasaje, Pablo describe la experiencia de conversión de dos formas.  En el versículo 4, nos dice que se trata de ver “la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.”  En el versículo 6 nos dice que es ver “la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo”.  En ambos casos vemos el punto de que tenemos a Cristo, la imagen de Dios y que tenemos a Dios en el rostro de Cristo.

De manera práctica, exultarnos en Dios significa hacerlo en aquello que vemos y sabemos de Dios en el retrato de Jesús.  Esto se completa cuándo el amor de Dios es derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, tal como lo dice Romanos 5:5: “5Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado.”

Así que el punto de la navidad es este: no solamente que Dios compró nuestra reconciliación a través de la muerte del Señor Jesús (Romanos 5:10), y no sólo nos permitió Dios recibir esa reconciliación a través del Señor Jesús (Romanos 5:11), pero aún ahora, como lo dice el versículo 11. nos podemos exultar en Dios mismo a través de nuestro Señor Jesús.

Jesús compró nuestra reconciliación.  Jesús nos permite recibir esa reconciliación y abrir el regalo.  Y lo más hermoso de todo es que al quitar el empaque, resplandece el rostro mismo de Jesús -el regalo indescriptible- como Dios hecho hombre, para mover toda nuestra exultación en Dios.

Veamos hacia Jesús esta Navidad.  Recibamos la reconciliación que Él compró.  No dejemos el regalo sin abrir, y no lo abramos para usarlo como un medio para todos nuestros demás placeres.

Abramos y disfrutemos el regalo, exultémonos en Él.  Hagamos de Él nuestro mayor placer y tesoro.

 

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