Meditaciones de Adviento #18: Navidad y Libertad

“Así como los hijos eran de carne y hueso, también él era de carne y hueso, para que por medio de la muerte destruyera al que tenía el dominio sobre la muerte, es decir, al Diablo, y de esa manera librara a todos los que por temor a la muerte, toda su vida habían estado sometidos a esclavitud.” (Hebreos 2:14-15 RVC)

Jesús tomó forma humana porque lo que se necesitaba era la muerte de un hombre que fuera más que un hombre.  La Encarnación fue Dios mismo colocándose en capilla ardiente.

Jesús no se arriesgó a morir.  Jesús abrazó la muerte.  Esta es precisamente la razón por la que vino: a servir y no a ser servido, y a dar su vida en rescate por muchos (ver Marcos 10:45).

¡Con razón Satanás trató de disuadir a Jesús de la Cruz! La Cruz fue la destrucción de Satanás.  ¿Cómo fue que Jesús logró esto?

El “poder de la muerte”  es la capacidad de hacer de la muerte algo a lo que le tengamos miedo.  El “poder de la muerte” es el poder que tiene a los hombres cautivos a través del miedo a la muerte.  Es el poder de mantener al hombre en pecado, para que la muerte se convierta en algo terrible.

Sin embargo, Jesús le arrancó a Satanás este poder, lo desarmó.  Él nos dio la coraza de justicia para hacernos inmunes a la condenación del diablo.

A través de Su muerte, Jesús borró todos nuestros pecados –pasados, presentes y futuros.  Una persona sin pecado saca de la jugada a Satanás y aborta la traición que él tramaba.  La Cruz lo ha atravesado y no tardará mucho en dar su último respiro.

La Navidad se trata de nuestra libertad, nuestra libertad del miedo a la muerte.

Jesús tomó nuestra naturaleza en Belén para morir la muerte que merecíamos en Jerusalén y de esa forma, quitarnos el miedo y el temor.  Jesús eliminó la amenaza más grande a nuestro gozo y ahora podemos dejar de estar ansiosos por otros temores menores.    ¿Cómo podríamos decir ahora: “No le temo a la muerte pero sí a perder mi trabajo.”? ¡No!

Si la muerte ya no es más causa para miedos y temores, entonces somos verdaderamente libres.  Ahora somos libres para tomar cualquier riesgo bajo el sol por la causa de Cristo y del amor.  No somos más esclavos de la ansiedad.

Si el Hijo te libertó, eres verdaderamente libre.

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