Meditaciones de Adviento #4: Los pequeños de Dios

Es fácil muchas veces pasar por alto o leer superficialmente el texto en Lucas 2 en dónde leemos la historia de las circunstancias que se dieron para que Jesús naciera en Belén:

1Por esos días, Augusto César promulgó un edicto en el que ordenaba levantar un censo de todo el mundo.

2Este primer censo se llevó a cabo cuando Quirino era gobernador de Siria,
3por lo que todos debían ir a su propio pueblo para inscribirse.
4Como José era descendiente de David y vivía en Nazaret, que era una ciudad de Galilea, tuvo que ir a Belén, la ciudad de David, que estaba en Judea,
5para inscribirse junto con María, que estaba desposada con él y se hallaba encinta.
6Y mientras ellos se encontraban allí, se cumplió el tiempo de que ella diera a luz,
7y allí tuvo a su hijo primogénito; y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en ese albergue. (Lucas 2:1-7 RVC)

¿Alguna vez has podido para a reflexionar sobre lo maravilloso que es que Dios designó desde antes de la creación del mundo que el Mesías naciera en Belén (como lo vemos profetizado en Miqueas 5) y que orquestó todas las cosas para que cuándo el tiempo fuera propicio, su madre y padre terrenal estuvieran viviendo en Nazaret y que para que se cumpliera la profecía, tomó a estas dos insignificantes personas de un pueblo remoto y las movió hacia Belén gracias a que movió el corazón del emperador César Augusto a que decretara un censo en el que todas las personas debían registrarse en su ciudad de origen?

Cuándo caemos en cuenta de esto, nos lleva a la reflexión en dónde muchas veces nosotros mismos nos hemos sentido insignificantes alrededor de tan abrumador mundo, personas que ostentan inmenso poder político, social y económico.  Nos sentimos pequeños al lado de quienes logran grandes hazañas en los deportes, en los negocios, las artes, la política y la religión.  Nos echamos la carga encima de que sentirnos menos ante “los líderes”….en fin, nos sentimos tremendamente pequeños e insignificantes en un mundo grande y abrumador.

Si hemos pasado por estos sentimientos, ¡no dejemos que nos haga sentir tristes o que perdamos el ánimo!  Pongamos atención a las Escrituras.  En ellas vemos implícito cómo todas las inmensas fuerzas políticas, económicas y sociales –sin saberlo- sencillamente están siendo guiadas por Dios, no para sus propios fines, sino por amor y para bendecir a los pequeños de Dios – de la misma manera que movió todo el mundo conocido para que José y María llegaran a Belén justo en el momento que debía nacer Jesús.  Dios ha movido imperios enteros para bendecir a sus hijos.

Por ningún momento pensemos que Dios se ha quedado corto en los momentos en que experimentamos adversidad.  Dios no está buscando nuestra prosperidad, sino nuestra santidad.  Es en busca de ese objetivo que Dios gobierna el mundo y podemos creer con confianza lo que nos dice Proverbios 21:1:

1El corazón del rey es como un arroyo dirigido por el Señor,
quien lo guía por donde él quiere. (Proverbios 21:1, NTV)

El es un gran Dios para personas pequeñas y podemos gozarnos en que, aunque ellos no lo sepan, todos los reyes, presidentes, primeros ministros y demás en el mundo siguen los decretos soberanos de nuestro Padre que está en el cielo para que nosotros, sus hijos, podamos ir siendo conformados al a imagen de Su Hijo, Jesús.

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