Meditaciones de Adviento #24: Tres Regalos de Navidad


7Hijitos, que nadie los engañe, el que hace justicia es justo, así como él es justo. 8El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto se ha manifestado el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo (1 Juan 3:7-8 RVC)

Paremos por un momento para reflexionar sobre este hecho extraordinario.  Si el Hijo de Dios vino a ayudarnos a parar de pecar -a deshacer las obras del diablo- y si también vino a morir para que, cuando pequemos, tengamos propiciación -la remoción de la ira de Dios- entonces, ¿qué significa esto para nuestra vida diaria?

Significa al menos tres cosas que son maravillosas de tener, son tres regalos increíbles de Navidad que hoy podemos abrir y compartir:

1. Un claro propósito para vivir:

Esta verdad implica que tenemos un propósito claro para vivir.  En forma negativa, significa simplemente esto: no peques.  “Hijitos, les escribo estas cosas para que no pequen.” (1 Juan 2:1a RVC). “Para esto se ha manifestado el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo.” (1 Juan 3:8b RVC).

Si queremos ver esto de una forma positiva, entonces vayamos a 1 de Juan 3:23: “Éste es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como Dios nos lo ha mandado.”  Para el Apóstol Juan, estas dos cosas están tan ligadas entre sí, que constituyen un solo mandamiento: creer en Jesús y amar a los demás.  Ese es nuestro propósito y la suma de la vida cristiana: confiar en Jesús y amar a las personas.  Ese es nuestro primer regalo, el propósito de nuestra vida.

2. Esperanza que nuestros fracasos serán perdonados:

Ahora consideremos la segunda implicación de la hermosa verdad de que Cristo vino a destruir nuestra vida pecadora y a perdonar nuestros pecados: progresamos en nuestra victoria sobre nuestro pecado cuando tenemos la esperanza de que nuestros fracasos serán perdonados.  Si no tenemos esperanza de que Dios perdonará nuestros fracasos, cuándo empecemos la batalla contra el pecado, nos rendiremos.

Muchos de nosotros estaremos pensando en cambios para este año que viene porque hemos caído en patrones pecaminosos y queremos salir de allí.  Queremos nuevos patrones para comer mejor, para entretenernos sanamente, para dar generosamente, para relacionarnos con nuestra pareja, para tener devocionales familiares, para dormir mejor y hacer más ejercicio e incluso, nuevos patrones para testificar con valentía.  Sin embargo, tenemos la batalla interna al preguntarnos si realmente vale la pena esto.  Para eso está nuestro segundo regalo de Navidad: Jesús no sólo vino a destruir las obras del diablo -nuestro pecado- sino que también vino a ser nuestro defensor cuándo fallamos en la lucha.

Así que les imploro, permitan que la libertad de fracasar les de esperanza para pelear.  Pero, ¡cuidado! Si hacemos de la gracia de Dios licencia para hacer cualquier cosa y decimos: “Bueno, si puedo fracasar y no importa, entonces ¿por qué pelear?” – si decimos esto de corazón y actuamos sobre ello, entonces muy probablemente no hemos nacido de nuevo y debemos temblar.

Sin embargo, estoy seguro que no es el caso de la mayoría de nosotros.  La mayoría de nosotros quiere batallar en contra de los patrones de pecado en nuestra vida.  Lo que Dios nos dice es esto: que la libertad de fracasar nos de esperanza para pelear.  Les escribo esto para que no pequemos, pero si pecamos, tenemos abogado en Jesús.

3. Jesús nos ayudará:

Finalmente, la tercera implicación de que Jesús haya venido a destruir nuestra vida pecaminosa y a perdonar nuestros pecados es esta: Jesús verdaderamente nos ayudará en la batalla.  Él SI te ayudará.  Él está de nuestro lado.  Él no vino a destruir el pecado porque el pecado es algo divertido.  Él vino a destruir el pecado porque el pecado es mortal.  El pecado es un engaño del diablo que nos destruirá si no lo batallamos.  Él vino a ayudarnos, no a lastimarnos.

Así que este es nuestro tercer regalo: Cristo nos ayudará a derrotar el pecado en nosotros.  1 Juan 4:4 nos dice:  “Hijitos, ustedes son de Dios, y han vencido a esos falsos profetas, porque mayor es el que está en ustedes que el que está en el mundo.” Jesús está vivo, Él es todopoderoso y por fe, vive en nosotros.  Jesús está a nuestro favor, no en nuestra contra.  Él nos ayudará.  Confiemos en Él.

(con este post terminamos la serie de Adviento y Navidad tomada del libro “Good News and Great Joy” de John Piper disponible gratis aquí como ebook en varios formatos)

Anuncios

Meditaciones de Adviento #23: El Hijo de Dios Apareció


7Hijitos, que nadie los engañe, el que hace justicia es justo, así como él es justo. 8El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto se ha manifestado el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo. (1 Juan 3:7-8 RVC)

Cuándo leemos en el versículo 8 que “Para esto se ha manifestado el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo”, ¿a qué se refiere el Apóstol Juan con “obras del diablo”? En el contexto del pasaje vemos la respuesta.

Primero, vemos en el versículo 5 un paralelismo claro: “5Y ustedes saben que él apareció para quitar nuestros pecados, y en él no hay pecado.” (1 Juan 3:5 RVC)  La frase “el apareció para” la vemos tanto en el versículo 5 como de manera similar en el 8.  Esto nos lleva a concluir que las obras del diablo que Jesús vino a destruir son los pecados.  El versículo 8 nos lo termina de aclarar: “El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio.”

Vemos del contexto que el problema es el pecado, no la enfermedad o carros arruinados o las agendas apretadas.  Jesús vino al mundo para ayudarnos a dejar de pecar.

1 Juan 2:1 es una verdad que amplía esto: “1Hijitos míos, les escribo estas cosas para que no pequen. Si alguno ha pecado, tenemos un abogado ante el Padre, a Jesucristo el justo.” (1 Juan 2:1 RVCEn otras palabras, este es el verdadero propósito de la Navidad, de la Encarnación.  Y por si fuera poco, Juan agrega en el versículo 2: “2Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.” (1 Juan 2:2 RVC)

Jesús apareció en el mundo por dos razones: vino para que podamos dejar de pecar y vino a morir para ser propiciación -un sacrificio sustitutivo que elimina la ira de Dios- por nuestros pecados para cuándo pecamos.

¡Feliz Navidad!

Meditaciones de Adviento #22: El Indescriptible Regalo de Dios


10Porque, si cuando éramos enemigos de Dios fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, mucho más ahora, que estamos reconciliados, seremos salvados por su vida.  11Y no sólo esto, sino que también nos regocijamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación. (Romanos 5:10-11 RVC)

¿Cómo podemos recibir de manera práctica la reconciliación y así poder exultarnos en Dios? Una muy buena respuesta es esta: hacerlo a través de Jesucristo.  Esto significa, al menos en parte, hacer del retrato bíblico de Jesús -Su obra y palabras retratadas en el Nuevo Testamento- el contenido esencial de nuestra exultación sobre Dios.  Exultarnos sin llenar esa exultación de Cristo, no honra a Cristo.

3Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, lo está entre los que se pierden;  4pues como ellos no creen, el dios de este siglo les ha cegado el entendimiento para que no resplandezca en ellos la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.  5Nosotros no nos predicamos a nosotros mismos, sino que proclamamos a Jesucristo como Señor, y nos declaramos siervos de ustedes por amor a Jesús.  6Porque Dios, que mandó que de las tinieblas surgiera la luz, es quien brilló en nuestros corazones para que se revelara el conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo. (2 Corintios 4:3-6 RVC)

En este pasaje, Pablo describe la experiencia de conversión de dos formas.  En el versículo 4, nos dice que se trata de ver “la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.”  En el versículo 6 nos dice que es ver “la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo”.  En ambos casos vemos el punto de que tenemos a Cristo, la imagen de Dios y que tenemos a Dios en el rostro de Cristo.

De manera práctica, exultarnos en Dios significa hacerlo en aquello que vemos y sabemos de Dios en el retrato de Jesús.  Esto se completa cuándo el amor de Dios es derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, tal como lo dice Romanos 5:5: “5Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado.”

Así que el punto de la navidad es este: no solamente que Dios compró nuestra reconciliación a través de la muerte del Señor Jesús (Romanos 5:10), y no sólo nos permitió Dios recibir esa reconciliación a través del Señor Jesús (Romanos 5:11), pero aún ahora, como lo dice el versículo 11. nos podemos exultar en Dios mismo a través de nuestro Señor Jesús.

Jesús compró nuestra reconciliación.  Jesús nos permite recibir esa reconciliación y abrir el regalo.  Y lo más hermoso de todo es que al quitar el empaque, resplandece el rostro mismo de Jesús -el regalo indescriptible- como Dios hecho hombre, para mover toda nuestra exultación en Dios.

Veamos hacia Jesús esta Navidad.  Recibamos la reconciliación que Él compró.  No dejemos el regalo sin abrir, y no lo abramos para usarlo como un medio para todos nuestros demás placeres.

Abramos y disfrutemos el regalo, exultémonos en Él.  Hagamos de Él nuestro mayor placer y tesoro.

 

Meditaciones de Adviento #21: Para que Creas


“Jesús hizo muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.  Pero estas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer, tengan vida en su nombre.” (Juan 20:30-31 RVC)

Creo fuertemente que dentro de nosotros que hemos crecido en la iglesia y que podemos recitar las grandes doctrinas de nuestra fe de memoria y que incluso bostezamos al oír el Credo de los Apóstoles, que dentro de nosotros algo debe ser hecho para ayudarnos a sentir nuevamente el asombro, el temor, la maravilla del Hijo de Dios, uno con el Padre desde la eternidad, el reflejo mismo de la gloria de Dios, la imagen misma de Su Persona, a través de Quien todo fue creado y que sostiene al universo con la palabra de Su poder.

Podemos leer todos los cuentos de hadas jamás escritos, todas las novelas de misterio, todas las historias de fantasmas, y jamás encontraremos nada tan impresionante, extraño y cautivamente como la historia de la encarnación del Hijo de Dios.

¿Acaso estamos tan muertos?  ¡Nos hemos vuelto tan indiferentes a Su Gloria e historia!  ¿Cuántas veces no he tenido que arrepentirme y decir, “Dios, perdóname por dejarme cautivar y emocionar más por las historias inventadas por los hombres que por Tu propia Historia.”

Las historias épicas de ciencia ficción de nuestros días, como la Guerra de las Galaxias, pueden hacernos un gran favor:  pueden humillarnos y llevarnos al arrepentimiento, al mostrarnos que realmente somos capaces de maravillarnos y asombrarnos.  El problema es que esa maravilla y asombro no la llevamos al contemplar al Dios eterno en Jesús.

Cuando Jesús dijo, “Para esto he venido al mundo…” (Juan 18:37), El dijo algo tan loco y raro como cualquier afirmación en ciencia ficción que hayamos leído o escuchado.

Oro que el Espíritu Santo irrumpa en nuestras vidas de una manera impresionante para despertarme a la inimaginable realidad de Dios.

Uno de estos días el cielo resplandecerá y a aparecerá en las nubes uno como el hijo del hombre con sus poderosos ángeles envueltos en llamas.  Lo veremos claramente y ya sea de terror o pura emoción, temblaremos y nos preguntaremos cómo, cómo pudimos vivir tanto tiempo con un Cristo tan inocuo y domesticado.

Estas cosas fueron escritas para que creamos que Jesucristo es el Hijo de Dios que vino al mundo…para que lo creamos de verdad.

Meditaciones de Adviento #20: El Nacimiento del Anciano de Días


“Le dijo entonces Pilato:  “¿Así que tú eres rey?” Respondió Jesús: “Tú dices que yo soy rey.  Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad.  Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.” (Juan 18:37 RVC)

Este es un maravilloso texto navideño a pesar de que lo leemos hacia el final de la vida de Jesús en la Tierra, no al inicio.

Lo que hace verdaderamente único Su nacimiento es que Su origen no lo marca Su nacimiento.  Jesús existió mucho antes de nacer en el pesebre.  Lo que hace a Jesús persona, su carácter y personalidad, existían mucho antes de que el hombre, Jesús de Nazaret, naciera.

El termino teológico para describir este misterio no es creación, sino encarnación.  La persona –aquello verdaderamente esencial de Jesús- existió desde mucho antes de que naciera como hombre.  Su nacimiento no fue el arribo de una nueva persona, sino el arribo al mundo de una persona infinitamente vieja.

El profeta Miqueas, 700 años antes del nacimiento de Jesús, lo expreso de esta manera:

“Tú, Belén Efrata, eres pequeña para estar entre las familias de Judá; pero de tí me saldrá el que será Señor en Israel.  Sus orígenes se remontan al principio mismo, a los días de la eternidad.” (Miqueas 5:2 RVC)

El misterio del nacimiento de Jesús no es únicamente de que haya nacido de una virgen.  Ese milagro fue diseñado por Dios para que presenciáramos uno aún mayor: que el niño nacido en Navidad era una persona cuyos orígenes “se remontan al principio mismo, a los días de la eternidad.”

Meditaciones de Adviento #19: Solidaridad Navideña


8El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto se ha manifestado el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo. (1 Juan 3:8 RVC)

La línea de ensamble de Satanás produce millones de pecados cada día.  El los empaca en grandes aviones de carga y los lleva al cielo para mostrárselos a Dios y reír, reír y reír.

Hay algunas personas que trabajan a tiempo completo en esta línea de ensamble.  Otros han renunciado a sus trabajos allí, pero regresan de vez en cuando.

Cada minuto de trabajo en esa línea de ensamble busca hacer de Dios el hazmerreír de Satanás.  El pecado es el negocio de Satanás porque él detesta la luz, belleza, pureza y gloria de Dios.  Nada le trae más placer que ver a las criaturas de Dios desconfiar de Él y desobedecerle.

¡Por esto es que la Navidad trae buenas nuevas al hombre y a Dios!

15Esta palabra es fiel y digna de ser recibida por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. (1 Timoteo 1:15 RVC)  ¡Buenas nuevas para los hombres!

8El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto se ha manifestado el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo. (1 Juan 3:8 RVC)  ¡Buenas nuevas para Dios!

Navidad trae buenas nuevas a Dios porque Jesús vino a liderar la huelga en contra de la línea de ensamble de Satanás.  Él entró directamente en la planta, llamó a los fieles a la Solidaridad, y comenzó una retirada en masa.

Navidad es un llamado a la huelga en la línea de ensamble del pecado.  No se negocia con la administración.  No se regatea.  Simplemente se demuestra una férrea oposición al producto.

La Solidaridad Navideña apunta a mantener en tierra a los aviones de carga.  No usará fuerza ni violencia, sino una total devoción a la Verdad que expondrá las condiciones tan terribles de la industria del diablo.

La Solidaridad Navideña no se rendirá hasta que se logre una completa paralización de esa línea de ensamble.

Cuándo el pecado sea destruido, el nombre de Dios será totalmente exonerado.  Nadie se burlará de Él jamás.

Si quieres darle un regalo a Dios esta navidad, renuncia a la línea de ensamble y no vuelvas jamás.  Toma tu lugar en la huelga de amor.  Únete a la Solidaridad Navideña hasta que el majestuoso nombre de Dios sea exaltado y glorificado en medio de las alabanzas de los justos.

 

Meditaciones de Adviento #18: Navidad y Libertad


“Así como los hijos eran de carne y hueso, también él era de carne y hueso, para que por medio de la muerte destruyera al que tenía el dominio sobre la muerte, es decir, al Diablo, y de esa manera librara a todos los que por temor a la muerte, toda su vida habían estado sometidos a esclavitud.” (Hebreos 2:14-15 RVC)

Jesús tomó forma humana porque lo que se necesitaba era la muerte de un hombre que fuera más que un hombre.  La Encarnación fue Dios mismo colocándose en capilla ardiente.

Jesús no se arriesgó a morir.  Jesús abrazó la muerte.  Esta es precisamente la razón por la que vino: a servir y no a ser servido, y a dar su vida en rescate por muchos (ver Marcos 10:45).

¡Con razón Satanás trató de disuadir a Jesús de la Cruz! La Cruz fue la destrucción de Satanás.  ¿Cómo fue que Jesús logró esto?

El “poder de la muerte”  es la capacidad de hacer de la muerte algo a lo que le tengamos miedo.  El “poder de la muerte” es el poder que tiene a los hombres cautivos a través del miedo a la muerte.  Es el poder de mantener al hombre en pecado, para que la muerte se convierta en algo terrible.

Sin embargo, Jesús le arrancó a Satanás este poder, lo desarmó.  Él nos dio la coraza de justicia para hacernos inmunes a la condenación del diablo.

A través de Su muerte, Jesús borró todos nuestros pecados –pasados, presentes y futuros.  Una persona sin pecado saca de la jugada a Satanás y aborta la traición que él tramaba.  La Cruz lo ha atravesado y no tardará mucho en dar su último respiro.

La Navidad se trata de nuestra libertad, nuestra libertad del miedo a la muerte.

Jesús tomó nuestra naturaleza en Belén para morir la muerte que merecíamos en Jerusalén y de esa forma, quitarnos el miedo y el temor.  Jesús eliminó la amenaza más grande a nuestro gozo y ahora podemos dejar de estar ansiosos por otros temores menores.    ¿Cómo podríamos decir ahora: “No le temo a la muerte pero sí a perder mi trabajo.”? ¡No!

Si la muerte ya no es más causa para miedos y temores, entonces somos verdaderamente libres.  Ahora somos libres para tomar cualquier riesgo bajo el sol por la causa de Cristo y del amor.  No somos más esclavos de la ansiedad.

Si el Hijo te libertó, eres verdaderamente libre.

Meditaciones de Adviento #17: Navidad es el modelo para Misiones


“Tal como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.” (Juan 17:18 RVC)

Navidad es un modelo para las misiones y las misiones son el espejo de Navidad.  Tal como El fue, nosotros también debemos ir.

Consideremos los peligros que enfrento Jesús.  Vino a los suyos y los suyos no le recibieron, conspiraron contra El, no tuvo hogar permanente, levantaron cargos falsos contra El, lo azotaron y se burlaron de El, murió tres años después de iniciar su ministerio.  Estamos sujetos, como verdaderos seguidores suyos, a enfrentar estos mismos peligros.

Sin embargo, hay un peligro aun mayor que todos estos del que Jesús escapo.  Nosotros debemos escapar también.

A mediados del siglo 16, el misionero católico Francisco Javier (1506-1552), le escribió al padre Pérez de Malaca (hoy parte de Indonesia) sobre los peligros de su labor misionera en China.  Le dijo:

El mayor peligro de todos sería perder fe y confianza en la misericordia de Dios…Desconfiar de El sería algo tanto más terrible que cualquier mal físico que todos los enemigos de Dios juntos podrían causarnos, ya que sin el permiso de Dios ni los demonios ni sus ministros humanos pueden dañarnos en lo  mínimo.

El mayor peligro que enfrente un misionero es perder la confianza en la misericordia de Dios.   Si ese peligro se evita, cualquier otro peligro pierde su aguijón.

Dios hace que cualquier daga se convierta en un centro en nuestras manos.  Como lo dijo alguna vez J.W. Alexander: “Cada segundo de duro trabajo en el presente será recompensado con millones de años de gloria.”

Jesús escapo el peligro de la desconfianza y por eso ha sido exaltado a lo sumo por Dios.

Recordemos durante este tiempo de Adviento que la Navidad es un modelo misionero.  Tal como El lo hizo, nosotros también debemos hacerlo.  Recordemos que las misiones representan peligros y el peligro más grande es perder la confianza en la misericordia de Dios.  Si cedemos ante esto, perdemos todos.  Si conquistamos aquí, nada podrá dañarnos jamás.

Meditaciones de Adviento #16: La Salvación más Grande


31»Vienen días en que haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.

—Palabra del Señor. (Jeremías 31:31 RVC)
Dios es justo, santo y está separado de los pecadores como nosotros.  Nuestro mayor problema esta Navidad (y en cualquier otra temporada del año) es este.  ¿Cómo podemos resolver nuestra relación con un Dios justo y santo?
Dios es misericordioso y nos prometió en Jeremías 31 (¡500 años antes de que viniera Jesús!) que el haría algo nuevo un día.  Él reemplazaría las sombras que teníamos por el Mesías. Él entraría en nuestras vidas y escribiría Su voluntad en nuestras corazones para que, libres de cualquier obstáculo externo, podamos amarlo, seguirlo y confiar en Él de manera voluntaria y dispuesta.
Esta es la salvación más grande que nos podríamos imaginar.  Dios nos ofrece la máxima Realidad en el universo para que la disfrutemos y luego entra a morar en nosotros para que podamos disfrutarla con la mayor libertad y gozo posible.  ¿Qué mejor regalo de Navidad que este?
Esta fue la promesa de Dios desde siempre.  Sin embargo, había un gran obstáculo: nuestro pecado.  Estábamos separados de Dios por causa de nuestra injusticia.
¿Cómo puede un Dios santo y justo tratarnos con tanta bondad en darnos a la Realidad más grande del universo (Su Hijo) para que podamos disfrutar del mayor gozo posible?

La respuesta está en que Dios tomó nuestro pecado y lo puso sobre Su Hijo para juzgarlo allí, descartarlo y poder tratarnos con misericordia sin perder Su Justicia y Santidad.  Como leemos en Hebreos 9:27-28:

27Y así como está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después venga el juicio, 28así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; pero aparecerá por segunda vez, ya sin relación con el pecado, para salvar a los que lo esperan.”

Jesús tomó nuestro pecado sobre Su propio cuerpo al morir, tomó nuestro juicio.  Él canceló nuestra culpa y con eso, eliminó nuestros pecados.  Nuestros pecados ya no están más en la mente de Dios como base para ser condenados.  Ya fueron consumidos en la muerte de Cristo.
Ahora ya hemos sido liberados por Dios para disfrutar de este nuevo pacto que Él preparó para nosotros.  Nos ha dado a Cristo, la más grande Realidad del universo, para que la disfrutemos.  Él ha escrito Su Voluntad -que viene de Su Corazón- en nuestros corazones para que podamos amar, confiar y seguir a Jesús de adentro hacia afuera en completa libertad y gozo.

Meditaciones de Adviento #15: Vida y Muerte en Navidad


10El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. (Juan 10:10 RVC)

Estaba a punto de comenzar a escribir esta reflexión cuándo me llegó la noticia que Marion Newstrum había fallecido.  Ella y su esposo Elmer habían sido parte de nuestra iglesia, Bethlehem Baptist Church, por más tiempo del que muchos de sus miembros habían estado vivos.  Marion murió a los 87 años y estuvo casada con Elmer por 64 años.

Cuándo hablé con Elmer y le dije que quería que se fortaleciera en el Señor y que no se rindiera, el me respondió: “Él ha sido un verdadero amigo.”  Oro que todos los cristianos puedan decir esto al final de sus días.

Cada temporada de Adviento recuerdo el aniversario de la muerte de mi madre.  Ella murió a sus 56 años en un accidente de bus en Israel el 16 de diciembre de 1974.  El impacto de ese día sigue siendo demasiado real para mi hoy y me llena de lágrimas los ojos saber que mis hijos nunca la conocieron.  La enterramos ese 26 de diciembre.  ¡Qué Navidad tan preciosa aquella!

Muchos sentirán de manera más profunda sus pérdidas esta Navidad.  No las bloqueen, siéntanlas.  Si de algo sirve el amor, es para que nuestro afecto se intensifique – tanto en la vida, como en la muerte.  Sin embargo, no nos llenemos de amargura.  La amargura es trágicamente auto-destructiva.

Jesús nació en Navidad para que podamos tener vida eterna.  “…yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”  Elmer y Marion habían discutido dónde querían pasar sus últimos años de vida.  Elmer dijo: “Marion y yo acordamos que nuestro último hogar será con el Señor.”

¿Acaso no sentimos ansiedad por casa?  Tendré familia que vendrá a casa durante las fiestas.  Se siente bien.  Creo que la razón por la que se siente bien es que tanto ellos como yo estamos destinados en lo más profundo de nuestro ser para un último regreso a Casa.  Todos los demás viajes a casa son probaditas.  Las probaditas son buenas.

Sin embargo, no dejemos que esas probaditas se conviertan en substitutos.  No permitamos que todas las cosas dulces de esta temporada sustituyan esa última, gran y completamente satisfactoria Dulzura.  Que cada pérdida y cada deleite lleven a nuestros corazones a buscar nuestra Casa en el cielo.

¿De qué se trata Navidad sino de esto: yo he venido para que tengan vida?  Marion Newstrum, Ruth Piper, ustedes y yo….para que tengamos Vida, ahora y para siempre.

Que nuestro ahora sea más rico y más profundo esta Navidad al beber de la fuente del para siempre.  Está tan cerca….

(esta, como todas las meditaciones de adviento anteriores, está tomada del devocional “Good News of Great Joy” de John Piper)