Temple Run: Un juego sobre como no vivir la vida

Casi todos los usuarios de iPhone y/o iPad que conozco han bajado este adictivo juego: Temple Run.  El juego se trata básicamente de correr interminablemente por un templo de alguna civilización antigua, obteniendo monedas y evitando los obstáculos para no morir.  Mientras el juego va avanzando (básicamente al ir recorriendo más metros), el personaje -un tipo estilo Indiana Jones– va corriendo cada vez más rápido, lo que dificulta evitar los obstáculos y obtener más monedas.  Las monedas obtenidas lo ayudan a uno a comprar “upgrades” que facilitan la obtención de más monedas, o la invisibilidad e incluso unos ajustes de velocidad que por una distancia delimitada, el personaje corre rapidísimo sin ser afectado por los obstáculos.

Ese es, en resumen, el juego.  No hay final, no hay destino….se trata de correr, correr, correr….acumular, acumular, acumular y conseguir los upgrades para correr más y acumular más….

¿Cuántos de nosotros vivimos la vida de esa forma?

¿Vivirla cómo?

  1. Corriendo sin parar, sin noción alguna de destino y/o parada final.
  2. Acumulando.
  3. Comprando para acumular más y seguir corriendo porque….ninguno de nosotros en lo más profundo de su ser cree que su vida acabará.

No podemos vivir como si nuestra vida fuese un juego de Temple Run.  Vamos a terminar destruidos.  Debemos tener claridad del destino final.  Y por favor, no me mal entiendan.  No estoy hablando de “tener una visión para tu vida” y tampoco voy a sacar de contexto Habacuc 2:2-3.  Estoy hablando de lo que realmente importa…nuestra vida eterna.  Nuestra vida aquí en la tierra tendrá un final.  Somos un pequeño respiro en la visión grande del mundo y de la historia.  Aún esa historia de millones de años, tendrá un final.  El tema es que ese final, es simplemente una meta volate.  El destino está detrás de esa meta volante.  Detrás de la muerte está Él….Dios.

Él es nuestra meta final -no lo que pueda darnos aquí en la tierra-, Él es nuestro tesoro -no la mansión que Jesús fue a construir por cada uno de nosotros-, Él es nuestra recompensa -no la invitación a la cena de las bodas del Cordero ni las coronas que recibamos.  Para llegar al destino final no necesitamos acumular monedas y correr como desquiciados persiguiendo monedas más que un destino.  El boleto de entrada lo compró Él mismo….Jesús, quien a través de Su vida sin pecado, Su muerte en la Cruz en nuestro lugar y por nuestros pecados, y Su resurrección nos abrió las puertas de par en par para garantizarnos la entrada a quienes optemos por amarlo, servirlo, rendir nuestras vidas a Él y vivir en la libertad que Su sacrificio nos compró.

Dejemos de vivir en Temple Run…..disfrutemos el juego, pero que nuestra vida no se vuelva un juego.

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