Reto de los 90 Días #48 (parte 1): Lucas 16 – 3 Lecciones, 2 Afirmaciones, la Arrogancia de las Riquezas

El día de hoy, en el Reto de los 90 Días, nos toca Lucas 16 y Lucas 17.  Voy a enfocarme en este comentario en el capítulo 16 y luego, en un artículo diferente, hablaremos del capítulo 17.

En este capítulo, quisiera resaltar los siguientes temas:

1. 3 Lecciones para un Siervo (Lucas 16:1-15):

En esta parábola, Jesús nos da tres lecciones importantes tomando como ejemplo a este administrador astuto.  Es importantísimo que al leer esta parábola, resistamos la tentación de hacer “normativa la narrativa”, es decir, asumir que porque Jesús cuenta esta historia, Él está aprobando de la conducta del administrador astuto.  Sin embargo, debemos resaltar las tres lecciones que Jesús nos da:

  • Como cristianos debemos ser inteligentes en nuestra forma de relacionarnos con no creyentes.  Al encerrarnos en “la burbuja”, tendemos a perder nuestra conexión con el mundo exterior y eso nos hace perder efectividad para el reino.
  • ¿Qué tan confiables somos? El administrador astuto perdió la confianza de su señor por malversar fondos.  ¿Qué tan confiables somos con lo que Dios nos ha dado para administrar –trabajo, familia, talentos?
  • ¿A quién estamos sirviendo? No podemos ser gente de doble ánimo como el administrador astuto.  No podemos pretender servir a Dios mientras nuestra mente está preocupada en ganar dinero, ser felices o cualquier otra cosa que no encuentra su satisfacción plena y total en Él.

2. Dos Afirmaciones (Lucas 16:16-18)

Jesús en este pasaje y en continuidad con lo que viene enseñando, nos recuerda dos cosas muy importantes:

  • La Palabra de Dios no cambia, es eterna y es firme en sus resoluciones y mandamientos.
  • Jesús afirma lo anterior haciendo énfasis en el tema del matrimonio y divorcio.  Usa este ejemplo por lo importante que es el matrimonio como sombra del Evangelio desde el momento mismo de la Creación.

3. La Arrogancia de las Riquezas (Lucas 16:19-31)

Esta es una parábola sumamente dura.  Los protagonistas son un mendigo llamado Lázaro y un hombre rico –de quién no se nos da el nombre- que conoce a Lázaro.  Ambos mueren y cada uno para en distintos lados: el mendigo en el “seno de Abraham” y el rico en el infierno.

Antes de seguir, es importantísimo aclarar que esta parábola no es una indicación de que los pobres materiales se van al cielo y los ricos materiales se van al infierno.  Evitemos esa tentación y error por favor.

Lo importante a resaltar aquí es la actitud del hombre rico.  El texto nos dice que él está siendo atormentado en el infierno de manera consciente y que en medio de estos tormentos, pareciera no darse cuenta de la causa raíz de por qué está allí y continuando en la arrogancia que su idolatría por las riquezas le causó, pide a Abraham que le diga a Lázaro que literalmente le siga haciendo los mandados. ¡Imagínense eso! El pecado es tan descarado que aún en medio del sufrimiento por causa misma del pecado, podemos nosotros seguir revolcándonos en lo mismo y tratando a los demás con desprecio sin tan siquiera darnos cuenta.

Abraham, obviamente, es categórico en decir que no y nos revela algo importantísimo de nuestros corazones: por más señales, milagros y prodigios que podamos ver, si nuestro corazón no es transformado y obedece la Palabra de Dios, jamás caminaremos en la dirección correcta.

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