A quien interese…

Desde que Obama hizo su famosa declaración a favor del matrimonio homosexual, han surgido innumerables  comentarios apoyando su postura o rechazándola. Si el Presidente Obama quería causar controversia, discusión o debate, lo logró. Su comentario traspasó las fronteras de Estados Unidos y la discusión del Matrimonio Homosexual en Guatemala está más vigente que nunca. El problema es el siguiente: la falta de argumentos jurídicos, sociológicos, y morales sólidos por parte de los proponentes de las uniones homosexuales  y la ignorancia de quienes se oponen a las mismas.

Discriminar conlleva dos acepciones principales: seleccionar excluyendo o dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc. El caballo de batalla de los proponentes del matrimonio homosexual es la discriminación abierta que se hace a quienes “tienen derecho de vivir como quieran, a una preferencia sexual libre, y a imponer estas preferencias a la sociedad”. Se les está excluyendo y vulnerando el acceso a un reconocimiento legal de su unión, y no cualquier unión, sino al matrimonio. Dentro de los argumentos sentimentalistas que se exponen, está el típico argumento del pensamiento retrogrado, especialmente de quienes profesan la religión cristiana en considerar a los homosexuales como personas inferiores al resto de la sociedad. Y aquí es donde entra la ignorancia de quienes profesamos la religión cristiana al momento de vivir nuestra fe intencionalmente y no como los fariseos contra quienes Jesús tuvo difíciles discusiones al entre líneas  hacerles cuestionar su verdadero corazón y conocimiento del evangelio y la salvación.

Con todo respeto mis hermanos, le doy la razón a todos quienes hablan del odio contra las personas con conductas homosexuales, y la culpa es de los cristianos. Jesús nos manda a amar a nuestro prójimo, a extender gracia como la que nos fue dada a nosotros por nuestro salvador, no a condenar a la persona. Sin embargo también nos manda a no intercambiar la verdad por la mentira, a defender la sana doctrina y eso incluye denunciar el pecado cuando este exista y dar razón de nuestra Fe cuando nos es requerida. El amar es un mandamiento, y el no consentir el pecado también y únicamente por medio de  del Espíritu Santo sabremos distinguir cuando no estamos amando a la persona y cuando estamos consintiendo el pecado.

Sobre la discriminación: El matrimonio es de acuerdo a nuestro Código Civil es una institución social por la que un hombre y una mujer se unen legalmente, con ánimo de permanencia y con el fin de vivir juntos, procrear, alimentar y educar a sus hijos y auxiliarse entre sí. Los elementos esenciales del mismo tienen un propósito que va encaminado para proteger a la familia como génesis primario y fundamental de los valores espirituales y morales de la Sociedad. Sin la enunciación de estos elementos la institución jurídica carecería de trascendencia dentro de la sociedad ya que desprotegería a quienes forman el núcleo de nuestra sociedad.  De la regulación se desprende que tanto hombres como mujeres tienen derecho a unirse en matrimonio, de acuerdo a los principios que derivan del mismo, no hay discriminación alguna. Sin embargo, los elementos del matrimonio deben mantenerse intactos ya que de modificarlos, desnaturalizaría el propósito principal del mismo y la promoción del bien común en nuestra sociedad.  Guatemala ya tiene un grave precedente de la modificación parcial y falta de consideración a los elementos esenciales del matrimonio y es la implementación de la cultura del divorcio, especialmente el divorcio unilateral. Estados Unidos es un claro ejemplo de la descomposición social y carencia de valores por la desintegración familiar y hoy viven las consecuencias de las medidas judiciales y legislativas que se tomaron promoviéndolo. Guatemala vive las consecuencias de la desintegración familiar con el crecimiento de la violencia, pandillas, y abandono de quienes más necesitan y que necesitan más protección: los hijos. Y si de discriminación hablamos, el proponer el matrimonio homosexual atenta contra la Libertad religiosa y de conciencia de quienes consideran el homosexualismo como pecado.

¿Qué pasa con los ministros de culto que deben cumplir con lo establecido por sus postulados de Fe y no quieren oficiar matrimonios homosexuales? ¿Acaso el Estado será quien obligue a las Iglesias a ir en contra de sus creencias? ¿Qué pasa con nosotros los creyentes en el evangelio y nuestra libertad de expresión al decir que el homosexualismo es pecado? ¿Acaso el Estado va obligarnos a callar nuestra Fe? ¿Se volverá esto una cacería de  brujas?

El problema no radica en dejar a cada quien que haga en la sociedad lo que se le dé la gana. Se trata de proteger valores fundamentales como nuestra libertad y el desarrollo de una sociedad digna para nuestros hijos. Nuestras ideas tienen consecuencias, pero las personas son las que cambian culturas y sociedades.

A quienes no profesan el cristianismo les digo: Nuestro deber como cristianos es amar al prójimo, dar nuestra vida y extender gracia y perdón. Mis disculpas si como Iglesia no lo hemos hecho y hemos extendido juicio y condenación en lugar.

A los cristianos les digo: Si nos toca sufrir por el evangelio, considéremelo un privilegio pero NUNCA intercambiemos la verdad por la mentira, el evangelio se vive en cada una de las esferas de nuestra vida, y no sólo un domingo o un día entre semana en el “grupo” y los temas de relevancia cultural IMPORTAN.

Lo dijo San Agustín: El carácter moral de una persona no se conoce por cuanto sabe, sino por lo que ama.

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