Miércoles de Ceniza y Cuaresma

Mañana es “Miércoles de Ceniza” y se da el inicio a la Cuaresma, época que en la tradición cristiana (particularmente la católica y la ortodoxa) marcan una época de reflexión y preparación espiritual para la celebración de la Semana Santa, semana en la que los cristianos recordamos la vida, ministerio, muerte y resurrección de Jesús.

La celebración del esta fecha no es algo que encontremos en la Biblia como una celebración seguida por Jesús o por la primera iglesia.  Encontramos las primeras evidencias de esto cerca del siglo 8 en el Sacramentario Gregoriano.  El acto litúrgico nace de la reflexión que hicieron los cristianos antiguos de los textos tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo en dónde se hace referencia a que los actos de contrición y arrepentimiento iban acompañados con silicio y ceniza (Job 42:6, 2 Samuel 13:19, Ester 4:1 y 3, Mateo 11:21, entre otros).Si bien como cristianos no estamos obligados a participar del acto litúrgico de colocarnos ceniza en la frente, este no deja de ser un acto simbólico muy poderoso.  La vida cristiana, aquella que parte de la realidad de nuestra condición y naturaleza pecadora y encuentra redención únicamente en la gracia, a través de la fe en el sacrificio completo y suficiente de Jesús en la Cruz en nuestro lugar y por nuestros pecados, y que espera con ansias la Resurrección y restauración completa del Reino de Dios en la Tierra, debe ser, a todas luces, una vida marcada por el arrepentimiento y contrición continua.  Una lectura a textos como el Salmo 32, Salmo 38, 2 Corintios 5:11-21, Hebreos 4, Hebreos 12 entre muchísimos otros, nos hacen evidente la necesidad de llevar vidas que continuamente reconocen delante de Dios su incapacidad, su necesidad de Gracia, pero a la vez, reconocen en Dios la única fuente para llenar esos vacíos, corregir esos errores y pagar el precio tan alto por la deuda que hemos acumulado delante de Dios.  Lamentablemente, el “deísmo moralista terapéutico”  que predica la falacia del “cristiano omnicompetente” nos aleja de este arrepentimiento genuino y nos incentiva a tratar de arreglarnos nosotros mismos, sin la ayuda y apoyo de la comunidad de fe para trata de agradar a Dios.  La tristeza que genera nuestro pecado es una de que “yo fracasé” y no una tristeza motivada por la ofensa a un Dios Santo, sino el habernos fallado a nosotros mismos.  Esta tristeza es la que 2 Corintios 7:10 menciona como la “tristeza que produce muerte”.  La contrición y arrepentimiento que nos llama a la reflexión la Cuaresma no es esa contrición vacía ni falsa (como denuncia Isaías 58), sino aquella que el mismo 2 Corintios 7:10 nos dice que lleva a la vida.

Aprovechemos pues esta época para acercarnos más al Señor, para reconocer su infinita Gracia, su Amor que nunca acaba.  Que nuestro arrepentimiento sea profundo, sincero y anclado en la esperanza del Amor de Dios para nuestras vidas.

Lamentaciones 3

La misericordia de Dios es constante

1 Yo soy aquel que ha visto la aflicción
bajo el látigo de su enojo.
2 Me ha llevado por un sendero
no de luz sino de tinieblas.
3 A todas horas vuelve y revuelve
su mano contra mí. 4 Ha hecho envejecer mi carne y mi piel;
me ha despedazado los huesos.
5 Ha levantado en torno mío
un muro de amargura y de trabajo.
6 Me ha dejado en las tinieblas,
como a los que murieron hace tiempo.

7 Por todos lados me asedia y no puedo escapar;
¡muy pesadas son mis cadenas!
8 Grito pidiéndole ayuda,
pero él no atiende mi oración.
9 Ha cercado con piedras mis caminos;
me ha cerrado el paso.

10 Como un oso en acecho,
como león agazapado,
11 me desgarró por completo
y me obligó a cambiar de rumbo.
12 Tensó su arco y me puso
como blanco de sus flechas.

13 Me clavó en las entrañas
las saetas de su aljaba.
14 Todo el tiempo soy para mi pueblo
motivo de burla.
15 ¡Me ha llenado de amargura!
¡Me ha embriagado de ajenjo!

16 Me ha roto los dientes,
me ha cubierto de ceniza;
17 Ya no sé lo que es tener paz
ni lo que es disfrutar del bien,
18 y concluyo: «Fuerzas ya no tengo,
ni esperanza en el Señor.»

19 Tan amargo como la hiel es pensar
en mi aflicción y mi tristeza,
20 y lo traigo a la memoria
porque mi alma está del todo abatida;
21 pero en mi corazón recapacito,
y eso me devuelve la esperanza.

22 Por la misericordia del Señor
no hemos sido consumidos;
¡nunca su misericordia se ha agotado!
23 ¡Grande es su fidelidad,
y cada mañana se renueva!
24 Por eso digo con toda el alma:
«¡El Señor es mi herencia, y en él confío!»

25 Es bueno el Señor con quienes le buscan,
con quienes en él esperan.
26 Es bueno esperar en silencio
que el Señor venga a salvarnos.
27 Es bueno que llevemos el yugo
desde nuestra juventud.

28 Dios nos lo ha impuesto.
Así que callemos y confiemos.
29 Hundamos la cara en el polvo.
Tal vez aún haya esperanza.
30 Demos la otra mejilla a quien nos hiera.
¡Cubrámonos de afrentas!

31 El Señor no nos abandonará para siempre;
32 nos aflige, pero en su gran bondad
también nos compadece.
33 No es la voluntad del Señor
afligirnos ni entristecernos.

34 Hay quienes oprimen a todos
los encarcelados de la tierra,
35 y tuercen los derechos humanos
en presencia del Altísimo,
36 y aun trastornan las causas que defienden.
Pero el Señor no lo aprueba.

37 ¿Quién puede decir que algo sucede
sin que el Señor lo ordene?
38 ¿Acaso lo malo y lo bueno no proviene
de la boca del Altísimo?
39 ¿Cómo podemos quejarnos,
si sufrimos por nuestros pecados?

40 Examinemos nuestra conducta;
busquemos al Señor y volvámonos a él.
41 Elevemos al Dios de los cielos
nuestras manos y nuestros corazones.
42 Hemos sido rebeldes y desleales,
y tú no nos perdonaste.

Si entendemos el Evangelio:

Podremos celebrar el Domingo de Resurrección a nuestro Rey con todo el corazón y con pasión renovada:

2 comments

  1. Juan Callejas · febrero 21, 2012

    Reblogged this on Revista Emergente and commented:
    Una reflexión personal para la época.

    Me gusta

  2. Pingback: Una Propuesta para esta Cuaresma | Discusión Inteligente

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