Es cuestión del corazón…

Los teólogos, aún los más grandes entre ellos, pueden equivocarse gravemente, porque un mal entendimiento del evangelio no es tanto un error de la mente, sino un error del corazón.  La ingratitud está dentro de los pecados más ubicuos y tenaces, que ni la inteligencia ni el amplio conocimiento logra prevenir.

(The Cruelty of Heresy)

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