Recuerda siempre, nunca olvides…

La vida es dura.  Eso no podemos negarlo, esconderlo, minimizarlo o descartarlo.  Vivir en un mundo caído nos obliga a sujetarnos al pecado, sus consecuencias y sus efectos.  Decir que la vida es dura no es, sin embargo, una excusa para la victimización.  Tenemos responsabilidad.  Como seres humanos, hemos pecado contra otros, de la misma manera, o quizás peor, que otros han pecado en contra de nosotros.  También cometemos errores por ignorancia, falta de atención o simplemente porque así es la vida.  Es lo que es. Todas estas circunstancias nos abruman, pesan y fácilmente caemos en reciclar en nuestra memoria todo lo malo que pasó, lo que hicimos, lo que no hicimos, lo que nos hicieron, lo que no nos cumplieron.  Imaginamos “qué hubiera pasado si…” y todo eso nos hunda en un mar de desesperanza del que difícilmente vemos salida, futuro o esperanza. Hoy quiero invitarlos a recordar algo distinto.

Hoy quiero invitarlos a recordar lo que Dios ha hecho, no sólo en sus vidas, no sólo en medio de las circunstancias actuales, sino a lo largo de toda la historia porque es allí, en la evidencia de la Gracia que encontramos nuestra esperanza y que podemos ver cada día que pasa no como una carga más que llevar, sino como una oportunidad más para vivir maravillado de que, en medio de todos los problemas, en medio de las consecuencias de nuestro propio pecado, Su fidelidad nunca falla.

19 Tan amargo como la hiel es pensar 
en mi aflicción y mi tristeza, 
20 y lo traigo a la memoria 
porque mi alma está del todo abatida; 
21 pero en mi corazón recapacito, 
y eso me devuelve la esperanza.

 22 Por la misericordia del Señor 
no hemos sido consumidos; 
¡nunca su misericordia se ha agotado! 
23 ¡Grande es su fidelidad, 
y cada mañana se renueva! 
24 Por eso digo con toda el alma: 
«¡El Señor es mi herencia, y en él confío!»

 25 Es bueno el Señor con quienes le buscan, 
con quienes en él esperan. 
26 Es bueno esperar en silencio 
que el Señor venga a salvarnos. 
27 Es bueno que llevemos el yugo 
desde nuestra juventud.

 28 Dios nos lo ha impuesto. 
Así que callemos y confiemos. 
29 Hundamos la cara en el polvo. 
Tal vez aún haya esperanza. 
30 Demos la otra mejilla a quien nos hiera. 
¡Cubrámonos de afrentas!

 31 El Señor no nos abandonará para siempre; 
32 nos aflige, pero en su gran bondad 
también nos compadece. 
33 No es la voluntad del Señor 
afligirnos ni entristecernos.

(Lamentaciones 3:19-33 RVC)

Recordemos que Su obra en la Cruz fue y es suficiente y completa:

Reconciliación por medio de la muerte de Cristo
15 Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación. 16 En él fue creado todo lo que hay en los cielos y en la tierra, todo lo visible y lo invisible; tronos, poderes, principados, o autoridades, todo fue creado por medio de él y para él. 17 Él existía antes de todas las cosas, y por él se mantiene todo en orden. 18 Él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, para tener la preeminencia en todo, 19 porque al Padre le agradó que en él habitara toda plenitud, 20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. (Colosenses 1:15-20 RVC)

En esa esperanza segura, de que Quién prometió e hizo todo eso es Fiel y Verdadero, enfrentemos cada día recordando de que Él ha hecho, Él hace y Él hará.  Recuerda en que vendrá el día en que esta canción será la nuestra también:

Salmos 126

Oración por la restauración

Cántico gradual.

1 Cuando el Señor nos haga volver a Sión,
nos parecerá estar soñando.
2 Nuestra boca se llenará de risa;
nuestra lengua rebosará de alabanzas.
Entonces las naciones dirán:
«¡El Señor ha hecho grandes cosas por éstos!»
3 Sí, el Señor hará grandes cosas por nosotros,
y eso nos llenará de alegría.

4 Señor, ¡haz que volvamos de nuestra cautividad,
y que corramos libres como los arroyos del desierto!
5 ¡Haz que los que siembran con lágrimas
cosechen entre gritos de alegría!
6 ¡Que los que entre sollozos esparzan la semilla,
vuelvan alegres trayendo sus gavillas!

(Salmo 126 RVC)

Recuerdalo….nunca lo olvides.

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