¡No más indiferencia! ¿Qué vamos a hacer?

Una nueva campaña publicitaria nos invita a reflexionar sobre nuestra postura de indiferencia ante la violencia que aqueja al país.  Bajo el lema de “Contra la violencia, yo no uso armas”, se busca un despertar en el guatemalteco a transformar la manera en la que reaccionamos a nuestra situación.

No me confieso fanático de la “campañitis”.  Está claro que ninguna campaña transformará nuestro corazón.  El cambio de actitudes no necesariamente traerá los efectos a largo plazo que necesitamos.  No se trata de infundir sentimientos de culpa o de asustar a la gente.  Sin embargo, creo que campañas como esta al menos deben llamar la atención de la Iglesia a reconsiderar la manera tan absurda en la que perdemos el tiempo predicando un cristianismo sin Cristo enfocados en engrandecer a hombres, buscar privilegios, construir monumentos al ego y querer ganar poder a través de adormecer la consciencia de aquellos que, en busca de verdadera y genuina esperanza, caen ante las promesas del oro y el moro.Jesús sufrió violentamente, tomando nuestro lugar en la Cruz, pagando el precio de nuestro pecado e imputándonos su justicia.  Aunque pareciera contradictorio, nosotros aún no hemos llegado a sufrir al nivel que Él lo hizo, y su victoria sobre ese sufrimiento, debe llenarnos de esperanza.

1 Por lo tanto, también nosotros, que tenemos tan grande nube de testigos a nuestro alrededor, liberémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.2 Fijemos la mirada en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo que le esperaba sufrió la cruz y menospreció el oprobio, y se sentó a la derecha del trono de Dios.

3 Por lo tanto, consideren a aquel que sufrió tanta contradicción de parte de los pecadores, para que no se cansen ni se desanimen.4 En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre;5 y ya han olvidado la exhortación que como a hijos se les dirige:«Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor,
ni te desanimes cuando te reprenda;

6 porque el Señor disciplina al que ama,
y azota a todo el que recibe como hijo.»t (Hebreos 12:1-6 RVC)

A la vez, la Palabra nos llama a activamente buscar la reconciliación con otros y la reconciliación de otros con Dios en virtud única y exclusivamente de que Jesús nos ha reconciliado consigo mismo a través de Su obra en la Cruz.

17 Él existía antes de todas las cosas, y por él se mantiene todo en orden.18 Él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia.t Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, para tener la preeminencia en todo,19 porque al Padre le agradó que en él habitara toda plenitud,20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.t (Colosenses 1:17-20 RVC)

16 Así que, de aquí en adelante, nosotros ya no conocemos a nadie desde el punto de vista humano; y aun si a Cristo lo conocimos desde el punto de vista humano, ya no lo conocemos así.17 De modo que si alguno está en Cristo, ya es una nueva creación; atrás ha quedado lo viejo: ¡ahora ya todo es nuevo!18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo a través de Cristo y nos dio el ministerio de la reconciliación.19 Esto quiere decir que, en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, sin tomarles en cuenta sus pecados, y que a nosotros nos encargó el mensaje de la reconciliación.20 Así que somos embajadores en nombre de Cristo, y como si Dios les rogara a ustedes por medio de nosotros, en nombre de Cristo les rogamos: «Reconcíliense con Dios».21 Al que no cometió ningún pecado, por nosotros Dios lo hizo pecado, para que en él nosotros fuéramos hechos justicia de Dios. (2 Corintios 5:16-21 RVC)

Además de esto, hemos sido dotados, por la gracia de Dios, de las armas verdaderas para pelear la buena batalla de la fe, para la gloria de Dios y por amor a los demás.

3 Es verdad que aún somos seres humanos, pero no luchamos como los seres humanos.4 Las armas con las que luchamos no son las de este mundo, sino las poderosas armas de Dios, capaces de destruir fortalezas5 y de desbaratar argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y de llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.6 Estamos listos para castigar toda desobediencia, una vez que la obediencia de ustedes llegue a la perfección. (2 Corintios 10:3-6 RVC)

10 Por lo demás, hermanos míos, manténganse firmes en el Señor y en el poder de su fuerza.11 Revístanse de toda la armadura de Dios, para que puedan hacer frente a las asechanzas del diablo.12 La batalla que libramos no es contra gente de carne y hueso, sino contra principados y potestades, contra los que gobiernan las tinieblas de este mundo, ¡contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes!13 Por lo tanto, echen mano de toda la armadura de Dios para que, cuando llegue el día malo, puedan resistir hasta el fin y permanecer firmes.14 Por tanto, manténganse firmes y fajados con el cinturón de la verdad,t revestidos con la coraza de justicia,t15 y con los pies calzados con la disposición de predicar el evangelio de la paz.t16 Además de todo esto, protéjanse con el escudo de la fe, para que puedan apagar todas las flechas incendiarias del maligno.17 Cúbranse con el casco de la salvación,t y esgriman la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.18 Oren en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y manténganse atentos, siempre orando por todos los santos.19 Oren también por mí, para que cuando hable me sea dado el don de la palabra y dé a conocer sin temor el misterio del evangelio,20 del cual soy embajador en cadenas. Oren para que lo proclame sin ningún temor, que es como debo hacerlo. (Efesios 6:10-20 RVC)

Teniendo todo esto en mente, ¿qué vamos a hacer? ¿Cuál será nuestro papel como Iglesia? ¡Apoyemos estas iniciativas sin necesidad de hacer campaña, sino haciendo vida la gracia con que cada uno de nosotros recibió la vida misma!

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