Mayordomía (4): Nuestro Prójimo

Ayudar al prójimo, al pobre, al necesitado y al menesteroso son ideas sumamente complicadas para nuestra cultura de desconfianza.  Pensar en asumir la responsabilidad personal de levantar al necesitado es una carga que nuestra cultura evangélica orientada al éxito personal y la búsqueda de liderazgo no siempre está dispuesta a llevar.  Sin embargo, nuestra discusión acerca de la mayordomía cristiana nos debe llevar a este punto y a retar nuestros paradigmas de lo que significa verdaderamente amar al prójimo y servirle.El desafío es fuerte.  Pasajes como Lucas 15:1-7 y 11-32, Mateo 9:12-13 y el Salmo 107:10-21 nos mueven hacia asumir el reto de lo que significa amar al prójimo de verdad y los riesgos que esto implica.  Servir al necesitado de una manera real y genuina demandará más que un cheque a una organización de beneficencia.  Demandará que imitemos a nuestro Señor y estemos dispuestos a sufrir humillación, peligro y dolor a favor de otros.

Rudy Carrasco, Director del Harambee Christian Family Center nos alienta para que tomemos este paso recordándonos que Jesús ya lo hizo por nosotros: “Lo más difícil de amar y alcanzar a los pobres es que para poder ser efectivos, necesitamos involucrarnos de manera muy personal por largos períodos de tiempo…Seremos retados.  Vamos a experimentar mucho dolor.  Por eso estoy agradecido de que Jesús lidió con tanto sufrimiento durante su tiempo aquí en la tierra porque nosotros vamos a sufrir cuándo tratemos de amar a alguien de manera efectiva.”

En Jesús encontramos entonces la esperanza, gracia y fuerza para ir hacia delante en esta tarea.  Y la tarea no termina con el esfuerzo personal de ayudar.  Como buenos mayordomos de todos los recursos que Dios nos ha dado, debemos buscar esfuerzos corporativos e institucionales que nos permitan generar oportunidades para que a través de la generación de relaciones personales basadas en el amor y la confianza, y la dignidad que nos da el trabajo arduo, podamos levantar a los pobres y necesitados de su situación.

Es en esta combinación de esfuerzo individual cercano y sacrificado por ayudar a otros, y en esfuerzos corporativos que vemos mejor manifestados en comunidades organizadas, iglesias que sirven y empresas que generan empleo y riqueza, que podemos cumplir con el principio de subsidiariedad – principio que nos enseña que las soluciones más efectivas para aliviar la necesidad de las personas, son aquellas que surgen más cerca de las mismas.

Confiar en soluciones masivas y distantes puede ser peligroso.  Cuándo los gobiernos, por ejemplo, con las mejores intenciones entran a querer aliviar las necesidades de las personas a través de regalar dinero, comida, etc., estas mismas personas son robadas de la dignidad que el trabajo duro produce (dignidad que se deriva del Imago Dei), en muchos casos usurpan el rol del hombre como padre, esposo y proveedor de la casa y esto deriva en patologías sociales como el divorcio, aborto, desintegración familiar y pobreza.

Como buenos mayordomos de nuestro prójimo y nuestra sociedad, debemos velar por el fortalecimiento de nuestro Estado de Derecho para proteger instituciones como la Familia que forman el carácter de hombres y mujeres virtuosos, libres y responsables que a su vez construyen las iglesias que transforman el corazón de los demás a través del poder del Evangelio bajo la guía del Espíritu Santo y que se lanzan también al emprendimiento de empresas que generan oportunidades para todos y brindan acceso a productos y servicios que a través de subir el nivel de vida de los demás, nos ayudan a honrar y glorificar a Dios a través del disfrute sano de la Creación que Él nos ha confiado.

Es nuestra responsabilidad, llamado y privilegio de poder imitar el amor que Dios tuvo con nosotros al enviar a Su Hijo a morir en la Cruz en nuestro lugar, por nuestro pecados, al volcarnos hacia el servicio y provisión de oportunidades sostenibles para quienes menos tienen en amor, relacionándonos uno a uno y defendiendo las instituciones que dignifican el valor inmenso e infinito de la persona humana creada a imagen y semejanza de Dios.

3 comments

  1. Noragabri · noviembre 23, 2011

    Estoy de acuerdo en que la forma en que se ve a Dios en nuestra cultura no siempre es la mejor. Muchos lo buscamos para pedirle que haga cosas por nosotros, y eso está bien pero, en un nivel más alto de madurez espiritual, debería trascender hacia movernos a preguntarle a él qué podemos hacer por otros, reconociendo que él ya nos dio todo, cuando envió a su Hijo Jesús.

    Si verdaderamente creemos las promesas de su Palabra y encontramos que la iglesia de la que habla la Biblia vivía en verdadera comunión, alegrándose con los que se alegran y llorando con los que lloran, llevando las cargas los unos de los otros y soportándose en amor, dándonse ánimo con salmos y cantos, y sabiendo que Dios es un Dios soberano, y que su Espíritu transforma vidas, bien podemos asumir el reto de proponer cambios para levantar a nuestra familia, comunidad, sociedad y nación, el inmenso reto de la Gran Comisión. Por supuesto que es algo que será incómodo, arriesgado y a largo plazo, pero la pregunta que personalmente me planteo es: “¿Realmente deseo vivir una vida cómoda y pasiva, donde todo marche bien y Dios cumpla con todo lo que yo deseo? ¿O anhelo vivir una aventura para que otros lo conozcan y las circunstancias que me rodean manifiesten que mi socorro viene del Señor Todopoderoso y que para él no hay imposibles?”

    Posiblemente el asunto sea qué tan dispuestos estamos a ser incomodados en beneficio de nuestro prójimo y qué tanto anhelamos que Dios se manifieste en las vidas de los que no conocen el Evangelio.

    Pienso que si estamos dispuestos a asumir el reto, el Espíritu Santo mostrará qué rol jugará cada uno de los que estamos dispuestos a vivir y pedir por que el Reino de Dios venga a nuestro entorno. Opino que es cuestión de hacernos las preguntas correctas y de presentarlas a Dios, de ser proactivos e ingeniosos para proponer y llevar a cabo en comunidad las soluciones que necesitamos.

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    • Juan Callejas · noviembre 23, 2011

      Gracias Gaby por el comentario. Algo importante es que cuándo pensemos en estos temas, no nos dejemos abrumar con la idea de tratar de rescatar al mundo o a la nación. Debemos empezar uno a uno, con el prójimo. Paso a paso vamos a ir creciendo y aprendiendo, movidos por Su Espíritu, a hacer lo que nos toca con gozo.

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  2. Pingback: Mayordomía (1 de 6): Introducción | Discusión Inteligente

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