Gobernando con Temor

Este año estuvo muy cerca el que mi fecha de cumpleaños pasara a la historia de Guatemala. Era 12 de mayo y se escucharon rumores de golpe de estado y miles de personas pedían en diferentes manifestaciones la renuncia de nuestro presidente constitucional. Hacía unos días atrás un abogado de buena reputación y trayectoria laboral y social había sido cobardemente asesinado. Inmediatamente después de su servicio fúnebre fue publicado en todos los medios de comunicación un video que el mismo abogado dejara grabado previo a su asesinato. En el video responsabilizaba de su muerte al presidente de la republica y a sus más íntimos allegados. Además de la acusación de homicidio, el ahora mártir y declarado héroe nacional por muchos por su valentía en accionar en contra de la corrupción arriesgando y sacrificando hasta su propia vida, culpaba al presidente y a sus colaboradores de robo, lavado de dinero, y narcotráfico, entre otros delitos. También instaba al pueblo guatemalteco a levantarse en contra del mandatario y su gobierno para así recuperar al país del estado de secuestro en el que se encuentra a merced de tiranos y ponerlo una vez más en las manos de guatemaltecos honrados, íntegros y trabajadores.

Obviamente cansado del clima de inseguridad y violencia exagerada, crecientes denuncias de corrupción e impunidad y un desacelere económico provocado entre otros factores por la poca capacidad de gobernabilidad del actual régimen político, el pueblo se encuentra ahora tratando de tomar acción y jura no permitir que la muerte de este ciudadano con buenas intenciones para la patria haya sido en vano. No se mucho de política y aspectos legales, pero si hipotéticamente llegara a pasar algo fuera de lo común y el pueblo pudiera ganar esta batalla en contra del acusado gobernante, me pregunto ¿que tan mejor podremos estar? Supongamos que esta situación abriera las puertas a un cambio de líderes en el gobierno de nuestro país, ¿podremos encontrar como nación sedienta de paz y justicia a los indicados y adecuados para generar el cambio y progreso anhelado? ¿Llegaremos a ver en un futuro cercano a dirigentes honrados, virtuosos, responsables, éticos, y moralmente íntegros al frente de nuestro país y con la responsabilidad de nuestro destino como nación en sus manos? Mas importante aun, ¿serán esas las cualidades que deberíamos estar buscando en nuestros líderes y serán estas suficientes?

Tengo miedo de que esas características, por muy buenas que suenen, no puedan hacer la diferencia ante la situación en la que vivimos. Aun si encontramos a alguien que llene el perfil descrito anteriormente y sea alguien a quien a través de nuestra limitada manera de pensar y evaluar consideremos como una buena persona, creo que poco sería el cambio que experimentaríamos y muy pronto estaríamos criticando y juzgando muchas de las mismas cosas que hoy nos inquietan. Se preguntarán ¿por qué el negativismo, inconformidad o que es lo que propongo como solución? No es negativismo y tampoco inconformidad. Es simplemente que creo firmemente que la única solución que nos permitirá vivir una mejoría es el buscar en nuestro liderazgo una cualidad de la cual hoy en día ya ni se habla; una característica que nadie toma en cuenta y la cual ha perdido su valor no solo en lo secular si no, lamentablemente y peor aún, también en el mundo cristiano. La verdad, estamos tan alejados y desinteresados de este concepto que talvez no sabríamos ni como buscar ni como encontrar este rasgo en el carácter o vida de una persona. Me preocupa mucho, porque como cristianos que confesamos tener la Biblia como nuestro manual de vida, deberíamos entender que bíblicamente no puede existir liderazgo efectivo y trascendente sin esta cualidad. Es algo tan primordial que no puede ser sustituido por honradez, integridad o buena ética de trabajo. No estoy hablando de humildad, excelencia, don de liderazgo, habilidad de comunicación, etc., que son conceptos que rápido se nos vienen a la mente o de los cuales si hemos escuchado a nuestros lideres religiosos predicarnos. Estoy hablando de un concepto mucho más importante… EL TEMOR DE DIOS.

Cuantas veces hemos oído mencionada o hemos mencionado nosotros esta característica cuando hablamos de los requisitos que buscamos o anhelamos en un líder para nuestro país, organización, iglesia, empresa, ministerio, proyecto o incluso familia? EL TEMOR DE DIOS. Simplemente o no hemos entendido el valor de este concepto o nos hemos olvidado de el. Olvidamos que bíblicamente el Señor nos habla mucho acerca de la relación entre tener el temor de Dios con el destino de una persona o una nación. En su palabra podemos encontrar como el temor de Dios era una constante cualidad entre las grandes figuras que hoy usamos como ejemplo de liderazgo; y ni por eso ha resaltado y causado un impacto en nosotros. Hemos pasado por alto la enseñanza que nos deja la historia de un pueblo que obtenía bendiciones cuando tenia y guardaba el temor de Dios y las consecuencias que vivía cuando se olvidaban de el. Hemos aprendido a depender de otros conceptos que la globalización y modernización nos ha forzado a adoptar, y a suplantar éstos a favor de lo que debería ser nuestro cimiento en materia de liderazgo y crecimiento individual y colectivo.

Pero, ¿a que me refiero con el TEMOR DE DIOS, o como podrá esto ayudarnos a alcanzar el destino que anhelamos para nuestra nación? Muchos dirán que este es un concepto no valido o aplicable para nosotros si sabemos que a Dios no se le debe temer por ser un Dios bueno y de amor. Tenerle miedo a la culpa o al castigo de Dios es lo que no es para nosotros, pero no es el significado de tener temor de Dios. Tener temor de Dios significa sencillamente demostrar respeto y reverencia a El. El temor de Dios es un tipo de temor que es sano y que actúa a nuestro beneficio. “Y respondió Moisés al pueblo: No temáis, porque Dios ha venido para poneros a prueba, y para que su temor permanezca en vosotros, para que no pequéis” (Exodo 20:20). Es el temor de Dios lo que nos ayuda a apartarnos del pecado. Tener temor de Dios produce en nosotros un odio santo a las cosas que no son buenas y nos permite enfocarnos en las puras. “El temor del Señor es aborrecer el mal. El orgullo, la arrogancia, el mal camino y la boca perversa, yo aborrezco” (Proverbios 8:13).

¿Se pueden imaginar un líder que literalmente y sinceramente aborrezca el mal y la injusticia, y que cuando experimente la presión del poder, riquezas e influencia no sea movido de ese principio? Porque al final eso es lo que siempre sucede: vemos entrar a personas “buenas” que cuando están en la cima, sus raíces mal fundamentadas son expuestas y rápidamente caen como árbol talado. Pero, ¿como creen que sería un líder cuyas acciones, ideales y metas provengan primeramente de su respeto y temor a Dios antes que de la dependencia de una constitución gubernamental, derechos humanos, códigos de ética, o cualquier ideología política, filosófica, militar o social? Imaginen a una persona al frente de una nación que tenga claro conceptos como el que podemos encontrar en 2 Crónicas 19: 7-10 “Ahora pues, que el temor del Señor esté sobre vosotros; tened cuidado en lo que hacéis, porque con el Señor nuestro Dios no hay injusticia ni acepción de personas ni soborno. Y les dio órdenes, diciendo: Así haréis en el temor del Señor, con fidelidad y de todo corazón. Cuando llegue a vosotros cualquier querella de vuestros hermanos que habitan en sus ciudades, entre sangre y sangre, entre ley y mandamiento, estatutos y ordenanzas, vosotros los amonestaréis para que no sean culpables delante del Señor y la ira no venga sobre vosotros ni sobre vuestros hermanos.” Piensen como sería el destino de nuestro país si tuviéramos al frente personas con la capacidad de aplicar, dentro de nuestro contexto actual de política y justicia, un principio tan sencillo como el que encontramos en Deuteronomio 1:17 “No mostraréis parcialidad en el juicio; lo mismo oiréis al pequeño que al grande. No tendréis temor del hombre, porque el juicio es de Dios.”

Dos personas muy importantes en la historia del pueblo de Israel tenían muy claro el concepto que quiero transmitir. El rey David y Nehemías ejemplifican la aplicación correcta y necesaria del temor de Dios dentro del ambito de la política y liderazgo de una nación. Nehemías nos revela la diferencia que pudiéramos ver entre la motivación que un mandatario pudiera tener hacia la gente que tiene bajo su responsabilidad si tan solo considerara lo que Dios tiene en su corazón para los pueblos y naciones: “Pero los gobernadores anteriores que me precedieron cargaban al pueblo y tomaban de ellos cuarenta siclos de plata además del pan y del vino; también sus sirvientes oprimían al pueblo! Pero yo no hice así, a causa del temor de Dios (Nehemías 5:15)”. Es el único motivo o razón que permite gobernar de una manera justa de acuerdo a la perspectiva y manera de evaluar de Dios. Es interesante que Nehemías no dice que el tuvo un accionar diferente a otros gobernantes debido a su honradez, a su bondad, a sus principios, a su ideología, a su educación o por la manera en la que fue entrenado como líder. Su accionar era talvez muchas veces inconsciente y natural, pero estoy seguro que en la mayoría de circunstancias era totalmente racionalizado, escogido y aplicado como resultado de un paradigma en el cual el temor de Dios es lo que produce sabiduría, buen entendimiento y por consecuencia le permite a un hombre tomar decisiones correctas.

Igualmente podemos encontrar en 2 Samuel 23:1-4 la manera en la que la Biblia correlaciona el gobernar de una manera justa con gobernar teniendo el temor de Dios. “Éstas son las últimas palabras de David. Declara David, el hijo de Isaí, y declara el hombre que fue exaltado, el ungido del Dios de Jacob, el dulce salmista de Israel: El Espíritu del SEÑOR habló por mí, y su palabra estuvo en mi lengua. Dijo el Dios de Israel, “El que con justicia gobierna sobre los hombres, que en el temor de Dios gobierna, es como la luz de la mañana cuando se levanta el sol en una mañana sin nubes, cuando brota de la tierra la hierba por el resplandor del sol tras la lluvia.” Interesante que Dios en esta oportunidad le daba a David un incentivo personal de cómo podría ser visto y recordado si gobernaba de la manera indicada. David tenía claro que el fundamentar su gobierno en el temor de Dios no solo le permitiría a la nación de Israel gozar de muchos beneficios y bendiciones, si no que también su propio destino dependería de esto. David estaba tan seguro de que vivía en esta realidad que con toda franqueza y firmeza podía juzgar la condición del corazón de un hombre a nivel personal (“La transgresión habla al impío dentro de su corazón; no hay temor de Dios delante de sus ojos. Porque en sus propios ojos la transgresión le engaña en cuanto a descubrir su iniquidad y aborrecerla. Salmo 36:1-2”), como también podía pedir juicio delante de Dios acerca de la manera en la que su propia nación fuera evaluada (“Levántate, oh SEÑOR; no prevalezca el hombre; sean juzgadas las naciones delante de ti. Pon temor en ellas, oh SEÑOR; aprendan las naciones que no son sino hombres. Salmo 9:19-20”).

¿Que pasaría entonces si nuestra meta, deseo e intención fuera encontrar personas dispuestas a liderar con el temor de Dios? ¿Podemos empezar a creer que Dios tiene preparados a hombres y mujeres temerosos de su Nombre para que estén al frente de puestos importantes en el gobierno y así a través de ellos El pueda redimir a nuestra nación? ¿Podemos empezar a orar por esos hombres y mujeres que serán para nosotros una figura de lo que José, Daniel, Ester, Nehemías y David fueron para el pueblo de Dios? Yo creo firmemente que la política y el liderazgo son áreas de nuestra esfera social que el Señor valora mucho en su corazón. El quiere redimir estas áreas y así restaurar a través de ellas las promesas que están en su corazón para esta nación. Sin embargo, esto no pasará hasta que como pueblo creyente hagamos nuestra parte. Podemos empezar orando y poniéndonos a la brecha por nuestro país, pero aún más importante debemos cambiar nuestra manera de evaluar a las personas que proponemos, escogemos y anhelamos que nos representen en el gobierno. Y no nos confundamos, el que se hagan llamar cristianos no será suficiente. Deben ser personas que en sus vidas sea evidente la presencia del temor de Dios. Así mismo debemos cambiar y reinventar lo que esperamos y demandamos de estas personas. Esto lo podremos conseguir cuando sea el mismo espíritu del Señor, a través de la oración, quien nos revele lo que podemos esperar de estas personas. El Señor está preparando a estas personas ya, y es cuestión de que nosotros pidamos que El las levante y las saque a luz. Si nuestro corazón y mente están el lugar correcto, las sabremos reconocer y apoyar. Confío en que estamos cerca de que llegue el día en el que podamos tener nuestro propio José o Daniel en posiciones que influenciarán el cambio que estamos anhelando en Guatemala. Ese día habrá una vez más buenas oportunidades para los guatemaltecos honrados, íntegros y trabajadores. Pero mejor aún, será el inicio de una era en la cual se modelarán pública y masivamente estándares de liderazgo que han de ser imitados en instituciones, empresas, iglesias y familias. Ese día sin lugar a duda pasará a la historia.

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