Respuesta a Juan Luis Font

Es difícil responder a un artículo como el publicado por Juan Luis Font el 16 de marzo en El Periódico. El artículo es una crítica del autor a la fe evangélica de Guatemala a través de su entendimiento particular de la fe, teología, eclesiología, método y liderazgo evangélico. Es un entendimiento que parte de un claro prejuicio en contra de los evangélicos y un rechazo a lo acontecido la semana del 13 de marzo en Guatemala con el Festival de Luis Palau.

En una época en dónde se predica desde los púlpitos seculares de la academia, la prensa y las opiniones de “expertos” la tolerancia, el respeto y la diversidad, atacar y burlarse de los evangélicos pareciera ser en Guatemala el único prejuicio aún celebrado y socialmente aceptable.

El artículo resalta dos temas importantes. El primero, es que existe una profunda ignorancia sobre lo que significa ser evangélico en general, y lo que significa ser evangélico en Guatemala en particular. Se parte de supuestos como la pobre preparación académica/teológica de los líderes evangélicos, se reduce la fe evangélica a una simple transacción de dinero por paz espiritual, y se ataca el uso de medios culturalmente relevantes para la comunicación del mensaje a distintas personas en distintos lugares y situaciones, como si la fe fuese algo exclusivo de la Edad Media y los cantos gregorianos. Se desconoce también la realidad de que existen muchísimos guatemaltecos de todas partes del país y de todos los estratos sociales, culturales y económicos que han abrazado la expresión evangélica del cristianismo. ¿Somos perfectos? No. ¿Tenemos todas las respuestas? No. Ser cristiano significa admitir no ser perfecto ni mejor que los demás. Ser cristiano significa depositar nuestra esperanza únicamente en Jesús, autor y consumador de nuestra fe.

El segundo tema que me preocupa de este artículo es la constante contraposición de una fe contra la otra. Inicia una confrontación entre ambas expresiones del cristianismo sobre la base de críticas a los métodos y a estilos, sin realmente tocar bases teológicas profundas. Es un argumento picante porque tienta con críticas a temas de finanzas, estilos de comunicación e incluso, desacredita a una de las personas invitadas a presentarse en la actividad a través de una celebración personal del pecado. ¿Qué se gana con esto? ¿Se construye una Guatemala diferente a través del incentivo a guerras religiosas internas?

Sr. Font, el ejercicio responsable de la libertad, especialmente de aquellos que tienen la fortuna sobre más del 95% de Guatemaltecos de haber tenido acceso a una educación muchísimo más completa que los escasos 3 años de escolaridad promedio en el país y tienen el privilegio del uso de la palabra y la pluma para comunicarse a grandes grupos de personas, exige respeto por las distintas expresiones de fe, objetividad en el análisis de los fenómenos sobre los que se quiere comentar, y en el caso particular del tema tocado, un esfuerzo mínimo por conocer su propia teología y la de aquellos que creen distinto a usted (sean Católicos o Evangélicos). El Cristianismo –Católico y Evangélico- en Guatemala sigue pujante y existe muchísima más unidad, cooperación y entendimiento, porque nuestro foco es uno, Jesús. Artículos como el suyo nos mueven a fortalecernos en nuestra fe, a compartirla más con otros y a reconocer que cuándo los perros ladran, es porque vamos avanzando.

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