Aburridos

Es imposible negar que vivimos en una sociedad y economía que tiene un solo motor: la información.  En una época en dónde hay más teléfonos celulares per cápita que líneas terrestras, en la que tenemos acceso a incalculables cantidades de información a través de la internet en tiempo real y en dónde lo único que se necesita es un click para hacer más “amigos” y con eso, acumular más información de más personas, nuestro problema reside más en el qué hacer con tanta información que en cómo obtenerla.

Este cúmulo de información y sobre todo, la facilidad de obtenerla sin necesidad de la ayuda física de otra persona, nos ha convertido en silos solitarios que ahora acumulan fechas, nombres de marcas, chismes y el más reciente seminario motivacional que nos dieron en la empresa.  El problema es que como un silo, tenemos un límite y o topamos y no logramos meter más información, o rebalsamos y perdemos alguna de esa información en el rebalse.  También con tanta información, tenemos la dificultad de retenerla, recordarla y traerla al frente de nuestras mentes en el momento justo que precisa ser utilizada.

¿Cuántos de nosotros no nos matamos estudiando para un examen de historia memorizando fechas, nombres, lugares y a la hora del examen toda esa información se desvaneció? O en el mejor de los casos, ¿sirvió para el examen pero hoy no nos acordamos?

Los cristianos no somos ajenos a esta corriente.  Es más, me atrevería a afirmar que somos de los que más abusamos del exceso de información.  Tenemos seminarios, series, reuniones, grupos, libros, radios, canales de TV, blogs (cómo este y otros), websites, revistas y un sin fin de recursos a nuestra disposición con cualquier cantidad y calidad de información.  Sin embargo, a pesar de toda esta información que está disponible y que hemos acumulado a través de los años, vemos poco efecto de la misma en la forma que vivimos, trabajamos, amamos, jugamos, educamos y adoramos.

Algunos dirían que sufrimos de analfabetismo funcional.  Yo diría más bien que estamos aburridos.  Es el aburrimiento que viene de una espiritualidad que nos separa del día a día y la única opción que nos da es seguir aprendiendo y aprendiendo,  motivados por una efímera imagen de éxito que nos deja frustrados porque no importa a cuántos seminarios vayamos, cuántos libros leamos o qué tan bien recitemos la visión, misión y estrategia de nuestra comunidad de fe, NUNCA vamos a lograr los ideales que se nos plantean.   Engordamos en información, nos inflamos la cabeza de automotivación y poco a poco el alma se atrofia al ser ahogada por textos, principios, pasos, niveles, secretos, claves y nuevos paradigmas.

Sin embargo, como la rana en la olla que poco a poco va calentando el agual, no nos damos cuenta de cómo nuestro espíritu y nuestra alma van muriendo bajo el peso del pie del ego crecido con cada gigabyte más de información que nuestro cerebro logra, al menos por 5 minutos, retener.

¿Estoy en contra del conocimiento? ¡No! ¿Estoy en contra de la información? ¡Menos!  Para salir de ese aburrimiento, tenemos que ponerle pies y manos a la masa deforme de cerebros y almas atrofiadas y fuera de forma que tenemos.  Tenemos que darle contexto a la información y no sólo regurgitar el último mantra del último best seller.  Tenemos que ganar experiencia “allá afuera” en dónde quién no sabe leer necesita conocer la esperanza viva.  Tenemos que pasar de un “evangelio teísta terapeútico” que se fundamenta en la falsa premisa de que el objetivo de la predicación y la adoración soy yo y mi auto-estima, a entender que lo que recibimos como evangelio es para la regeneración de nuestras vidas perdidas a través del servicio a los demás para la gloria de Quién dio Su Vida por nosotros.  Si aprendimos a sumar, es para que sumaramos, no para que nos gloriemos en que sabemos sumar.  Sabemos sumar PARA algo….de la misma forma, cómo Él nos lo ejemplificó haciéndose carne y habitando entre nosotros para servirnos, morir y resucitar, lo que aprendamos acerca de Él tiene que cumplir Su propósito y en vez de agrandar nuestro ego, nos lleva a morir al mismo y reconocer que mientras más sabemos de Él, menos somos y más maravillados hemos de estar de que aún así, Él nos ama y nos da el privilegio de servir a otros en Su Nombre.

One comment

  1. Althegoonie · septiembre 3, 2008

    No se que más comentar sobre esto. Estoy de acuerdo con los puntos descritos. No sólo es el aburrimiento, sino tambien es como si tuvieramos un cayo o insensibilidad a lo que debieramos hacer con todo esto. La iglesia de hoy está acostumbrada a mamar y mamar y engordar a pura biblia pre-masticada por el pastor, co-pastor, autores de libros (que no hacen más que transmitir sus ideas concebidas de la Biblia y experiencias vividas). No nos atrevemos a vivir nosotros nuestra experiencia, no nos atrevemos a impactar a otros que están en necesidad, que desconocen de la Salvación, o que han sido en alguna manera lastimados por sus iglesias y credos.
    Con tanta indiferencia y arrogancia dejamos que la imagen del evangelio sea nula o dañada. Que la gente lo perciva con indiferencia.
    Hay una etapa para cada cosa, hay un tiempo para todo como lo dijo el Predicador en el libro de Eclesiastés. Hay un tiempo para nacer, hay un tiempo para mamar y engordar, hay un tiempo para trabajar, etc. etc.
    Pero veo que el cristiano no pasa del tiempo de mamar, he visto muchos y la mayoria vivir engordando sin poner a trabajar esa grasa.

    ANIMO!!!

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