“Non Grato” no existe en el vocabulario cristiano


persona_non_grataLa crisis que atraviesa Guatemala ha polarizado a nuestra sociedad a niveles que no veíamos desde hace muchos años.  La argumentación de los extremos sumado con el relativismo moral posmoderno hacen imposible el diálogo toda vez sigamos pretendiendo que la verdad es una cuestión de opinión privada en función más de lo que me hace sentir bien que en función de la búsqueda honesta de la verdad que implica incluso corregir y enmendar cuando hay error.

En ese contexto, se ha puesto en boga el rechazar de tajo no solo a las ideas, sino a las personas con quienes diferimos al colocarnos a nosotros mismos como los estándares de toda justicia y rectitud.

El “nosotros contra ellos” y la superioridad moral de “no soy tan malo como ellos” que vivimos, nos ha convertido en los más despiadados y crueles jueces de nuestro prójimo…sea este presidente, sindicalista, empresario, proletario, católico, evangélico, ateo o cualquier otra categoría en donde podamos encasillar a nuestro rival, a nuestro enemigo.

En ese contexto, ya es cosa común, desde finales de agosto pasado, el declarar non grato a nuestros opositores.  Vale la pena reflexionar en lo que estamos diciendo, especialmente si nos confesamos cristianos.  Una declaración de persona non grata es la más agresiva expresión de rechazo y condena al exilio que existe en el mundo diplomático.  Es decir “no te quiero ni te acepto” y aún más, es decir “¡vete de aquí y no vuelvas más!”.  Entre las voces que se alzan con declaratorias de “non grato” a diversas personas en el país, se alzan muchas voces de cristianos que han sido arrastrados por la corriente de la ya famosa y trillada “coyuntura política” del país.

La pregunta es: a la luz de las Escrituras, ¿cabe la posibilidad de que un cristiano declare a cualquier otra persona como non grata?  Mi tesis es que no.  ¿Por qué?

La raíz de la palabra grata es la misma raíz de la palabra gratia, palabra de donde sacamos el término “gracia”, que para nosotros como cristianos significa “favor inmerecido”.  ¿Qué nos dice la Biblia a nosotros de todo esto?

“1Antes ustedes estaban muertos a causa de su desobediencia y sus muchos pecados. 2Vivían en pecado, igual que el resto de la gente, obedeciendo al diablo —el líder de los poderes del mundo invisible, quien es el espíritu que actúa en el corazón de los que se niegan a obedecer a Dios. 3Todos vivíamos así en el pasado, siguiendo los deseos de nuestras pasiones y la inclinación de nuestra naturaleza pecaminosa. Por nuestra propia naturaleza, éramos objeto del enojo de Dios igual que todos los demás.
4Pero Dios es tan rico en misericordia y nos amó tanto 5que, a pesar de que estábamos muertos por causa de nuestros pecados, nos dio vida cuando levantó a Cristo de los muertos. (¡Es solo por la gracia de Dios que ustedes han sido salvados!) 6Pues nos levantó de los muertos junto con Cristo y nos sentó con él en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo Jesús. 7De modo que, en los tiempos futuros, Dios puede ponernos como ejemplos de la increíble riqueza de la gracia y la bondad que nos tuvo, como se ve en todo lo que ha hecho por nosotros, que estamos unidos a Cristo Jesús.
8Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. 9La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo. 10Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás.” (Efesios 2:1-10, NTV)
“6Cuando éramos totalmente incapaces de salvarnos, Cristo vino en el momento preciso y murió por nosotros, pecadores.7Ahora bien, casi nadie se ofrecería a morir por una persona honrada, aunque tal vez alguien podría estar dispuesto a dar su vida por una persona extraordinariamente buena; 8pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores. 9Entonces, ya que hemos sido hechos justos a los ojos de Dios por la sangre de Cristo, con toda seguridad él nos salvará de la condenación de Dios. 10Pues, como nuestra amistad con Dios quedó restablecida por la muerte de su Hijo cuando todavía éramos sus enemigos, con toda seguridad seremos salvos por la vida de su Hijo. 11Así que ahora podemos alegrarnos por nuestra nueva y maravillosa relación con Dios gracias a que nuestro Señor Jesucristo nos hizo amigos de Dios.” (Romanos 5:6-11, NTV)
El ancla de nuestra justificación y salvación es la gracia de Dios, el favor inmerecido de Dios, cuando aún éramos Sus enemigos.  Fuimos “aceptos en el Amado”  (Efesios 1:3-8, NTV), aceptados no por causa de nuestros méritos, sino a pesar de nuestro total demérito.
A la luz de esa verdad, a la luz del escándalo de la gracia de Dios, a la luz de que como cristianos fuimos aceptados, amados, perdonados, justificados y reconciliados por Dios únicamente a través de la gracia, el tratar a otros de manera contraria es una total y flagrante afrenta al Evangelio.  Simplemente es contrario a la naturaleza de todo aquel que afirma la Sola Gratia como pilar fundamental para su vida y esperanza cristiana.
Pero, ¿qué hacemos con quienes han cometido tantas injusticias? Debemos clamar y exigir porque se cumpla la ley y se haga justicia.  Debemos esperar que el gobierno haga su tarea de castigar a quienes hacen el mal (Romanos 13:1-7), pero a la vez, hemos de confrontar el pecado entre nosotros no solo para la condena del mismo, sino para la restauración del pecador de vuelta a Dios y de vuelta a la comunidad:
“1Amados hermanos, si otro creyente está dominado por algún pecado, ustedes, que son espirituales, deberían ayudarlo a volver al camino recto con ternura y humildad. Y tengan mucho cuidado de no caer ustedes en la misma tentación. 2Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros, y obedezcan de esa manera la ley de Cristo. 3Si te crees demasiado importante para ayudar a alguien, solo te engañas a ti mismo. No eres tan importante.” (Gálatas 6:1-3, NTV)
No olvidemos, si por las circunstancias y la gravedad de la situación no encontramos otro camino más que declarar a otra persona nuestro enemigo, hemos entonces contraído una obligación moral con ellos: la obligación de amarlos, no porque nos caigan bien o hayan reparado el daño, sino porque nosotros hemos sido amados así aún en nuestra condición pecadora y de rebeldía y enemistad contra Dios.
“38»Han oído la ley que dice que el castigo debe ser acorde a la gravedad del daño: “Ojo por ojo, y diente por diente” 39Pero yo digo: no resistas a la persona mala. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, ofrécele también la otra mejilla. 40Si te demandan ante el tribunal y te quitan la camisa, dales también tu abrigo. 41Si un soldado te exige que lleves su equipo por un kilómetro, llévalo dos. 42Dales a los que te pidan y no des la espalda a quienes te pidan prestado.
43»Han oído la ley que dice: “Ama a tu prójimo” y odia a tu enemigo. 44Pero yo digo: ¡ama a tus enemigos! ¡Ora por los que te persiguen! 45De esa manera, estarás actuando como verdadero hijo de tu Padre que está en el cielo. Pues él da la luz de su sol tanto a los malos como a los buenos y envía la lluvia sobre los justos y los injustos por igual. 46Si solo amas a quienes te aman, ¿qué recompensa hay por eso? Hasta los corruptos cobradores de impuestos hacen lo mismo. 47Si eres amable solo con tus amigos, ¿en qué te diferencias de cualquier otro? Hasta los paganos hacen lo mismo. 48Pero tú debes ser perfecto, así como tu Padre en el cielo es perfecto.” (Mateo 5:38-48, NTV)
Estamos delante de una gran oportunidad de vivir y mostrar un testimonio cristiano diferente, uno que pelea por la libertad, la justicia y la verdad, pero que guarda su corazón de pecar en reacción al pecado de otros.  Si vamos a señalar el pecado, si vamos a separar a otros de la comunidad, que sea para su restauración, siguiendo el ejemplo de Pablo, Onésimo y Filemón (Filipenses 1:15-19).  Si predicamos gracia, extendamos gracia y recordemos que a los pies de la Cruz hay lugar para todos los que se arrepienten y colocan su fe y confianza en Jesús.
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Ideas para Trazar el Rumbo en Guatemala


DSC01122.JPGMañana se marcará el punto alto de lo que ha venido siendo un mes sumamente desafiante para un país que pareciera no terminar de sentar cabeza y sigue convulsionando después de dos años de “nueva política” y treinta y dos años desde el inicio de la “era democrática”.

Teníamos mucho tiempo de no estar tan polarizados -o al menos así parecieran indicar las redes sociales-.  Lo cierto es que nos toca enfrentar una realidad que no culmina con las protestas, manifestaciones y paros.  La legítima manifestación de la inconformidad ciudadana ante un regimen tan errático, desarticulado y débil en el ejercicio de su liderazgo, necesita aterrizar en el trazado de caminos a seguir para retomar el rumbo y dirigirnos hacia un puerto más seguro.  Las soluciones están más en nuestras manos y nos corresponde ahora, más que nunca, asumir esa responsabilidad histórica y dejar de depender únicamente en los caminos tradicionales limitados a la política y el aparato estatal.

En este contexto es donde debemos ahora ponernos a pensar acerca de:

  • ¿Hacia dónde queremos ir?
  • ¿Cuál es el objetivo que perseguimos?
  • ¿Cómo llegaremos allí?
  • ¿Qué necesitamos para llegar?
  • ¿Cuáles serán las consecuencias previsibles y las no intencionadas -tanto positivas o negativas- del rumbo que se tome?

Quisiera compartir algunas ideas que giran alrededor de un concepto central que, a mi criterio, es la lucha que no hemos emprendido, la lucha por nuestra libertad.  A continuación, mis ideas:

Principios Guía:

  1. Principio de Subsidiariedad: Facultar y respetar la capacidad de que los problemas que surgen en cada comunidad sean primeramente resueltos por los agentes privados y públicos (en ese orden) más cercanos al problema.  Los órdenes superiores deben intervenir sí y solo sí el orden más cercano no puede atender la necesidad.
  2. Esferas de Soberanía: El Estado debe respetar y facultar la esfera de soberanía de cada orden social (Iglesia, Familia, Empresa, Asociación Voluntaria, etc.) para que esta pueda actuar de acuerdo a su diseño, naturaleza y propósito y de esa forma, contribuya al florecimiento y desarrollo de todas las personas en el país.
  3. Centralidad de la Persona Humana:  Sobre todas las cosas, debe prevalecer el respeto a la dignidad de cada persona humana y en ese orden, el papel del Estado debe limitarse a reconocer y defender los derechos fundamentales de vida, libertad y propiedad de cada uno a través de un marco jurídico enfocado en la protección de estos derechos más que en la dirección de las acciones de cada persona.

1. Reformas al sistema electoral de forma integral

  • Elección nominal de diputados al Congreso de la República.
  • Elección nominal de concejales a las municipalidades.
  • Elección de gobernadores departamentales.
  • Mayor oportunidad para comités cívicos y otras organizaciones para postular candidatos a los distintos puestos de elección popular aparte de los tradicionales partidos políticos.
  • Trabajar para un sistema auténticamente republicano en donde no solo se tenga un Congreso de la República, sino que cada departamento pueda contar con su propio Congreso Departamental en donde se pueda atender mejor las necesidades de cada departamento.

2. Fortalecimiento del Sistema de Justicia

  • Cargos vitalicios para los magistrados de la Corte Suprema de Justicia para que de esa manera la elección de los mismos no responda a intereses políticos de corto plazo y se desarrolle una línea de jurisprudencia más estable.
  • Reconsiderar si es válido o no la existencia de una corte superior a la CSJ como la Corte de Constitucionalidad.
  • Fortalecer el desarrollo técnico y humano de los distintos empleados del sistema de justicia para que su labor sea más eficiente, genere expectativas de futuro en el desarrollo profesional y permita un trabajo más íntegro.

3. Revisión del Aparato Estatal 

  • Evaluar los distintos ministerios y dependencias del Estado para identificar aquellos donde se duplican funciones o que no agregan valor al desarrollo del país o que entrampan procesos productivos y trazar la ruta para irlos eliminando en el tiempo.  Esto libera recursos fiscales para asignarlos a tareas de mayor impacto y más alta prioridad, además de que reduce las oportunidades para la corrupción al simplificar procesos y reducir la burocracia.

4. Reducción de impuestos, ampliación de la base y simplificación de las obligaciones tributarias

  1. Todos debemos contribuir con nuestros impuestos para que el Estado funcione.  De esta cuenta, la ampliación de la base tributaria es fundamental para lograr la cooperación de toda la ciudadanía y también poder aportar de más fuentes, más ingresos al país.
  2. Aunque parezca contradictorio, la reducción de tasas impositivas y la eliminación de ciertos impuestos, puede favorecer la recaudación tributaria a través de otros impuestos que ya funcionan bien, como el IVA.  Al liberarse recursos que van al fisco y dejarlos en manos de la ciudadanía, las oportunidades de inversión, empleo, ahorro, generación de capital y consumo aumentan, y con ello, la recaudación tributaria.  Impuestos que vale la pena considerar su revisión para reducción y/o eliminación:
    • ISR a las personas bajo el sistema actual de hacerlo un impuesto progresivo, lo convierte en un castigo al éxito.  Considerar una misma tasa para todos que sea baja (5%, por ejemplo).
    • Eliminación de impuestos y aranceles de importación para productos que aquí no producimos o no producimos bien.
    • Eliminación de impuestos y timbres como los que se pagan por artistas extranjeros.
    • Impuesto de circulación “flat” y no progresivo.  El castigar con un mayor impuesto a los vehículos nuevos es contradictorio dado que estos no generan tantos problemas de tránsito, consumen menos gasolina y son más eficientes.  Castigar el éxito y el esfuerzo de las personas que invierten en esto no hace mayor sentido.
    • Eliminar el impuesto de distribución de combustibles para liberar recursos de la bolsa de los contribuyentes, reducir costos logísticos para las empresas y el transporte colectivo.

5. Renovación del Compromiso Individual Ético y Moral con los Demás

  • Más que nuestro compromiso “con Guatemala”, el compromiso debemos asumirlo para con nuestro prójimo: en casa, en el trabajo, en el lugar de estudios, en la calle, etc.  Guatemala existe únicamente en las personas que aquí vivimos y es por eso que el reconocimiento del valor y dignidad del otro es fundamental para avanzar.
  • Comprometernos con nuestro prójimo, su libertad y dignidad, exige de nosotros una fuerte reserva moral para actuar guiados por sólidos e inamovibles principios y valores que responde a la verdad y naturaleza de la persona humana.  Además, ese compromiso exige sacrificio, sacrificio que hace sentido cuando en el horizonte vemos esperanza.
  • El sentido de esperanza que necesitamos rescatar está sostenido únicamente si podemos ver un sentido trascendental a la vida propia y de cada persona a nuestro alrededor.  Ese sentido de trascendencia va conectado al diseño de cada persona y este fluye de su Diseñador.
  • Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios y es por eso que debemos volcarnos a Él para poder encontrar el Camino, corregir el rumbo y conocer la verdad acerca de quienes somos y para qué fuimos creados.  Esto es lo que permitirá que asumamos un compromiso con nosotros mismos y con los demás para el futuro de nuestra Guatemala.

No son todas las ideas y seguro hay más y mejores que pueden aportar a una discusión que nos lleve de las protestas como un “fin en sí mismo” a la discusión de caminos con visión de largo plazo para lograr construir un mejor futuro para las generaciones que están ansiosas de insertarse en la vida productiva, social, cívica, cultural y política de nuestra nación.

Esta discusión debe llevarse a cabo desde un diálogo abierto y honesto en donde se puedan exponer posturas guiadas por distintas ideologías sin temor a ser ridiculizados, satanizados o excluidos.  La honestidad intelectual nos exige el debate abierto y sano de las ideas, además de que exige la humildad de reconocer cuando otras ideas con mejores o incluso, son más consistentes con la verdad acerca del valor y dignidad de la persona humana, y por ende, son las que deben guiar el rumbo de la nación.

Que nuestra participación sea cada vez más propositiva, humilde, racional y abierta al diálogo con otros.  Solamente de esa manera podremos vivir en la Guatemala que todos guardamos en el corazón.

¡Ánimo! La lucha por la libertad y la dignidad de cada guatemalteco y de cada familia guatemalteca vale la pena.

Armonicemos Guate


DSC01163.JPGEste pasado sábado 26 de agosto de 2017, un día que fue sumamente tenso en Guatemala, también fue un día donde se pudo experimentar de una manera extraordinaria, un ambiente de unidad, concordia y armonía en la Plaza de la Constitución en la zona 1 capitalina.

Convocados desde el 8 de agosto, cientos de músicos comenzaron a organizarse para poder participar en un evento que tenía como propósito exaltar el nombre de Jesús a través de la música, música interpretada no solo por artistas subidos en una plataforma, sino por cientos que se esforzaron en traer sus instrumentos a la plaza -en desafío de la supuesta inseguridad, la amenaza de lluvia y la protesta que se había convocado el día anterior- para tocar en armonía algunas piezas juntos en son de unidad.

DSC01182.JPGLa última vez que sucedió algo remotamente similar fue para el concierto de “Campanas por la Paz” en 1997, donde como músicos tuvimos la oportunidad de subirnos a los campanarios de las iglesias católicas del centro de la ciudad y tocar una pieza original armonizando cada campana y campanario.

Veinte años después, despojándonos de banderas denominacionales y con el único objetivo de hacer grande el nombre de Jesús, se volvió a demostrar el poder que existe en unir a las personas a través del hermoso regalo de la música que nos Dios nos ha dado.

DSC01251.JPGMe siento muy agradecido por haber podido participar y extiendo mi gratitud a los organizadores y a todos y cada uno de los participantes, músicos, sonidistas, intercesores, evangelistas y demás personas que hicieron de este evento una hermosa realidad que esperemos avive el corazón de los guatemaltecos y nos llene de la única esperanza segura para Guatemala y el mundo: el Evangelio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

“¿Hay algún estímulo en pertenecer a Cristo? ¿Existe algún consuelo en su amor? ¿Tenemos en conjunto alguna comunión en el Espíritu? ¿Tienen ustedes un corazón tierno y compasivo? Entonces, háganme verdaderamente feliz poniéndose de acuerdo de todo corazón entre ustedes, amándose unos a otros y trabajando juntos con un mismo pensamiento y un mismo propósito.
No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes. No se ocupen solo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás.
Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús.
 
Aunque era Dios,
no consideró que el ser igual a Dios
fuera algo a lo cual aferrarse.
En cambio, renunció a sus privilegios divinos, se vació a sí mismo.
adoptó la humilde posición de un esclavo
y nació como un ser humano.
Cuando apareció en forma de hombre,
se humilló a sí mismo en obediencia a Dios
y murió en una cruz como morían los criminales.
 
Por lo tanto, Dios lo elevó al lugar de máximo honor
y le dio el nombre que está por encima de todos los demás nombres
1para que, ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla
en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra,
y toda lengua declare que Jesucristo es el Señor
para la gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2:1-11, NTV)
¡Alabado sea el Señor!
 
Alaben a Dios en su santuario;
¡alábenlo en su poderoso cielo!
Alábenlo por sus obras poderosas;
¡alaben su grandeza sin igual!
Alábenlo con un fuerte toque del cuerno de carnero;
¡alábenlo con la lira y el arpa!
Alábenlo con panderetas y danzas;
¡alábenlo con instrumentos de cuerda y con flautas!
Alábenlo con el sonido de los címbalos;
alábenlo con címbalos fuertes y resonantes.
¡Que todo lo que respira cante alabanzas al Señor!
 
¡Alabado sea el Señor!

Consuelo para Guatemala


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“Toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Dios es nuestro Padre misericordioso y la fuente de todo consuelo. Él nos consuela en todas nuestras dificultades para que nosotros podamos consolar a otros. Cuando otros pasen por dificultades, podremos ofrecerles el mismo consuelo que Dios nos ha dado a nosotros. Pues, cuanto más sufrimos por Cristo, tanto más Dios nos colmará de su consuelo por medio de Cristo. Aun cuando estamos abrumados por dificultades, ¡es para el consuelo y la salvación de ustedes! Pues, cuando nosotros somos consolados, ciertamente los consolaremos a ustedes. Entonces podrán soportar con paciencia los mismos sufrimientos que nosotros. Tenemos la plena confianza de que, al participar ustedes de nuestros sufrimientos, también tendrán parte del consuelo que Dios nos da.” (2 Corintios 1:3-7, NTV)

 

El enojo, la tristeza, la frustración, la indignación y sobre todo, la falta de esperanza, inundan hoy el corazón de muchos guatemaltecos.  Sea a través de las redes sociales, los periódicos, noticieros televisivos o radiales y en las conversaciones alrededor de la mesa, muchos hoy comparten sus opiniones de lo que sucede, del por qué sucede y sobre todo, se debaten escenarios ante un futuro que es poco prometedor para Guatemala.

Quizás lo más triste de esta nueva coyuntura que vivimos es lo polarizante que se ha convertido el asunto.  El tono y la forma de los argumentos demuestran lo peligros de argumentar desde los extremos y la poca caridad con la que se discute solamente contribuye más a la desesperanza que parece marcar el tono del futuro inmediato de nuestra nación.

La pregunta que nos corresponde hacernos a los cristianos es…¿cuál debe ser nuestro papel?  Quisiera destacar tres ideas importantes a considerar y sugerir un camino a tomar:

  1. No debemos callar y al mismo tiempo, evitar confundir nuestro quehacer cristiano con activismo político.
  2. Esto no se trata solamente de quienes protagonizan la trama que se ve y vive en los medios.
  3. Nuestro rol como cristianos va mucho más allá que “orar por nuestras autoridades”.

Mi propuesta es el camino del consuelo y el llamado a la reconciliación.  

En circunstancias como estas donde estoy seguro que familias se han dividido o peleado por una mala conversación u opiniones encontradas por el tema, sentimientos han sido dañados, insultos se han dicho y todo esto genera profunda tristeza y división.  Necesitamos ser consolados en medio de lo que esta crisis no solo está haciendo a nuestra nación, sino a nuestros hogares y lugares de trabajo donde chocamos con opiniones.  Pablo, en su segunda carta a los Corintios ancla la posibilidad de que seamos agentes de consuelo para otros en la consciencia plena del consuelo que nosotros mismos hemos recibido de parte de Dios.

El consuelo que hemos recibido de Dios se fundamenta en que nuestra relación con Él ha sido restaurada y reconciliada gracias a y a través de la sangre derramada por Jesús en la Cruz:

“Pues a Dios, en toda su plenitud, le agradó vivir en Cristo, y por medio de él, Dios reconcilió consigo todas las cosas. Hizo la paz con todo lo que existe en el cielo y en la tierra, por medio de la sangre de Cristo en la cruz.
Eso los incluye a ustedes, que antes estaban lejos de Dios. Eran sus enemigos, separados de él por sus malos pensamientos y acciones; pero ahora él los reconcilió consigo mediante la muerte de Cristo en su cuerpo físico. Como resultado, los ha trasladado a su propia presencia, y ahora ustedes son santos, libres de culpa y pueden presentarse delante de él sin ninguna falta.” (Colosenses 1:19-22, NTV)
Es a partir de allí que podemos recibir el máximo consuelo que cualquier persona pueda llegar a esperar: el consuelo mismo de Dios el Espíritu Santo habitando nuestros corazones y recordándonos de nuestra esperanza firme en Dios.  Cuando tenemos plena consciencia de esto, podemos entonces salir con gallardía a hacer el llamado que hoy, más que nunca, nos corresponde hacer a un país dividido, lastimado, desesperanzado y desconsolado: ¡Reconcíliense con Dios!
Él murió por todos para que los que reciben la nueva vida de Cristo ya no vivan más para sí mismos. Más bien, vivirán para Cristo, quien murió y resucitó por ellos.
Así que hemos dejado de evaluar a otros desde el punto de vista humano. En un tiempo, pensábamos de Cristo solo desde un punto de vista humano. ¡Qué tan diferente lo conocemos ahora! Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!
Y todo esto es un regalo de Dios, quien nos trajo de vuelta a sí mismo por medio de Cristo. Y Dios nos ha dado la tarea de reconciliar a la gente con él. Pues Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando más en cuenta el pecado de la gente. Y nos dio a nosotros este maravilloso mensaje de reconciliación. Así que somos embajadores de Cristo; Dios hace su llamado por medio de nosotros. Hablamos en nombre de Cristo cuando les rogamos: «¡Vuelvan a Dios!». Pues Dios hizo que Cristo, quien nunca pecó, fuera la ofrenda por nuestro pecado, para que nosotros pudiéramos estar en una relación correcta con Dios por medio de Cristo.” (2 Corintios 5:15-21, NTV)
El problema político y legal que vivimos hoy puede y debe resolverse con el apego estricto a la ley, nuestra Constitución y el diálogo racional, sensato, cordial y humilde. Esa lucha no debemos abandonarla y debemos exigirla de nuestras autoridades y exigírnosla a nosotros mismos.
Sin embargo, no existe ley o Estado de Derecho que restaure nuestros corazones.  Las heridas profundas que la división causa en una sociedad, en una familia y en las personas no se sana más que con el bálsamo del Evangelio.  El arrepentimiento, la gracia, la misericordia, el amor, la humildad y la honesta búsqueda de la verdad nos podrán encaminar hacia la concordia y la armonía.  Atrevámonos a que en medio de la crisis que vivimos y las diferencias ideológicas que nos separan, podamos pedir perdón y podamos perdonar. Para que esto suceda, nuestra esperanza debe estar colocada únicamente en Jesús y a partir de allí, tener la plena certeza en fe, que podremos amar más y mejor al prójimo.
¡Ánimo!

Podemos Lamentar


praiseoflament-468x372Nadie nos prometió un camino fácil.  Eventos como la balacera en el Hospital Roosevelt perpetrada para liberar a un criminal y que costó la vida de 7 personas y puso en riesgo a incontables más, llena nuestros corazones de frustración, indignación, rabia e impotencia.  Son sentimientos propios, humanos y necesarios ante la impotencia de no encontrar soluciones de fondo y de alcance largo y ancho para los problemas que nos aquejan a diario.

El cristianismo evangélico que se respira en Guatemala, ha sido muy influido por las corrientes de la falsa teología de la prosperidad y por la corriente filosófica del “nuevo pensamiento“.   Adicional a esto, hemos caído en graves errores teológicos al abrazar como válidas las propuestas que –solapadas en historias bonitas– autores como Paul Young (“La Cabaña”) nos hacen acerca de la naturaleza y el carácter de Dios que nos alejan de la verdad bíblica, histórica y ortodoxa.

El resultado de toda esta influencia ha dejado a la iglesia evangélica sin respuestas al problema del mal y el sufrimiento.  Sin un marco de referencia sólido, profundo y consistente con la Escritura, es muy difícil traer consuelo, restauración y esperanza a situaciones que como lo que sucedió ayer en el Hospital Roosevelt no tienen -y quizás no necesitan porque sería peor saber por qué– una explicación satisfactoria.  El papel redentor del sufrimiento no hace sentido en un evangelicalismo sustentado sobre “El Lado Positivo del Fracaso” y “Su Mejor Vida Ahora“.

Adicional a esto, el contexto mediático en el que vivimos, constantemente bombardeados de la última información -verdadera y/o falsa- a través de las redes sociales y distintos medios digitales profesionales y amateurs, termina entumeciéndonos al mismo tiempo que llena nuestros corazones de enojo.  En su libro Compasión” -originalmente publicado en 1982-, Henri Nouwen, Donald McNeill y Douglas Morrison nos llaman a la reflexión:

“La pregunta es, será que estas altamente sofisticadas formas de comunicación y este aumento en la cantidad de información nos llevan a una solidaridad y compasión más profundas? Es muy cuestionable.

¿Podemos realmente una respuesta compasiva de los millones de individuos que leen los periódicos durante el desayuno, escuchan la radio camino al trabajo, y que ven televisión luego de regresar a casa cansados de su trabajo en oficinas o fábricas? Podemos razonablemente esperar compasión de los muchos individuos aislados que están siendo constantemente recordados en la privacidad de sus hogares o vehículos de lo vasto del sufrimiento humano?

Parece asumirse de manera general que es bueno que las personas sean expuestas al dolor y sufrimiento del mundo.

/…/

Podríamos preguntarnos, sin embargo, si la comunicación masiva dirigida a millones de personas que se experimentan a sí mismas como pequeñas, insignificantes e impotentes, realmente no hace más daño que bien.  Cuando no hay una comunidad que pueda mediar entre las necesidades mundiales y las respuestas individuales, la carga del mundo solo puede ser una carga trituradora.  Cuando los dolores del mundo son presentados a personas que ya están abrumadas por los problemas en su pequeño círculo de familia o amigos, ¿cómo podemos esperar una respuesta creativa? Lo que podemos esperar es lo opuesto a la compasión: entumecimiento y enojo.

La exposición masiva a la miseria humana nos lleva frecuentemente al entumecimiento psicológico.  Nuestras mentes no pueden tolerar el constante recordatorio de cosas que interfieren con lo que estamos haciendo en el momento. /…/ Si dejamos que el contenido completo de los noticieros entre hacia lo más profundo de nosotros, estaríamos tan abrumados por lo absurdo de la existencia que nos paralizaríamos.

/…/

La exposición a la miseria humana en una escala masiva puede llevarnos más allá del entumecimiento psicológico hacia la hostilidad.  Esto puede parecer extraño, pero cuando mientras más de cerca vemos la respuesta humana a información perturbadora, nos damos cuenta que la confrontación con el dolor humano tiende a generar enojo en lugar de preocupación por los que sufren, irritación en lugar de simpatía e incluso furia en lugar de compasión.  El sufrimiento humano, que nos llega de una manera y en una escala que hace casi imposible el poder identificarnos con él, evoca con frecuencia sentimientos negativos muy fuertes. /…/ Cuando ya no somos capaces de reconocer a quienes sufren como seres humanos, su dolor evoca en nosotros más disgusto y enojo que compasión.

/…/

La pregunta es, entonces, ¿cómo podemos ver el sufrimiento en el mundo y ser movidos a compasión de la manera en que Jesús fue movido cuando vio a la multitud sin qué comer (Mateo 14:14)? Esta pregunta se ha vuelto muy urgente en un tiempo donde vemos demasiado y somos movidos muy poco.

 

Gracias a Dios, en Su infinita sabiduría, bondad y misericordia, no se nos ha dejado solos ni vacíos.  En medio del error e incoherencia teológica y su praxis, podemos confiar en lo que Jesús nos prometió: El cielo y la tierra desaparecerán, pero mis palabras no desaparecerán jamás.” (Mateo 24:35, NTV)  Es en ese contexto que hoy, para nosotros los cristianos guatemaltecos, es importantísimo rescatar un cuerpo importante del texto bíblico y una práctica que se nos ha legado a través de la Palabra que necesitamos pero hemos olvidado: el lamento.

En Su Palabra, Dios nos dejó libros como Lamentaciones, y los profetas menores (Miqueas, Habacuc, Amós, Joel, Abdías, Nahúm, Sofonías, Hageo, Zacarías, Oseas y Malaquías) y los 14 Salmos de Imprecatorios y de Lamento (6, 32, 35, 38, 51, 69, 83, 88, 102, 109, 130, 137, 140 y 143) a través de los cuales podemos dar voz a nuestra indignación, frustración, tristeza, congoja y despesperanza de manera abierta, franca y sin rodeos delante de un Dios que escucha, que nos acompaña a tal punto de caminar con nosotros el valle de sombra de muerte (Salmo 23) y aún más allá de eso, hacerse uno de nosotros (Juan 1).

Esta es la esperanza…¡PODEMOS LAMENTARNOS CON LIBERTAD Y HONESTIDAD DELANTE DE DIOS! Es bueno, es sano, es NECESARIO.  El lamento delante de Dios es quizás la expresión más profunda y humilde de fe que, paradójicamente, nos permitirá ver con renovadas fuerzas y esperanza, el futuro.

En su libro “The Political Disciple“, el Dr. Vincent Bacote nos llama a la reflexión:

“…la frustración común acerca de la lentitud del cambio nos revela una verdad teológica importante: los ecos de la caída están alrededor nuestro y de manera rutinaria sabotean nuestras mejores intenciones, ya sean personales, públicas o políticas.  /…/ Y hemos de ser claros de que el pecado tiene implicaciones más allá de las personales; tiene manifestaciones estructurales que dejan el mal allí o lo reintroducen nuevamente a la vida pública.

/…/ debemos encarar la dura realidad de que no podemos manejar fácilmente la dirección de la sociedad (aún si llegamos a tener mucho poder), y que no podemos siempre discernir cuál es el mejor camino para una buena sociedad.”

/…/

“Propongo la práctica del lamento para encarar la frustraciones naturales a la práctica de la vida pública porque esta es una forma en que los cristianos pueden agresivamente decir la verdad acerca del dolor en el corazón que el mundo nos causa.”

Reflexionemos sobre estos textos:

Mi vida está llena de dificultades,
y la muerte se acerca.
Estoy como muerto,
como un hombre vigoroso al que no le quedan fuerzas.
Me han dejado entre los muertos,
y estoy tendido como un cadáver en la tumba.
Soy olvidado,
estoy separado de tu cuidado.” (Salmo 88:3-5, NTV)
“Lloré hasta que no tuve más lágrimas;
mi corazón está destrozado.
Mi espíritu se derrama de angustia
al ver la situación desesperada de mi pueblo.
Los niños y los bebés
desfallecen y mueren en las calles.
 
Claman a sus madres:
«¡Necesitamos comida y bebida!».
Sus vidas se extinguen en las calles
como la de un guerrero herido en la batalla;
intentan respirar para mantenerse vivos
mientras desfallecen en los brazos de sus madres.” (Lamentaciones 2:11-12, NTV)
¿Sabíamos que podíamos hablarle a Dios de esa forma? Y es justo en ese punto, cuando podemos encontrarnos con Dios de una forma que nunca antes habríamos podido imaginar:
“Recordar mi sufrimiento y no tener hogar
es tan amargo que no encuentro palabras.
Siempre tengo presente este terrible tiempo
mientras me lamento por mi pérdida.
No obstante, aún me atrevo a tener esperanza
cuando recuerdo lo siguiente:
 
¡El fiel amor del Señor nunca se acaba!
Sus misericordias jamás terminan.
Grande es su fidelidad;
sus misericordias son nuevas cada mañana.
Me digo: «El Señor es mi herencia,
por lo tanto, ¡esperaré en él!».
 
El Señor es bueno con los que dependen de él,
con aquellos que lo buscan.
Por eso es bueno esperar en silencio
la salvación que proviene del Señor.
Y es bueno que todos se sometan desde temprana edad
al yugo de su disciplina:
 
que se queden solos en silencio
bajo las exigencias del Señor.
Que se postren rostro en tierra
pues quizá por fin haya esperanza.
Que vuelvan la otra mejilla a aquellos que los golpean
y que acepten los insultos de sus enemigos.
 
Pues el Señor no abandona
a nadie para siempre.
Aunque trae dolor, también muestra compasión
debido a la grandeza de su amor inagotable.
Pues él no se complace en herir a la gente
o en causarles dolor.” (Lamentaciones 3:19-33, NTV)
“Pero sigo orando a ti, Señor,
con la esperanza de que esta vez me muestres tu favor.
En tu amor inagotable, oh Dios,
responde a mi oración con tu salvación segura.
Rescátame del lodo,
¡no dejes que me hunda aún más!
Sálvame de aquellos que me odian
y sácame de estas aguas profundas.
No permitas que el torrente me cubra,
ni que las aguas profundas me traguen,
ni que el foso de la muerte me devore.
 
Contesta a mis oraciones, oh Señor,
pues tu amor inagotable es maravilloso;
cuida de mí,
pues tu misericordia es muy abundante.
No te escondas de tu siervo;
contéstame rápido, ¡porque estoy en graves dificultades!
Ven y rescátame,
líbrame de mis enemigos.” (Salmo 69:13-18, NTV)
Estoy consciente de que estas propuestas no satisfarán a muchos -sepan que cuando se cansen y el enojo y la frustración los quieran hacer desistir, siempre en la Palabra de Dios habrá agua viva nueva y fresca lista para ustedes-.  Hay decisiones concretas que deben tomarse y soluciones puntuales que debemos encontrar a los problemas que quedaron evidenciados.  Sin embargo, necesitamos urgentemente el tiempo de parar, lamentarnos, llorar y al contemplar a Aquel que sufrió hasta el extremo de la muerte por nosotros, podamos con renovadas fuerzas y esperanza, levantarnos mañana y dar un paso más hacia adelante…aunque cueste, aunque duela….porque valdrá la pena.

Lutero a la Teología de la Prosperidad


martinluteroEste año por todos es, o llegará a ser conocido al menos como una nota de prensa, que el 31 de octubre se marcarán 500 años desde que Martín Lutero clavó las 95 Tesis que marcarían el inicio de lo que hoy se conoce como la “Reforma Protestante” que dividió la iglesia occidental.  Para la causa protestante, este cisma y posterior reforma de la Iglesia, significó buscar asentar la vida, fe y práctica cristiana en 5 pilares íntimamente entrelazados entre sí:

  1. Sola Scriptura – solo la Escritura
  2. Sola fide – solo la fe
  3. Sola gratia – solo la gracia
  4. Solus Christus – solo Cristo
  5. Soli Deo gloria – solo a Dios la gloria

En el momento que Lutero clavó sus tesis, su intención original no fue partir la iglesia en dos, sino reformarla desde adentro, en concreto, reformar la mezquina práctica de la venta de indulgencias -certificados papales de perdón y remisión de pecados- que habían alcanzado un nivel insostenible bíblicamente por las implicaciones soteriológicas -relativas a la salvación de cada persona- que estas tenían.  La idea de las tesis era generar un robusto debate interno que condujera a enmendar el camino, pero por el milagro de la imprenta -y sin el conocimiento o aprobación de Lutero- las tesis se difundieron por toda Alemania y llegaron hasta la misma Roma.

Al ver la reacción negativa y visceral que generaron sus tesis, Lutero buscó aclarar más sus postulados y poder, a través del uso del idioma alemán, transmitir a sus lectores sus intenciones y razones de por qué cuestionaba esta práctica de venta y emisión de indulgencias, dado que no las encontraba en la Escritura.  Es por esta razón que en abril de 1518 publica su “Tratado sobre la indulgencia y la gracia” con el que buscaba traer mayor claridad al debate y donde termina, de manera magistral, exponiendo el grave error de las indulgencias en contraposición con la doctrina bíblica de la gracia y la Cruz.

Cuando uno lee este tratado con ojos de cristiano evangélico viviendo en Guatemala en el año 2017, no puede dejar de hacerse el paralelo con lo que sin mayor dificultado podríamos hoy calificar como las “indulgencias modernas” del falso “evangelio” de la prosperidad.  En esencia, la relación transaccional entre los hombres y Dios que propone la teología de la prosperidad (salud/prosperidad/felicidad a cambio de ofrendas/diezmos/pactos) es muy similar a la que a inicios del siglo XVI planteaba la propuesta de las indulgencias.  Si caemos en cuenta de que el propósito de los fondos generados para las indulgencias que predicadores como el dominico Juan Tetzel vendían eran para financiar la construcción de la basílica de San Pedro en Roma, no podemos dejar de ver la extraña coincidencia con los grandes proyectos para la construcción de templos y auditorios que usualmente van atados a las promesas de prosperidad que se ofrecen a cambio de las ofrendas/diezmos/pactos de las iglesias evangélicas modernas.

Lutero dijo sobre esto mucho en su “Tratado sobre la indulgencia y la gracia”.  Reproduzco aquí algunos párrafos para que podamos reflexionar sobre las ideas de Lutero y lo que implican hoy para nosotros, 499 años después de su publicación:

“13. Es un error mayúsculo querer satisfacer uno por sus pecados, cuando Dios los perdona sin cesar gratuitamente por su inestimable gracia y sin ninguna exigencia a cambio, a no ser la de que en adelante se lleve una vida buena. La cristiandad exige algunas cosas; también puede remitirlas y no imponer nada que resulte difícil e insoportable.
 
14. La indulgencia se ha autorizado en atención a los cristianos imperfectos y perezosos, que no quieren ejercitarse con valentía en las buenas obras, o a causa de los rebeldes. Como la indulgencia no anima a nadie a enmendarse, sino que más bien tolera y autoriza su imperfección, no se debe hablar en contra de la indulgencia, pero tampoco hay que aconsejársela a nadie.
 
15. Obraría mucho mejor quien diese algo puramente por amor de Dios para la fábrica de San Pedro o para otra cosa, en lugar de adquirir a cambio una indulgencia. Porque se corre el peligro de hacer tal donativo por amor a la indulgencia y no por amor a Dios.
 
16. Es mucho más valiosa la limosna dada al indigente que la otorgada para este edificio; incluso es mucho mejor que la indulgencia conseguida a cambio. Porque, como ya se ha dicho, vale mucho más una obra buena cumplida que muchas menospreciadas. Con la indulgencia, o se prescinde de muchas obras buenas o no se consigue la remisión de nada. Fijaos bien en lo que os voy a decir para instruiros como es debido: antes de nada (y sin tener en cuenta al edificio de San Pedro y a la indulgencia), si quieres dar algo, tienes que dárselo al pobre. Si ocurre que en tu ciudad no hay nadie necesitado de socorro (lo que si Dios quiere nunca sucederá), entonces, si así lo deseas, podrás dar para iglesias, altares, ornamentos, cálices de tu ciudad. Si esto no fuere necesario al presente, y si te parece, podrás dar para la fábrica de San Pedro o para lo que sea. Pero ni en este caso deberás hacerlo para ganar la indulgencia, porque declara san Pablo: «Quien no cuida de los miembros de su familia no es cristiano, es peor que un pagano» . En fin, para expresar paladinamente mi pensamiento: quienquiera que te hable de otra manera te está induciendo al error o anda buscando tu alma dentro de tu bolsillo, y si en él encontrara peniques, los preferiría a todas las almas. Si dices que no volverás a comprar indulgencias, te respondo: «ya lo he dicho antes; mi voluntad, mi deseo, mi ruego constante y mi consejo es que nadie compre la indulgencia. Deja que los cristianos perezosos y amodorrados las compren; tú sigue tu camino».
 
17. La indulgencia no está recomendada ni aconsejada: entra dentro de las cosas autorizadas y permitidas. Por este motivo, no es una obra de obediencia, ni incluso meritoria, sino una evasión de la obediencia. Por lo tanto, aunque no se deba prohibir a nadie que las adquiera, se debería alejar de ellas a todos los cristianos y estimularlos a cambio a que se fortificasen precisamente por las obras y las penas que remite la indulgencia.”
Como mínimo, la reflexión sobre estos párrafos es obligatoria, no solo para entender el por qué de la Reforma que estamos celebrando este año, sino también para darnos cuenta de la necesidad continua que tenemos de revisar nuestros paradigmas y nuestras inclinaciones a cometer los mismos errores que pusieron a la iglesia en una posición muy débil en el siglo XVI y que obligaron a un fuerte cisma para buscar regresarla a su confianza plena en Cristo, la Cruz, el Evangelio y la Palabra de Dios.
Como bien lo afirmó Lutero en su tesis número 62:
“El tesoro verdadero de la iglesia consiste en el sacrosanto evangelio de la gloria y la gracia de Dios;”

María Chula, Orwell, Hayek y la Libertad que está en Riesgo


“La intención era formar un lenguaje, sobre todo el que versaba sobre materias no neutrales ideológicamente, tan independiente como fuera posible de la conciencia.” (George Orwell, “1984”)

newspeak_2.jpgEstamos enfrentando en Guatemala una crisis sin precedentes.  La reciente polémica desatada por las acciones de CODISRA contra la empresa María Chula, al obligarla a ofrecer una disculpa pública por la marca a través de la cual venden ropa para mujeres inspirada en los diseños “típicos” -entendiendo por típico, los diseños tradicionales de ropa utilizados principalmente por personas, hombres y mujeres, de ascendencia maya-. A pesar de que la denuncia penal que presentó CODISRA quedó desestimada luego de la acción conciliatoria con María Chula y la empresa no está obligada a cambiar el nombre o dejar de operar, queda sentado un precedente peligroso para el futuro en Guatemala que atenta contra varias libertades fundamentales de los ciudadanos.

Lo primero que preocupa que que CODISRA, la Comisión Presidencial contra la Discriminación y el Racismo de los Pueblos Indígenas en Guatemala, sea precisamente eso, una entidad que actúa bajo autoridad presidencial y por ende, difícilmente sea sujeta las mismas exigencias y cuestionamientos que realizan en contra de sus acusados.  Por el otro lado, es importante que de ahora en adelante no nos refiramos a la institución con su nombre abreviado, porque al usar el nombre de esa manera, nos cuesta realmente pensar en qué realmente es esta institución y los riesgos que esta puede presentar dada la autoridad con la que está investida.  George Orwell, en su utopía negativa titulada  “1984” nos explica claramente el por qué el uso de las abreviaturas es ventajoso para quienes ostentan el poder y peligroso para quienes no piensan más allá del nombre corto o simplificado de las instituciones o ideas:

“La finalidad no era sólo ganar tiempo.  Incluso en las primeras décadas del siglo veinte, las palabras y frases abreviadas habían sido uno de los rasgos característicos del lenguaje político y era notorio que la tendencia a usar abreviaturas de este tipo era más marcada en países y organizaciones totalitarias.  Ejemplos de ello son palabras tales como Nazi, Gestapo, Comintern, Inprecorr y Agitrop.  Al principio esta práctica se había adoptado instintivamente, pero en neolengua se utilizaba con un propósito consciente.  Habían observado que abreviando un nombre se estrechaba y alteraba sutilmente su significado, perdiendo la mayoría de asociaciones de ideas que de otra manera habría mantenido. 

/…/

“Esta era la razón del hábito de abreviar siempre que fuera posible, así como también el casi exagerado cuidado que dedicaban a facilitar la pronunciación de las palabras.  En neolengua, la obsesión de la eufonía pesaba más que cualquier otra consideración, salvo la exactitud del significado.  Si era necesario, siempre se sacrificaba la regularidad de la gramática en aras de la eufonía.  Y con razón, ya que lo que se requería, sobre todo por razones políticas, eran palabras cortas y de significado inequívoco que pudieran pronunciarse rápidamente y que despertaran el mínimo de sugerencias en la mente del parlante.”

Piensen solamente en lo fácil que es decir LGBT y lo pesado que es decir “Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales”.  Es lo mismo, pero no es igual.  De la misma forma, en la abreviatura “CODISRA” vemos escondida la palabra “presidencial” y vemos una definición de la palabra “indígena” implícita en el nombre y propósitos de la organización que debe preocuparnos.

En principio, el hecho de que la comisión sea “presidencial”, asume que quien comisiona, o sea, el presidente de la república, debe tener algo que decir al respecto de esta situación y a la fecha, no se pronuncia.  Por el otro lado, la comisión busca defender a los “indígenas”.  ¿Qué significa esto?

El matiz de la organización es la defensa específicamente de las personas de ascendencia maya, garífuna y/o xinca.  Sin embargo, ¿es esta la definición de la palabra “indígena”? Veamos cómo define la palabra “indígena” el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua:

indígena

Del lat. indigĕna.

1. adj. Originario del país de que se trata

Bajo esta definición -la oficialmente adoptada y aceptada por todos los países de habla hispana- “indígenas” de Guatemala somos todas las personas –independiente de etnia- que hayamos nacido en el país.  De esa cuenta, el mandato presidencial de la Comisión Presidencial contra la Discriminación y Racismo contra los Pueblos Indígenas en Guatemala debe atender a todos, incluyendo a los ladinos y a todos aquellos no-mayas, no-garífunas y/o no-xincas a quienes se les agrupa bajo la designación -tipificable de “discriminatoria” bajo los estándares que este precedente busca establecer- de “CANCHES”.

Adicional a esto, existe un problema filosófico con hablar de “pueblos indígenas”.  En realidad, no existe tal cosa. Existen “personas indígenas”, por lo que cada caso de discriminación es, por definición, individual y debe tratarse como tal.  Hablar en nombre de los “pueblos indígenas” es asumir mucho de lo que cada persona piensa y siente, y por ende se anula su identidad individual al colectivizarlos y despersonalizarlos.

En este respecto, Hayek nos ayuda mucho con su libro “La Fatal Arrogancia”  cuando traba en el capítulo 7 el espinoso tema de “Nuestro Envenenado Lenguaje”.

“Ahora bien, aplicar un mismo apelativo a realidades tan dispares como el compañerismo de individuos en constante contacto personal y la estructura formada por millones de personas conectadas entre sí tan sólo por las señales emitidas por una larga e infinitamente ramificada cadena de relaciones mercantiles no sólo constitute un error de apreciación, sino que, lo que es más grave, implica también una mera argucia orientada a disimular el intento de moldear el orden extenso según los cánones establecidos por ese instintivo compañerismo que tan grato nos resulta.  Bertrand de Juvenel ha descrito así esa instintiva nostalgia por el grupo de reducida dimensión: <<Se trata del primer ambiente que hemos encontrado en nuestras vidas y que, por tal razón, sigue pareciéndonos atractivo en extremo; pero todo intento de introducir en una sociedad moderna cualquier concreto aspecto del mismo es utópico y conduce a la tiranía.>>”

La demanda interpuesta -y ya desestimada- por CODISRA es entonces peligrosa por ser colectivista y cae entonces en el error de contradecirse a sí misma porque acusa a María Chula de lo mismo, de anular la identidad individual de las mujeres mayas al aducir que a todas se les trata de manera discriminatoria con el uso de “María Chula” en el curso de las relaciones diarias -extremo que debe evidenciarse con pruebas concretas.

Por el otro lado, existe un peligro cuando en materia legal y de acusaciones tan fuertes y de impacto penal como las de racismo y discriminación, se procede a pre-juzgar intenciones que escapan lo que la evidencia concreta muestra.  No se demostró de manera fehaciente y con evidencias objetivas que la empresa en cuestión tuviese intenciones de discriminación y/o racismo, sino se asumió la intención para presentar de esa manera la denuncia ante el Ministerio Público.  Eso es muy peligroso.

Aquí es donde la libertad de expresión y la de conciencia entran a peligrar.  Si se nos juzgará por nuestras intenciones por este tipo de organizaciones que trabajan bajo mandato presidencial, no es descabellado pensar en una eventual persecución a todas aquellas personas que piensen diferente del “regimen”.  Incluso, la libertad de religión entraría en juego porque podrían considerarse discriminatorias palabras como “pecado”, “pagano”, “falso”, entre otras que dentro de la esfera de la actividad privada -y por privada no me refiero a estrictamente “individual”- de las comunidades de fe.

Adicional a esto, es evidente también el atentado a la libertad de empresa y de comercio.  Desde hace tiempo, se ha buscado limitar la libertad de empresa en relación a la comercialización de las telas con motivos mayas y sobre todo, limitar los procesos de valor agregado que empresas como María Chula y muchas otras en Guatemala están realizando.  Por el otro lado, al atacar a estas empresas, no se revisa también las acciones legalmente cuestionables de utilizar -usando técnicas antiguas de tejido o de elaboración de artesanías y piñatas- personajes de otras culturas sin las licencias respectivas, lo que pareciera indicar una doble moral en la aplicación de criterios.

Es un tema sumamente complejo y hemos estar conscientes de las consecuencias a largo plazo de cada decisión que se tome en casos como estos.  Los precedentes que se sientan son importantes y tienen repercusión para cada persona en nuestra sociedad.

¿Existe discriminación en Guatemala? ¡Sí! ¿Existen acciones de corte racista en contra de personas de distintas etnias? ¡Sí! No podemos negar este problema y debemos atacarlo de manera decisiva, firme y frontal.  No hay soluciones fáciles y en todos los caminos, el diálogo humilde y considerado para todos es esencial. Sin embargo, hemos de hacerlo bajo criterios claros de justicia, con el uso de la razón y midiendo siempre el impacto a largo plazo de cada acción procurando siempre que nunca se menoscabe la dignidad de cada persona y sus derechos fundamentales de vida, libertad y propiedad.

De por qué a veces algunos elegimos cambiar de iglesia


country-churchHace poco tiempo el blog de Coalición por el Evangelio publicó un artículo titulado “5 razones por las que es tan doloroso para un pastor perder a un miembro de su iglesia”[1], originalmente publicado en inglés por Thom Rainer.

El artículo invita a los lectores a tratar de entender la parte humana de los pastores y cómo el perder personas tiene, aunque no siempre nos demos cuenta o los mismos pastores no admitan, un impacto personal y emocional que en algunos casos puede ser muy doloroso.  Las 5 razones que el artículo da son:

  1. Se siente como rechazo personal.
  2. Relaciones desarrolladas.
  3. Ha invertido mucho tiempo.
  4. Preocupación por el estado de ánimo general de la iglesia.
  5. Existe el temor de que otros lo sigan.

Es importante entender que este sitio y el contenido que de allí se genera está normalmente escrito por y para pastores o líderes de las iglesias.  Entender esto es crucial para poder reaccionar de una manera contextualizada al mismo y no adelantarse a conclusiones que puedan confundir o dañar.

Sin embargo, considero importante también que en temas como estos que tienen que ver con relaciones entre personas (pastor-miembros, ancianos-miembros, miembros-miembros), exista apertura en considerar también la contra parte.  Es importante entender no solo los efectos en la vida personal de un pastor cuando pierde a un miembro de la iglesia que lidera, sino también es importante entender la causas que llevaron a una persona o familia a cambiar iglesia, así como los efectos que genera un cambio de congregación.

También se debe reconocer que en el contexto consumista que vivimos y la gran cantidad de opciones para encontrar algún tipo de sosiego espiritual entre las personas, el fenómeno de saltar de iglesia en iglesia es un problema real que debe tratarse de manera frontal y honesta.  Aun así, considero que existen razones legítimas por las cuales algunas personas optamos, luego de años de membresía y servicio, hacer un cambio de congregación.

Voy a plantear las razones bajo el mismo esquema de las 5 razones dadas por Rainer:

  • Es una respuesta al rechazo personal: En un mundo que masifica a las personas y las reduce a categorías como la clase socioeconómica, la “generación” a la que pertenecen, o alguna otra generalización, la posibilidad de ser conocido personalmente y conocer personalmente al liderazgo de la iglesia o a otros miembros se ha ido reduciendo. Los modelos nuevos de “hacer iglesia” –multi-sitio, virtualización de los servicios de adoración, la deshumanización de los predicadores al elevarlos al status de celebridades, etc.- han afectado la capacidad de formar relaciones cercanas y de afecto.  Esto hace que algunas personas puedan llegar a sentirse rechazadas por una iglesia –y por extensión, su liderazgo- que pareciera no ser acogedora, humana y cercana.  La relación entre miembro-iglesia se convierte transaccional…bienes espirituales a cambio de diezmos y ofrendas.
  • No se desarrolló una relación: Esta razón se desprende de la primera. Al diseñar los cultos de adoración alrededor de un paradigma de consumo, la capacidad de las personas de conectar entre sí y con los distintos ministerios y líderes en la congregación, se ve reducida al modelo transaccional.  Aunque en el fondo, la gran mayoría de las personas va en busca de una comunidad en donde crecer y sentirse fortalecida, el paradigma bajo el cual se opera hoy dificulta eso.  Muchos auditorios son obscuros, existe poco tiempo y/o espacio para socializar, las familias son separadas los domingos –los niños y jóvenes se ven como obstáculos para los adultos y se les relega a un segundo plano- y las oportunidades para servirse unos a otros no siempre están abiertas a todos.  Esto sumado a una cultura consumista que valora lo instantáneo en lugar de los procesos y no da lugar a la paciencia, impacta en la posibilidad de entablar relaciones de largo plazo que fortalezcan los vínculos con la organización y su liderazgo.
  • No se invierte tiempo: El alto valor por lo instantáneo ha empujado a muchas iglesias hacia un modelo pragmático que ha cambiado la homiléctica por un estilo de conferencias motivacionales que entregan una lista de tips o recetas para alcanzar resultados inmediatos en el caminar espiritual. La lentitud y complejidad de los procesos humanos e individuales se rechaza y en ese rechazo, se pierden las posibilidades de generar genuina amistad, afecto y compromiso los unos con los otros.
  • Preocupación por el estado de ánimo de cada persona: Cuando la cultura nos masifica, la iglesia local tiene el potencial de convertirse en un bastión para recuperar la individualidad. La doctrina del Imago Dei nos invita a valorar a cada individuo con quien tenemos relación de manera profunda.  Los modelos actuales de iglesia no necesariamente conducen a eso.  Normalmente la respuesta de las iglesias a este clamor del as personas por ser conocidas y cuidadas de manera personal e individual es generar más y más programas y/o ministerios.  Se desconecta al pastor de la congregación colocando un sinnúmero de actividades, seminarios, programas y demás que parecieran simular una especie de fábrica en donde se mete a todas las personas a través de diversos procesos para convertirlos en los miembros ideales de cualquier iglesia hoy: los que no molestan y diezman regularmente.  El estado de ánimo individual pasa a segundo plano y eso genera problemas que pasan grandes facturas después cuando esos sentimientos embotellados explotan.
  • Existe el temor de que otros lo sigan: Este es quizás el peor estigma con el cual sale una persona que decide cambiarse de iglesia con su familia, especialmente si su perfil es relativamente alto. Se le tilda de problemático, divisor, rebelde y encima se le acusa de querer llevarse a otros.  No se debe negar que esto ha sucedido en algunas ocasiones cuando la causa raíz de salir de una iglesia es la sed de poder, pero estos casos son los menos.  La mayoría salen para buscar lo que no encontraron allí, ya sea en el contenido del mensaje o en el sentimiento de pertenencia y comunidad que buscaban.

El problema del cambio de iglesia y falta de compromiso es real, pero debe abordarse de manera integral.  Las iglesias se construyen como un trabajo en conjunto en familia, con gracia, sujeción mutua y la genuina búsqueda del bien común.  Cada persona verdaderamente vale y es infinitamente importante.  En la medida en que pastores y miembros entendamos esto, en esa medida lograremos construir no solo comunidad, sino incluso, institucionalidad en medio de una cultura cada vez más egoísta, aislada y solitaria.

[1] https://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/5-razones-por-las-que-es-tan-doloroso-para-un-pastor-perder-a-un-miembro-de-su-iglesia

El Arco Iris es una Oportunidad


rainbow-stretching-hilly-forest-mountains-638x0_q80_crop-smartEsta semana el Ministerio Público de Guatemala causó gran conmoción en el país al colocar en su sede, a la par del pabellón de Guatemala y la bandera de dicho ministerio, una bandera de arco iris en apoyo a las iniciativas en contra de la discriminación de personas con preferencias sexuales no heterosexuales.

A través de un comunicado en Twitter con fecha 19 de junio, y luego en respuesta a la solicitud de organizaciones evangélicas de retirar dicha bandera, el MP dio muestras claras de la línea de pensamiento que están siguiendo.  Es claro que Guatemala ha cambiado.  Vivimos en una sociedad pos-moderna y más allá de pos-moderna, pos-cristiana, en donde los paradigmas tradicionales y la “moral y buenas costumbres” que se daban por sentado, han sufrido fuertes modificaciones que van en línea con las grandes tendencias sociales a nivel global.

La reacción evangélica no se hizo esperar.  Tanto la Alianza Evangélica de Guatemala a través de sus redes sociales, como otro colectivo evangélico denominado como “Coordinadora Evangélica Nacional” hicieron un fuerte y firme llamado al MP para el retiro de la famosa bandera.  Como quedó evidenciado el día de hoy, la respuesta fue un simple y sencillo “NO”.

Quizás lo más curioso de todo este tema en cuanto a la reacción evangélica es la ausencia de líderes individuales o iglesias específicas que alzaran su voz en relación al tema.  Se cubrieron detrás de colectivos despersonalizados que con los que se pretende dar muestras de fuerza, pero al final, para deshumanizando la causa por el evidente poco compromiso que requiere cobijarse bajo una sombrilla institucional colectiva.

Estamos cayendo en la trampa de abrazar un “evangelio activista” que confunde la proclamación del Evangelio con abrazar causas sociales polémicas como la oposición al mal llamado “matrimonio homosexual” o el terrible asesinato de niños no nacidos a través del aborto, y entonces ofrecemos condena sin esperanza, sin propuesta y sin disposición de abrir la puerta de la iglesia a quienes más lo necesitan.  Esta, al final es la contra-reacción natural al “evangelio silencioso” que por tantos años hemos vivido y que aún en algunas congregaciones se predica, en donde la iglesia se atrinchera, crea su propia burbuja de “pureza y santidad” y se retira de alzar su voz profética al mundo, llamándolo al arrepentimiento y la fe.

La pregunta clave es, ¿entonces qué debemos hacer? La bandera del arco iris sigue estando allí, la presión por apoyar ciertas leyes que distorsionan el orden moral diseñado por Dios y claramente establecido en la Biblia es más fuerte que nunca. ¿Cómo encaramos el tema de una manera que honre a Dios, que se pare firme con la verdad y a la vez, que demuestre amor, gracia y humildad a una Guatemala que no es el “país cristiano” que llegamos a creer que era.

En primer lugar, creo que algo que debemos recordar como cristianos siempre es lo que para nosotros significa el arco iris.  El pacto que hizo Dios con Noé va mucho más allá de la promesa de no destruir la Tierra nuevamente con un diluvio:

“Después Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: «Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra. Todos los animales de la tierra, todas las aves del cielo, todos los animales pequeños que corren por el suelo y todos los peces del mar tendrán temor y terror de ustedes. Yo los he puesto bajo su autoridad. Se los he dado a ustedes como alimento, como les he dado también los granos y las verduras; pero nunca deben comer de ninguna carne con su vida, es decir, que aún tenga sangre.
»Yo exigiré la sangre de cualquiera que le quite la vida a otra persona. Si un animal salvaje mata a una persona, ese animal debe morir; y cualquiera que asesine a otro ser humano debe morir. Si alguien quita una vida humana, la vida de esa persona también será quitada por manos humanas. Pues Dios hizo a los seres humanos a su propia imagen. Ahora sean fructíferos y multiplíquense, y vuelvan a poblar la tierra».
Entonces Dios les dijo a Noé y a sus hijos: «Ahora mismo, yo confirmo mi pacto con ustedes y con sus descendientes, y con todos los animales que estuvieron en la barca con ustedes —las aves, los animales domésticos y todos los animales salvajes—, con toda criatura viviente sobre la tierra. Sí, yo confirmo mi pacto con ustedes. Nunca más las aguas de un diluvio matarán a todas las criaturas vivientes; nunca más un diluvio destruirá la tierra».
Entonces Dios dijo: «Les doy una señal de mi pacto con ustedes y con todas las criaturas vivientes, para todas las generaciones futuras. He puesto mi arco iris en las nubes. Esa es la señal de mi pacto con ustedes y con toda la tierra. Cuando envíe nubes sobre la tierra, el arco iris aparecerá en las nubes y yo me acordaré de mi pacto con ustedes y con todas las criaturas vivientes. Nunca más las aguas de un diluvio volverán a destruir a todos los seres vivos. Cuando yo vea el arco iris en las nubes, me acordaré del pacto eterno entre Dios y toda criatura viviente sobre la tierra». Entonces Dios le dijo a Noé: «Este arco iris es la señal del pacto que yo confirmo con todas las criaturas de la tierra».” (Génesis 9:1-17, NTV)
Cuando leemos el pacto completo, vemos al menos los siguientes puntos:
  1. Una férrea defensa de la familia y la procreación.
  2. Una clara defensa de la vida humana y condena de cualquier ataque contra la misma.
  3. Una reafirmación del Imago Dei y lo que eso implica para la dignidad y respeto de toda persona humana.
  4. Una reafirmación también de que el juicio y la venganza son de Dios y que Él rectificará toda injusticia.
  5. Una señal de esperanza para el futuro construida sobre la continuidad de la vida en la Tierra y el continuo recuerdo a través de la señal del arco iris.

A la luz de esto, el pacto de Dios con Noé no solo es una promesa para nuestro beneficio, sino también es un llamado a nosotros de contribuir en el florecimiento de toda persona humana y la creación de una sociedad que permita ese florecimiento.  Esta es la razón por cual como cristianos profesamos una fe exotérica, o sea, una fe que se extiende y se vuelva hacia el otro, buscando no solo su salvación espiritual, sino el cuidado, respeto y valoración de su integridad en tanto persona creada a imagen y semejanza de Dios.

En este sentido, el significado del arco iris no ha cambiado.  Es un constante recordatorio cada vez que lo vemos en el cielo y ayuda a anclar nuestra esperanza en un futuro que, si somos honestos, muy probablemente se ponga peor antes de que se ponga mejor.  Pero los cristianos somos personas de esperanza. Es por esto que seguimos plantando iglesias, por la que seguimos evangelizando, por la que seguimos contrayendo matrimonio y por la que seguimos perpetrando la acción más subversiva a la cultura que nos rodea hoy: seguimos teniendo hijos.  Pocas cosas expresan la fe y esperanza que tenemos en Dios y en futuro que Él nos ha prometido que el tener, proteger y criar a nuestros hijos anclados en la gracia de Dios, el Evangelio y la Palabra.  Esto es subversión por excelencia, rebeldía al mundo “ensimismado”, a las burbujas individualistas pos-modernas, anti-humanas y faltas de esperanza…razón por la que su grito de guerra es “¡solo se vive una vez! (#YOLO)“.

Ahora, esto lo vivimos a la luz de una realidad muy dura y cruda.  ¡Las cosas no están bien! El corto circuito de las falsas enseñanzas del herético evangelio de la prosperidad y el moralismo deísta terapéutico que hoy se pregonan desde tantos púlpitos han hecho que olvidemos, o al menos no queramos recordar, las palabras de Jesús cuando dijo:

“—¿Por fin creen? —preguntó Jesús—. Pero se acerca el tiempo —de hecho, ya ha llegado— cuando ustedes serán dispersados, cada uno se irá por su lado y me dejarán solo. Sin embargo, no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.” (Juan 16:31-33, NTV -énfasis agregado-)

Estas palabras, dichas como antesala a la traición de Judas, el cobarde abandono de TODOS los discípulos cuando huyeron en Getsemaní y la posterior negación de Pedro (sin contar las dudas de Tomás y de todos los que dudaron en el momento de la Ascensión…), nos evidencian que la vida cristiana se vive y se construye en medio de la adversidad y no necesariamente en medio de la bonanza.

En palabras de uno de los padres de la Iglesia del siglo 2, Tertuliano: “La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos.”

Esta realidad es necesario entenderla porque el camino que estamos recorriendo en Guatemala está bastante empedrado y es un camino en donde encontraremos muchísimas frustraciones que desde una errada “teología de la gloria” , amparada más en “cambio de actitud” y “sembrar principios y valores” (sin definirlos…), nos dejará sin marco de referencia para enfrentar los sufrimientos propios de la vida cristiana fiel y valiente ante culturas agresivamente adversas e intolerantes al cristianismo como la que estamos empezando a vivir.

Para esto, Vincent Bacote, teólogo y profesor de la Universidad de Wheaton, nos recuerda en su libro “The Political Disciple: A Theology of Public Life” (“El Discípulo Político: Una Teología de la Vida Pública”) que hemos de mantener una postura humilde ante la evidente desesperanza y frustración que experimentaremos al ver que las cosas no suceden como queremos:

“Los cambios que anhelamos para nuestra sociedad no son los únicos cambios que suceden.  Así como hay cambios que no suceden lo suficientemente rápido, otros llegan más rápido de lo que quisiéramos y otros suceden que hubiésemos querido que no sucedieran.”

“…la mayoría de cambios en la sociedad suceden mucho más lento de lo que reconocemos…”

“…la frustración común acerca del lento ritmo del cambio revela una importante verdad teológica: los ecos de la caída están a nuestro alrededor y rutinariamente sabotean nuestras mejores intenciones, ya sean personales, públicas o políticas.”

“Debemos estar claros en que el pecado va más allá de lo personal; tiene manifestaciones estructurales que dejan afianzado el mal o lo introducen nuevamente en la vida pública.”

“…debemos encarar la dura verdad de que no podemos manejar fácilmente la dirección de la sociedad (aún si alcanzamos a tener gran poder), y que no siempre podemos discernir el mejor camino hacia una buena sociedad.”

“Sería un error decir simplemente que debemos lanzarnos con la victoria total en mente como si la respuesta apropiada es redoblar esfuerzos en nuestra misión pública.  Debemos dar la cara ante la angustia que viene con la participación pública.  Es importante decir la verdad acerca de esto y a la luz de esto, considerar cómo movernos hacia adelante y avanzar.”

Sin embargo, Bacote no nos deja en el aire.  Nos recuerda que en la Biblia existe un cuerpo de literatura completo dedicado a darnos avenidas y caminos para poder expresar y lamentar esa frustración que es natural en la vida en un mundo caído con personas caídas:

“Propongo la práctica del lamento ante la frustración que es propia de la práctica de encarar la vida pública porque esta es una forma en que los cristianos pueden agresivamente decir la verdad acerca del quebrantamiento del corazón que el mundo a nuestro alrededor nos genera.”

Dos ejemplos de esto:

“Mi vida está llena de dificultades,
y la muerte se acerca.
Estoy como muerto,
como un hombre vigoroso al que no le quedan fuerzas.
Me han dejado entre los muertos,
y estoy tendido como un cadáver en la tumba.
Soy olvidado,
estoy separado de tu cuidado.” (Salmo 88:3-5, NTV)
Lloré hasta que no tuve más lágrimas;
mi corazón está destrozado.
Mi espíritu se derrama de angustia
al ver la situación desesperada de mi pueblo.
Los niños y los bebés
desfallecen y mueren en las calles.
 
Claman a sus madres:
«¡Necesitamos comida y bebida!».
Sus vidas se extinguen en las calles
como la de un guerrero herido en la batalla;
intentan respirar para mantenerse vivos
mientras desfallecen en los brazos de sus madres.” (Lamentaciones 2:11-12, NTV)
Si nos atrevemos a clamar a Dios con este nivel de honestidad, podemos perseverar en la batalla al colocar continuamente en manos de Dios cargas que no podemos llevar y que si intentamos llevarlas solos nos llevarán a la depresión e incluso, al abandono de la fe y esperanza.  Debemos aprender a lamentar honestamente delante de Dios…la Biblia nos invita a hacerlo, nos permite hacerlo y nos enseña como.
La práctica del lamento nos llevará también a poder ver la transformación que buscamos en nuestra sociedad de manera cruciforme, entendiendo que la vida pública, para quienes deciden entrar como cristianos en este terreno y quienes buscan vivir fielmente sus vocaciones en toda área de la sociedad de manera fiel a Dios, involucrará sufrimiento aún en medio de que lo que se persigue para nuestra sociedad es el elusivo bien común.
El camino no es el de copar las estructuras de poder, de pararnos en la cima de los 7 montes, sino el camino del servicio, del amor y del sacrificio.  C.S. Lewis, en uno de los ensayos incluidos en su libro “Dios en el Estrado” (“God in the Dock“) nos advierte:
“De todas las tiranías, una tiranía ejercida por el bien de sus víctimas puede ser la más opresiva.  Será mejor vivir bajo el yugo de opresores corruptos que bajo entrometidos morales omnipotentes.  La crueldad del corrupto podrá en ocasiones dormir, su hambre podrá en algún punto saciarse; pero aquellos que nos atormentan por nuestro propio bien nos atormentarán sin cesar sintiéndose aprobados por su propia consciencia.  Es posible que se vayan al cielo y al mismo tiempo hacer de la Tierra un infierno.  Esta misma bondad arte como un intolerable insulto.  El ser “curado” contra mi propia voluntad de estados que no consideramos patológicos es ser colocado al nivel de aquellos que aún no alcanzan la edad para razonar o aquellos que nunca lo harán; es ser clasificado con los infantes, imbéciles y animales domésticos.” (Cita original en inglés aquí)
¿Qué hacemos entonces? La propuesta es la persecución de la santidad pública en nuestra activa y perseverante participación pública y política.  Es revelar al mundo la belleza de la santidad de Dios a través de la humildad, la gracia y el amor que acompañan la firme declaración, afirmación y defensa de la verdad.  En palabras de Vincent Bacote:
“La santificación no se opone a apasionadas expresiones de la verdad o incluso de indignación, pero hemos de tener cuidado de asociar de manera inmediata nuestras fuertes expresiones retóricas con la forma más pura y cristalina del discurso divino.  Mi punto no es que nunca debemos hablar con pasión sino que no podemos olvidar nuestro mandamiento a amar a nuestros enemigos, aún cuando estamos “defendiendo la verdad”.  Nuestro compromiso con la verdad, e incluso nuestra indignación con la injusticia y la maldad, no son suficientes para excusarnos de recordar que aún nuestro mayor enemigo merece nuestro respeto.  Dicho de otra forma, no podemos presumir como trofeo la ofensa de otros bajo la excusa de que nosotros estamos de lado de la verdad y ellos no.  Incluso, debemos considerar también si esa búsqueda por ser perseguidos o por algún tipo de “martirio” en nombre de la verdad es más de ensalzarnos a nosotros mismos en lugar de adorar al Dios trino.  La “santa indignación” puede ser una manera de expresar nuestra santificación, pero nuestro discurso será el que identifique la verdad mientras permanecemos comprometidos a amar a nuestro prójimo.
La santidad no debe quedarse encerrada en las cámaras profundas de corazones piadosos sino desplegada en los dominios públicos del hogar, la escuela, la cultura y la política.  Ya que continuamos esperando el día en que Cristo traiga todo de vuelta al orden apropiado, nos encontraremos con que nuestro camino hacia la santificación será un constante desafío.  Aún así el Espíritu nos llama a escuchar Su voz y rendirnos a Su poder.  Si atendemos este llamado y continuamos en el camino de la transformación, nuestra práctica privada y pública producirá más asombro que exasperación, y aún nuestros enemigos verán que estamos actuando como aquellos que se están convirtiendo en seres humanos.”
Perseveremos.  Luchemos. Hablemos la verdad. Sobre todo, hablemos y proclamemos la esperanza del Evangelio.  Pero en ese camino y proceso, amemos, sirvamos y sacrifiquémonos en favor del otro, aún si este no lo quiere, no lo pide y nos insulta en el proceso.  Así lo hizo Jesús por cada uno de nosotros, así lo hicieron los cristianos que murieron atendiendo a enfermos durante las grandes plagas, así lo hizo Lutero cuando se quedó en Wittenberg sirviendo a otros durante la peste negra…y fue en ese momento que leyó el Salmo 46:
“Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza;
siempre está dispuesto a ayudar en tiempos de dificultad.
Por lo tanto, no temeremos cuando vengan terremotos
y las montañas se derrumben en el mar.
¡Que rujan los océanos y hagan espuma!
¡Que tiemblen las montañas mientras suben las aguas 
Un río trae gozo a la ciudad de nuestro Dios,
el hogar sagrado del Altísimo.
Dios habita en esa ciudad; no puede ser destruida;
en cuanto despunte el día, Dios la protegerá.
¡Las naciones se encuentran en un caos,
y sus reinos se desmoronan!
¡La voz de Dios truena,
y la tierra se derrite!
El Señor de los Ejércitos Celestiales está entre nosotros;
el Dios de Israel es nuestra fortaleza.” (Salmo 46:1-7, NTV)
Fue con ese Salmo en su mente y corazón que escribió el himno que debería ser hoy nuestro himno, “Castillo Fuerte es Nuestro Dios”.
Maranatha!

La Iglesia y los Políticos


lightstock_240487_medium_tgc(Este artículo lo escribí originalmente para Revista Actitud, y está disponible aquí)

La coyuntura actual de Guatemala, especialmente después del famoso abril de 2015, ha sacado a la luz varios casos de relativo alto perfil en donde se ve lo complejo y desafiante que es para las iglesias administrar su relación con miembros de la congregación que ocupan cargos públicos, especialmente cargos de alto perfil y/o visibilidad.

Existe la tentación, natural en todo ser humano y organización conformada por seres humanos, de dejarnos seducir por el poder, especialmente el poder político o que genera “influencia” sobre otros.  En sociedades presidencialistas o casi estatistas como la nuestra, se idolatra casi todo lo que tiene que ver con el gobierno.  No es de extrañarnos entonces que esto genere problemas en mantener relaciones sanas con miembros de la iglesia que luego de una elección y casi de la noche a la mañana, pasan de ser “simples mortales” a líderes poderosos e influyentes.

La tentación de incorporar a estas personas al “círculo íntimo” del pastor, cederles espacio en el púlpito e incluso, participar en la toma de decisiones que impactan a todos los miembros de la congregación, es sumamente fuerte.  También existe la fuerte tentación de usar la influencia y/o “autoridad espiritual” sobre estos miembros para obtener privilegios, favores o concesiones especiales para “avanzar el ministerio”.

Ante estas tentaciones, ¿cómo debe una iglesia y su equipo de liderazgo proceder a manejar la relación con miembros que ahora ostentan importantes cargos públicos?

El camino es a través de la sana doctrina, la prudencia y el sentido común:

  1. El Evangelio bíblico comienza por recordarnos la soberanía de Dios sobre todas las cosas, la historia, las circunstancias y las personas. Partir desde la soberanía de Dios coloca toda otra esfera de poder –político, económico, eclesiástico, etc- en subordinación a la autoridad de Dios.  Esto nivela la cancha para todos los creyentes.
  2. Adicional a eso, el Evangelio nos recuerda que todos somos pecadores y que ante las tentaciones del poder, todos estamos sujetos a ceder. Esto debe movernos hacia la humildad y hacia la constante búsqueda de Dios y Su gracia y misericordia para ser guardados de la tentación y para recibir perdón y ser restaurados cuando pecamos.  Ni la posición política ni el privilegio de servir a la Iglesia desde un púlpito nos hace más santos.  Todos necesitamos la gracia de Dios en Jesús.
  3. En la Escritura también vemos la clara distinción que se hace en los roles y funciones de la Iglesia y el poder civil. Estamos llamados al respeto de ambas esferas, a la cooperación y a la concordia, pero nunca a cooptar ninguna esfera con la otra.
  4. Estamos también llamados a reconocer, dignificar y valorar el llamado y vocación que algunas personas dentro de nuestras congregaciones tienen al servicio público. El trabajo gubernamental es necesario y cumple funciones importantes que Dios permite sean usadas para el beneficio de miles e incluso millones de personas.  No debemos ni sobre-dimensionar su importancia, ni verlo siempre con desdén o sospecha.  Nuestros hermanos y hermanas en el servicio público necesitan nuestras oraciones, amistad y apoyo.

Una relación sana, humilde y sobre todo, bíblica con cada miembro de la iglesia es la mejor prevención contra las tentaciones del abuso de poder, de la idolatría y de entrar en conflictos de interés que arriesguen la reputación de una iglesia, sus líderes y sobre todo, que traigan afrenta al nombre del Señor.  No es fácil, pero es necesario.  Nuestras iglesias no pueden ni deben ser co-optadas por intereses políticos para avanzar agendas particulares aprovechándose de la influencia que tienen los pastores y líderes sobre las personas.  Las iglesias tampoco deben ni pueden buscar privilegios especiales de sus miembros en cargos públicos para obtener cualquier tipo de ventaja, privilegio, permiso de construcción, etc., a través del tráfico de influencias que, como ya sabemos todos ahora, es un grave delito.

En gran medida, el rescate de la credibilidad de la Iglesia y sobre todo, la posibilidad de servir, discipular y ministrar bien a los miembros de las congregaciones que han sido colocados por Dios en esas posiciones, depende mucho de las decisiones intencionales que tomemos para definir la manera de administrar estas relaciones para la gloria de Dios y el gozo y beneficio de las personas y sus familias.

Nuestros políticos necesitan a Jesús, necesitan el Evangelio y necesitan iglesias donde congregarse en paz con sus familias.  Nuestras iglesias deben prepararse para ello y servirles bien a ellos y a cada persona que asiste.