el-buen-amor-con-nube-de-marc3adaSe acerca una fecha que para muchos es motivo de gran celebración, para otros es de mucho estrés y ansiedad, y para muchos otros incontables, una fecha de mucha nostalgia.  El día del cariño, o día de San Valentín –un santo cristiano de la antigüedad que se ocupaba de celebrar el amor y el matrimonio en medio de tiepmos difíciles y de persecución– es un día cargado de emociones, de carreras y de deseos por que ese día o noche “sean perfectos”.  Es un buen deseo, sin embargo, en medio de lo que ese día representa para muchos, se nos puede llegar a escapar la naturaleza del amor genuino, el amor cristiano, el amor que viene de Dios.

Colosense nos llama a buscar la unidad sobre la base del amor “que es el vínculo perfecto” (Colosenses 3:14), Efesios nos llama siempre a hablar entre nosotros “la verdad en amor” (Efesios 4:15), Jesús nos recordó que el amor más grande es estar dispuestos a sacrificar la vida por el otro (Juan 15:12-17) y Pablo nos recuerda que ese tipo de amor, el amor genuino, el amor cristiano, el amor que viene de Dios, “nunca deja de ser” (1 Corintios 13:1-8).

Curiosamente, ninguno de esos pasajes tiene por objeto tratar el amor de pareja (¡ni siquiera 1 de Corintios 13!), sin embargo nos sientan algunas bases que deben ayudarnos a reflexionar acerca de la manera en que vivimos nuestros sentimientos afectivos y aún de amor romántico.  Shakespeare, el gran dramaturgo británico, a mi criterio, toma algunos de estos conceptos y los traslada al ámbito del amor de pareja en su Soneto 116:

“Permitid que no admita impedimento
ante el enlace de las almas fieles
no es amor el amor que cambia siempre por momentos
o que a distanciarse en la distancia tiende.

El amor es igual que un faro imperturbable,
que ve las tempestades y nunca se estremece.
Es la estrella que guía la nave a la deriva,
de un valor ignorado, aún sabiendo su altura.

No es juguete del Tiempo, aun si rosados labios
o mejillas alcanza, la guadaña implacable.
Ni se altera con horas o semanas fugaces,
sino que aguanta y dura hasta el último abismo.

Si es error lo que digo y en mí puede probarse,
decid, que nunca he escrito, ni amó jamás el hombre.”

(original en inglés puede leerse aquí)

Shakespeare resalta que la cualidad más importante, la que define el amor entre un hombre y una mujer es su inamovilidad a pesar y en medio aún de las peores circunstancias, la confusión y/o la incertidumbre.

Este tipo de amor es humanamente imposible.  Sin embargo, es precisamente esa imposibilidad la que nos debe llenar de esperanza, ya que la única manera en que se puede llegar a expresar un amor de este tipo, es si primero lo hemos recibido.  De esto se trata el Evangelio, del amor inamovible de Dios, del amor confiable de Dios, el amor que amó primero, aún cuando aquellos que eran objeto de su amor no se dieron cuenta o incluso, no lo querían.

“7Queridos amigos, sigamos amándonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama es un hijo de Dios y conoce a Dios; 8pero el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.
9Dios mostró cuánto nos ama al enviar a su único Hijo al mundo, para que tengamos vida eterna por medio de él. 10En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados.
11Queridos amigos, ya que Dios nos amó tanto, sin duda nosotros también debemos amarnos unos a otros. 12Nadie jamás ha visto a Dios; pero si nos amamos unos a otros, Dios vive en nosotros y su amor llega a la máxima expresión en nosotros.
13Y Dios nos ha dado su Espíritu como prueba de que vivimos en él y él en nosotros. 14Además, hemos visto con nuestros propios ojos y ahora damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para que fuera el Salvador del mundo.15Todos los que confiesan que Jesús es el Hijo de Dios, Dios vive en ellos y ellos en Dios. 16Nosotros sabemos cuánto nos ama Dios y hemos puesto nuestra confianza en su amor.
Dios es amor, y todos los que viven en amor viven en Dios y Dios vive en ellos; 17y al vivir en Dios, nuestro amor crece hasta hacerse perfecto. Por lo tanto, no tendremos temor en el día del juicio, sino que podremos estar ante Dios con confianza, porque vivimos como vivió Jesús en este mundo.
18En esa clase de amor no hay temor, porque el amor perfecto expulsa todo temor. Si tenemos miedo es por temor al castigo, y esto muestra que no hemos experimentado plenamente el perfecto amor de Dios. 19Nos amamos unos a otros, porque él nos amó primero.
20Si alguien dice: «Amo a Dios» pero odia a un hermano en Cristo, esa persona es mentirosa pues, si no amamos a quienes podemos ver, ¿cómo vamos a amar a Dios, a quien no podemos ver? 21Y él nos ha dado el siguiente mandato: los que aman a Dios amen también a sus hermanos en Cristo.” (1 Juan 4:7-21, NTV)
Descansemos sobre esta inmensa verdad.  El amor genuino depende única y exclusivamente de la gracia de Dios, la gracia que fue, es y siempre será incondicional e irresistible.  Si aprendemos a ser amados así, podremos amar así.  Que la verdad del inamovible amor de Dios y la posibilidad del amor inamovible (aunque siempre imperfecto) entre personas, sustentado y facultado por la gracia de Dios, alivie nuestra ansiedad de anclar el amor que podamos sentir o que querramos expresar, a un “día del Cariño perfecto”.

 


03-11-2011_congreso

Foto: Emisoras Unidas

Como padre de dos niñas de 11 y 9 años, me preocupa sobremanera la injerencia que se pretende dar al gobierno de Guatemala en la vida de mis hijas a través de la polémica Ley de la Juventud.

La familia es una institución anterior al Estado y por ende, sujeta principalmente a la autoridad de Dios como su Creador.  Esta se rige por las normas propias de su mismo diseño y es en el seno de la misma en dónde los hijos, niños y jóvenes, encuentran las mejores oportunidades de realización personal, en donde aprenden las virtudes y valores morales que los guiarán durante sus vidas y donde se siembran las semillas de fe que, con la ayuda de Dios, fructificarán en esperanza mientras encaran los desafíos de este mundo.  Abraham Kuyper, teólogo y estadista holandés, lo expresó claramente cuando disertó sobre la idea de las “Esferas de Soberanía” en la Universidad de Princeton en 1898:

“..que la familia, los negocios, la ciencia, el arte y demás son esferas sociales que no deben su existencia al Estado y que no derivan su norma de vida de la superioridad del Estado, sino que obedecen a una autoridad superior dentro de su propio seno; una autoridad que gobierna, por la gracia de Dios, de la misma forma que lo hace la soberanía del Estado.”

De la misma forma, vemos estas ideas encarnadas en el pensamiento católico y en el pensamiento de Alexis de Tocqueville con sus ideas acerca del “principio de subsidiariedad” y de las “asociaciones intermedias” (leer este artículo).

Adicional a esto, vemos en la Constitución Política de la República de Guatemala el artículo 73 que defiende claramente las prerrogativas de la familia, especialmente en relación a la educación de los hijos:

“Artículo 73.- Libertad de educación y asistencia económica estatal. La familia es fuente de la educación y los padres tienen derecho a escoger la que ha de impartirse a sus hijos menores. El Estado podrá subvencionar a los centros educativos privados gratuitos y la ley regulará lo relativo a esta materia. Los centros educativos privados funcionarán bajo la inspección del Estado. Están obligados a llenar, por lo menos, los planes y programas oficiales de estudio. Como centros de cultura gozarán de la exención de toda clase de impuestos y arbitrios. La enseñanza religiosa es optativa en los establecimientos oficiales y podrá impartirse dentro de los horarios ordinarios, sin discriminación alguna. El Estado contribuirá al sostenimiento de la enseñanza religiosa sin discriminación alguna.”

Es por esta razón que preocupa que desde el uso inadecuado del poder coercitivo del gobierno, se pretenda imponer a los jóvenes un tipo de instrucción que, desde el mismo texto de las enmiendas a la ley, es vaga ya que no dimensiona la integralidad de la persona humana sino que lo reduce a la calidad de animal, sujeto e incapaz de restringir sus instintos e impulsos biológicos y que por ende, pretende únicamente prevenir el resultado biológico de la relación sexual sin considerar sus dimensiones morales y espirituales.

Al pretender esta ley de “dotar de derechos” a los jóvenes, envía un mensaje confuso a la población, especialmente a los menores:

Lo más preocupante es el impacto colateral que una ley de esta naturaleza tendrá sobre la familia porque tiene el potencial de llegar a poner en posiciones antagónicas la legítima autoridad de los padres sobre sus hijos menores de edad contra la “autoridad” que estos derechos le dan a los hijos a su mal entendida “libertad”.  Esto no ha sido dimensionado y las consecuencias que esto puede generar son demasiado fuertes para atreverse a pensar.

El camino que nos señala esta ley es un camino cuyo destino es el totalitarismo.  Cuando se destruye a la familia, se monta el escenario perfecto que Orwell predijo en 1984: la cooptación total del gobierno “cientificista” de las vidas públicas y privadas de los ciudadanos. Gracias a Dios C.S. Lewis nos prevenía de lo mismo también en su magistral novela “That Hideous Strength” y nos da la salida que Orwell no pudo encontrar.

Debe respetarse la esfera de soberanía de la familia como la mejor salvaguarda y garantía del desarrollo de la juventud guatemalteca y dar lugar a las asociaciones intermedias, como la Iglesia, a cumplir su papel en orientar, educar y apoyar a los padres de familia y a los jóvenes a lo largo de las distintas etapas de sus vidas y en medio de los desafíos que hoy viven.

F.A. Hayek, a pesar de ser agnóstico, lo reconoció claramente en su libro “La Fatal Arrogancia”:

“Debemos en parte a las creencias místicas y religiosas -y, en mi opinión, especialmente a las monoteístas- el que las tradiciones beneficiosas se hayan conservado y transmitido al menos durante el tiempo necesario para que los grupos que las aceptaron pudieran desarrollarse y tuvieran la oportunidad de extenderlas a través de la selección natural o cultural.  Esto significa que, nos guste o no, debemos en parte la persistencia de ciertas prácticas, y la civilización que de ellas resulta, al apoyo de ciertas creencias de las que no podemos decir que sean verdaderas -o verificables, o constatables- en el sentido en que lo son las afirmaciones científicas, y que ciertamente no son fruto de una argumentación racional.  Pienso a veces que, por lo menos a alguna de ellas y como señal de aprecio, deberíamos llamarlas “verdades simbólicas”, ya que ayudaron a quienes las asumieron a “fructificar, a multiplicarse y llenar la tierra y dominarla” (Génesis 1:28).  Incluso aquellos, entre los que me encuentro, que no están dispuestos a admitir la concepción antropomórfica de unan divinidad personal deben reconocer que la prematura pérdida de lo que calificamos de creencias no constatables habría privado a la humanidad de un poderoso apoyo en el largo proceso de desarrollo del orden extenso del que actualmente disfrutamos y que, incluso ahora, la pérdida de estas creencias, verdaderas o falsas, crearía graves dificultades.” (Capítulo 8)

El camino para la juventud en Guatemala pasa por la justicia -igual para todos-, la libertad y la familia.  Ninguna ley adicional nos proveerá eso y ningún código legal impreso enjugará las lágrimas de un o una joven necesitados de amor.  Eso únicamente puede hacerlo papá, mamá y en última instancia, Dios.


bb1-599x275El debate acerca del aborto en Guatemala fue reiniciado de manera bastante agresiva hoy con dos notas de Prensa Libre: la primera que presenta el tema como uno de los puntos que no permiten que sea aprobada la nefasta “Ley de la Juventud” en el Congreso (disponible aquí) y la segunda, es una columna escrita por Carolina Vásquez Araya titulada: “El aborto, como la espina en el ojo”.  Es a esta columna a la que quiero referirme el día de hoy.

La señora Vásquez Araya manifiesta en la columna su preocupación porque Guatemala -y muchos países de latinoamérica- se resisten a abrir su normativa legal a una regularización del aborto, especialmente a la luz de que la ONU hiciera manifiesta su agenda abortista usando como bandera la reciente “crisis” del virus del zika como excusa y defensa de su causa.  La ONU defiende este tema como un “derecho humano”, y al hacerlo, politiza la discusión haciendo totalmente de lado el derecho a la vida digna del ser humano no-nacido en el vientre y de su madre.

En su columna, la señora Vásquez Araya cae en al menos dos grandes errores que vale la pena aclarar porque sobre estos errores se ancla su razonamiento y por ende, de estos mismos errores se derivan sus erróneas conclusiones:

  1. Afirma que la “cultura católica” es un obstáculo para nuestro desarrollo: De acuerdo al artículo: “La prevalencia de la doctrina católica en los países latinoamericanos, cuya influencia ha sido estampada hasta en los textos constitucionales —aun cuando la mayoría de Estados se autodenomina laico— constituye un obstáculo aparentemente infranqueable para uno de los problemas sociales de mayor impacto en estos países de población mayoritariamente pobre y sin acceso a la salud, y mucho menos a la educación sexual y reproductiva.” La señora Vásquez Araya ignora la rica cultura de vida que existe en el cristianismo y que coloca las salvaguardas más seguras para la prevención de todos los males generados a partir de una sexualidad desordenada, sino también provee a la sexualidad humana de la dignidad, valor y riqueza con y para la cual fue creada por Dios y por ende, dignifica a las personas -hombres y mujeres- que la viven así y a los niños que son resultado de esta.  Ha sido el cristianismo -de todas las denominaciones- la que ha estado siempre dispuesto a través de sus distintas instituciones, a atender a la viuda, al pobre, al menesteroso, al enfermo, al huérfano y a la madre soltera.  La cultura cristiana es, entonces, defensora de la vida, dignificadora de la vida y la mejor orientadora de la misma hacia los propósitos para los cuales Dios permitió que existamos, vivamos y nos reproduzcamos de la manera que Él lo diseñó.  Por el otro lado, el párrafo citado parecería atribuir a nuestra “cultura católica” la pobreza y las faltas de acceso a la salud y la educación que tanto afectan a los guatemaltecos.
  2. Culpa la existencia de los abortos ilegales a la inexistencia de abortos legales: De acuerdo al artículo: “De ahí que el temor de un incremento incontrolado de abortos clandestinos con consecuencias fatales surja como derivado de restricciones a la práctica del aborto en establecimientos sanitarios legales y bien equipados.”  La señora Vásquez Araya nuevamente se equivoca en asignar culpa.  La existencia de abortos ilegales no puede atribuirse a que nuestra legislación proteja la vida desde la concepción hasta la muerte natural.  Un poco de análisis nos hace ver que en realidad, la existencia de estas prácticas ilegales y peligrosas son causadas por médicos y otros personajes inescrupulosos que se prestan a ofrecer estos “servicios” a cambio de altas sumas de dinero, a la falta de diálogo entre las familias que enfrentan el desafío de un embarazo no planificado, a la decisión de los padres del bebé de terminar con su vida como solución inmediata a su “problema”, a la falta de estructuras de apoyo sociales y privadas (iglesias, grupos de apoyo, fundaciones, etc.) que puedan dar soporte a las madres y a sus hijos. Se olvida también, en todo esto, la decisión individual de exponerse a procrear fuera del marco de referencia del matrimonio, y la falta de la pronta y eficaz persecución penal a los violadores. En fin, son muchas las causas por las cuales existen estas prácticas criminales de asesinato de niños, no es una cuestión de falta de leyes, es una cuestión de falta de ética, de moral y de cultura de vida.

Por último, vale la pena mencionar que al abrir un poco la puerta, como lo hace en su columna la señora Vásquez Araya, al aborto para prevenir el zika, ¿qué impide que ahora se busquen más excusas para terminar con la vida de bebés no-nacidos? La vida de incontables personas está en juego, de niños y niñas con síndrome de down que no nacerán, de niños y niñas con discapacidad que no vendrán a traer esa alegría única que solo ellos pueden traer a sus familias y además, ¿contempla la señora Vásquez Araya las consecuencias físicas, emocionales y espirituales en la vida de las madres que consienten al asesinato de su bebé?

Como cristianos, debemos prepararnos para discutir de mejor manera estos temas.  No podemos dejar que nuestras voces se ahoguen bajo los gritos y la intolerancia de la supuesta “agenda progresista” que atenta contra nuestro futuro y contra la vida.  Recomiendo a continuación algunos libros (en inglés) que pueden ayudar a abrir esta discusión en nuestras familias, grupos en casa e iglesias:

  1. Disability and the Sovereign Goodness of God (John Piper)
  2. Exposing the Dark Work of Abortion (John Piper)
  3. Abortion: A Rational Look at an Emotional Issue (R.C. Sproul)
  4. Encíclica “Evangelium Vitae” (Juan Pablo II) -en español-

Por último, un video de Matt Chandler donde toca de manera directa y contundente el tema:

Quizás, al final de cuentas, la “espina en el ojo” sea que no estamos haciendo lo suficiente para defender a toda costa la vida y como cristianos en Guatemala, nos urge levantarnos de manera más fuerte, agresiva, intencional y estratégica para librar una batalla que de verdad, vale la pena.


0e2876909_1391798548_ash-wednesday-annEste próximo miércoles 10 de febrero se marca el inicio para el mundo cristiano de un importante período de recogimiento, reflexión y preparación del corazón para celebrar la Semana Santa. Conocido popularmente como la “Cuaresma” y observado principalmente por la tradición católica en nuestro país, la Cuaresma ha sido para el cristianismo en general una época muy importante dentro del calendario litúrgico de la Iglesia.

Como evangélicos, muchos con trasfondo “neo-pentecostal” y, lamentablemente, entrenados a rechazar de tajo cualquier tradición cristiana que sea ajena a nuestra experiencia, normalmente pasamos de largo este tiempo y perdemos la oportunidad de parar y reflexionar principalmente en el Evangelio.

A través de las distintas expresiones de ayuno, abstinencia, reflexión y oración, la Cuaresma ha servido a los cristianos de todas las denominaciones alrededor del mundo y a través de los tiempos, a tomar un tiempo especial para ponderar en sus corazones el peso de su pecado para poder empezar a dimensionar la grandeza del sacrificio y el amor de Dios a través del sacrificio de Jesús en la Cruz y la esperanza de Su resurrección y posterior ascensión.

Recordemos que el llamado del Evangelio siempre incluye dos componentes inseparables: arrepentimiento y fe (Marcos 1:15). El arrepentimiento es, entonces, una marca de la auténtica vida cristiana porque es evidencia (más que otras supuestas “evidencias” neo-pentecostales) de la obra del Espíritu Santo en nuestra vida. Es el Espíritu Santo quien nos convence de pecado (Juan 16:8-11), nos guía hacia toda verdad (Juan 16:13) –que en última instancia es guiarnos a Jesús (Juan 14:6)- y nos trae consuelo (Juan 14:26). Vivir guiados de esta manera por el Espíritu (Romanos 8:1-17) resultará en una vida que glorifica a Dios a través de Sus frutos en nuestra vida (Gálatas 5:16-26).

Y recordemos algo, lo que en Cuaresma empieza con ceniza, no se queda allí. Nuestra preparación no es únicamente para ponderar en nuestro corazón el tremendo precio que pagó Jesús en la Cruz por nuestro pecado al morir en nuestro lugar. Cuaresma también nos preparara para celebrar verdaderamente la victoria de Jesús el Domingo de Resurrección. Nunca olvidemos la promesa a través del profeta Isaías:

“A todos los que se lamentan en Israel

les dará una corona de belleza en lugar de cenizas,

una gozosa bendición en lugar de luto,

una festiva alabanza en lugar de desesperación.

Ellos, en su justicia, serán como grandes robles

que el Señor ha plantado para su propia gloria.” (Isaías 61:3, NTV)

Que estos 40 días nos lleven como personas, familias e iglesias a un quebrantamiento de corazón por nuestro pecado que a la vez nos llene de esperanza, adoración y un fuego ardiente por compartir con otros el maravilloso Evangelio de nuestro Señor Jesús.

(Esta columna fue originalmente escrita para la sección de opinión de la edición impresa de Actitud News del 7 de febrero de 2016)


Una de las ideas más importantes que la Reforma Protestante que para muchos inició en 1517 (aunque trazos de esta venían desde muchos años antes) se resume en una frase muy poderosa: “Ecclesia reformata semper reformanda et secundum verbum Dei.” (Iglesia reformada, siempre reformándose y de acuerdo a la Palabra de Dios).

Esta frase invita a la Iglesia -y por ende a las congregaciones locales- a estar siempre en constante reforma (entendiendo como “reforma” el regresar a la forma original) de acuerdo a los dictados de la Biblia.  Esto es importante porque ninguna congregación, iglesia o denominación está libre de caer presa de sus propios programas, paradigmas y planes que, al ser de manera tácita sacralizados, a veces pueden desviar a una congregación de el propósito para el cual Dios permitió que existiera.

Cuando nos aferramos como individuos y/o organizaciones a estos programas, paradigmas y planes, se corre siempre el riesgo de escisión o cisma y en la Iglesia esto siempre es doloroso, aunque algunas veces, necesario.  Los dos grandes cismas de la historia -en el año 1054 y en 1517- nos revelan la dificultad de la división pero a la vez, nos muestran lo poderoso que resulta ser atreverse a dejar morir alguna idea vieja -pero equivocada- (aunque es importante aclarar que por ser viejas, no significa que todas las ideas antiguas sean malas o estén equivocadas) y ver el resurgimiento de aquello que siempre ha sido permanente en la Iglesia y a lo que siempre estamos invitados a regresar: a Jesús, a la Cruz, a la Biblia, a la fe, al arrepentimiento y a la esperanza y el amor.

“Reforma” no siempre implica cisma, escisión o división y es con esta esperanza que debemos buscar la apertura mental y espiritual a los cambios que exige nuestra necesidad de regresar con un corazón e intenciones más puros a Dios.  ¿Qué tan dispuestos estamos a hacer estas reflexiones?  ¿Qué tan dispuestos estamos a hacer los cambios que necesitamos? ¿Qué tan dispuestos estamos a desafiar aquello que es secundario pero que por los “usos y costumbres” hemos sacralizado casi como parte de nuestra doctrina?  Esas son preguntas difíciles y profundas que considero deben ser parte de discusión periódica en todas las congregaciones.  Si estamos atentos a esto, si lo promovemos y si hacemos a cada miembro de cada congregación partícipe en su contexto de lo que significa “hacer reforma” en su iglesia local para luchar porque siempre caminen “según la Palabra de Dios”, estoy seguro que nos veremos sorprendidos de lo que pueda llegar a hacer Dios con todo esto.

 


5fd678c9-ef5c-4415-afce-525b737a09f7_749_499Este pasado 14 y 15 de enero, como parte de los actos públicos de traspaso de mando al presidente Jimmy Morales, el vice presidente Jafeth Cabrera y el gabinete del ejecutivo, así como alcaldes y diputados, se celebraron una serie de ceremonias religiosas públicas que hoy ya la mayoría conocemos como los “Te Deum”.

En el caso del presidente Morales y el vice presidente Cabrera, ambos participaron -en compañía de sus distinguidas esposas y otros invitados importantes- de las ceremonias organizadas por la Iglesia Católica presidida por Monseñor Oscar Vian y por la Iglesia Evangélica representada en esta ocasión por el pastor Jorge H. López.  Una ceremonia se realizó en la Catedral Metropolitana y la otra en la Mega Frater.

No es la primera vez que se realizan estas ceremonias y han sido eventos importantes para los cambios de gobierno, especialmente desde que se agregó una ceremonia evangélica que de alguna u otra forma, busca representar a la alta proporción de cristianos evangélicos en el país (al menos un 40%).

Por supuesto, estas ceremonias no están libres de controversia dado que hay quienes abogan, desde una postura “laicista” por una separación Iglesia-Estado que pretende anular la consciencia y vida religiosa de los funcionarios públicos reduciéndola a una esfera “privada” que pretende separar esa parte de su vida de su trabajo como funcionarios, algo que, por supuesto, es imposible si una persona busca ser consistente y fiel a aquellos principios que son centrales y que gobiernan su toma de decisiones.  Para los laicistas, un Te Deum es una invasión de la Iglesia sobre asuntos de Estado y por ende, no debería realizarse.  Personalmente, no comparto la motivación laicista para cuestionar la necesidad de realizar un Te Deum.

Sin embargo, como cristiano, considero que vale la pena considerar si es necesario o no realizar estas ceremonias y hacer de ellas un evento público e incluso, mediático.  Desde mi perspectiva, no considero que el Te Deum sea un evento necesario porque contraviene algunos principios bíblicos que debemos considerar:

  1. Podemos buscar la bendición y la guía de Dios sin necesidad de recurrir a “autoridades” religiosas que incluso, son ajenas a nuestra vida individual y familiar de fe.  Una reunión más discreta, sin necesidad de medios de comunicación y discursos, puede ser mucho más profunda y transformadora que un acto de la envergadura de los que se realizaron.  Recordemos las palabras de Jesús:
    • 5»Cuando ores, no hagas como los hipócritas a quienes les encanta orar en público, en las esquinas de las calles y en las sinagogas donde todos pueden verlos. Les digo la verdad, no recibirán otra recompensa más que esa. 6Pero tú, cuando ores, apártate a solas, cierra la puerta detrás de ti y ora a tu Padre en privado. Entonces, tu Padre, quien todo lo ve, te recompensará.
      7»Cuando ores, no parlotees de manera interminable como hacen los seguidores de otras religiones. Piensan que sus oraciones recibirán respuesta solo por repetir las mismas palabras una y otra vez. 8No seas como ellos, porque tu Padre sabe exactamente lo que necesitas, incluso antes de que se lo pidas. 9Ora de la siguiente manera:
      Padre nuestro que estás en el cielo,
      que sea siempre santo tu nombre.
      10Que tu reino venga pronto.
      Que se cumpla tu voluntad en la tierra
      como se cumple en el cielo.
      11Danos hoy el alimento que necesitamos,
      12y perdónanos nuestros pecados,
      así como hemos perdonado a los que pecan contra nosotros.
      13No permitas que cedamos ante la tentación,
      sino rescátanos del maligno. (Mateo 6:5-13, NTV)
  2. Si como evangélicos creemos en el “sacerdocio de todos los creyentes”, entonces podemos confiar en que nuestra oración en conjunto con nuestra familia e incluso con ministros que sean cercanos a nosotros, es suficiente delante de Dios para escuchar nuestras peticiones, mostrar el pecado en nuestro corazón y movernos a la fe, al arrepentimiento y a la toma de decisiones para hacer las cosas bien:
    • 13¿Alguno de ustedes está pasando por dificultades? Que ore. ¿Alguno está feliz? Que cante alabanzas. 14¿Alguno está enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesia, para que vengan y oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor. 15Una oración ofrecida con fe, sanará al enfermo, y el Señor hará que se recupere; y si ha cometido pecados, será perdonado.
      16Confiésense los pecados unos a otros y oren los unos por los otros, para que sean sanados. La oración ferviente de una persona justa tiene mucho poder y da resultados maravillosos. (Santiago 5:13-16, NTV)
    • 9Pero ustedes no son así porque son un pueblo elegido. Son sacerdotes del Rey, una nación santa, posesión exclusiva de Dios. Por eso pueden mostrar a otros la bondad de Dios, pues él los ha llamado a salir de la oscuridad y entrar en su luz maravillosa. (1 Pedro 2:9, NTV)

Sobre estas líneas, es muy importante y, para mí, mucho más valioso y consistente con una vida que busca mantenerse fiel a la fe en todos los ámbitos en los que se desenvuelve, reconocer las palabras de Jimmy al inicio de su discurso de toma de posesión: “Gracias Dios mío, por el privilegio que me has dado de servir a mi pueblo”.  Esas palabras revelan para mí, el corazón de Jimmy respecto a su gestión y esperemos que pueda caminar en esa dirección con el consejo, dirección y discipulado que como creyente necesita y sobre todo, con el soporte moral, emocional y en oración de su señora esposa, doña Patricia de Morales.

No es necesario hacer un Te Deum con toda la parafernalia que las tradiciones católica y evangélica puedan desplegar.  Lo que sí es necesario, es que cada congregación aprenda a orar por sus autoridades y también a hacerse responsables por procurar, a través de las distintas vocaciones de sus miembros, el “bienestar de su ciudad” (ver Jeremías 29). También es necesario por parte del presidente y su equipo de trabajo, así como para cada uno de nosotros, buscar la dirección de Dios en todo lo que hacemos y con ello procurar siempre la Gloria de Dios por sobre todas las cosas.

 


151026-morales-0405_7045b5051ee99a6faa02cc8c0d5473f5-nbcnews-ux-2880-1000¡Tenemos nuevo presidente! Jimmy Morales tomó posesión este pasado 14 de enero de 2016. Electo por la mayoría de personas empadronadas que se acercó a las urnas a votar, el más inesperado de todos los candidatos de esta reciente contienda pasará a una posición única, importante y que seguramente, tendrá impacto en muchas áreas de nuestra nación.

Por si eso fuera poco, la candidatura de Jimmy (al menos a partir de que ganó la primera vuelta) y de manera aún más fuerte a partir de su victoria electoral definitiva, fue secuestrada por el evangelicalismo guatemalteco. Digo “secuestrada” porque sin haberlo buscado, pedido o usado intencionalmente, el liderazgo evangélico de Guatemala lo auto-designó como su “ungido” y las redes sociales parecieran haber respondido de igual forma. Jimmy es evangélico, con estudios de seminario teológico, y a pesar de que no se congrega, ya tiene su círculo de consejeros que buscarán apoyarle en esta nueva aventura.

Lo que debemos tener claro como guatemaltecos, es que Jimmy no será el presidente de los evangélicos, sino que ahora tiene la difícil tarea de, desde el organismo ejecutivo, representar a todos los guatemaltecos y trabajar arduamente para cumplir y hacer cumplir la Constitución Política de la República, documento que, en teoría, nos une como ciudadanos.

El mesianismo con el que se vive la política en Guatemala, aunado a nuestra obsesión por seguir viviendo bajo un “estado benefactor paternalista” hace que muchos de nosotros –cristianos y no cristianos- depositemos demasiada fe y esperanza en las autoridades que hemos elegido. Debemos corregirlo. Ni Jimmy ni su equipo de trabajo, ni el Congreso o el Organismo Judicial deben o tan siquiera pueden cargar con toda la responsabilidad por el destino de Guatemala.

La incertidumbre que rodea a Jimmy en estos momentos pone a tambalear ese mesianismo y es justo en medio de esa incertidumbre que debemos levantarnos y tomar el papel que como ciudadanos nos corresponde. Ahora, la pregunta clave es: ¿cuál es ese papel?

Debemos dejar atrás el espíritu de desconfianza que ha permeado en Guatemala desde que empezaron las protestas en abril de 2015. Cuestionar todo y cuestionar a todos no es sano, constructivo o productivo. Cuestionar a todos y a todo nos hace muy fácil estar en la continua búsqueda de la paja en el ojo ajeno y de evitar la desagradable realidad que es ver hacia adentro.

Si logramos movernos más allá de este marco mental, podremos verdaderamente empezar a contribuir al país siendo fieles y obedientes en el lugar dónde Dios nos ha puesto, con las personas que Dios ha puesto a nuestro alrededor, y cumpliendo con las responsabilidades que nos han sido encomendadas y asignadas. No se trata de buscar la gran solución universal a todos los problemas, sino de comenzar nosotros a vivir en nuestras familias, trabajos, gimnasios, lugares de estudio, lugares de entretenimiento e iglesias con libertad y responsabilidad creando, agregando valor, enseñando, aprendiendo, sirviendo y amando al prójimo. Cada uno es responsable “de su pedacito” y en la medida que tomemos consciencia de eso, podremos aspirar a ver pequeñas señales de progreso y avance pero a la vez entendiendo algo muy importante: vivimos en la tensión del “ya estuvo, pero todavía no”, la realidad del pecado sigue estando presente y las cosas buenas que hacemos no debemos hacerlas como fin en sí mismas, sino como señales que apuntan hacia el Bien Mayor, hacia la esperanza del Evangelio, hacia Dios que nos ha prometido la restauración final de todas las cosas. Como cristianos nos proyectamos al futuro llenos de esperanza y por eso anhelamos vivir un presente cada día más humano, más lleno y movido por el Espíritu Santo.

Vincent Bacote, en su libro “The Political Disciple” (“El Discípulo Político”) nos recuerda de la conexión entre la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas y la posibilidad de vivir como verdaderos seres humanos y tener un impacto en nuestra comunidad:

“El proceso de santificación es una obra continua del Espíritu Santo en los cristianos que debe llevarnos a una vida pública que revele nuestra identidad.”

 “Toda la preocupación acerca de cómo los cristianos operan el público es en última instancia una cuestión de si hay o no evidencia de que el Espíritu Santo esté obrando; ¿nos indica de alguna manera la disposición y el discurso de que Cristo está siendo formado en las personas? Si Cristo está siendo formado en el pueblo de Dios a través del Espíritu Santo, ¿ha penetrado esa obra en aquellas regiones del corazón que se revelan a sí mismas en la esfera de la responsabilidad pública?”

 “Es interesante observar que muchos de los reclamos y reportes de desilusión hacia los cristianos son muchas veces acompañados por el deseo de que haya más evidencia de humanidad en la manera que los cristianos viven públicamente.”

 “…la obra transformadora del Espíritu Santo es en última instancia un proceso de hacernos más y más humanos. Es una re-humanización.”

 “…aquellos que son reunidos con Dios a través de Jesús llegan a ser verdaderos humanos nuevamente. “Sólo soy humano” es una frase que para muchos de nosotros indica nuestras deficiencias y debilidades (esto es, las maneras en las que no somos perfectamente humanos), pero esto es ceder el terreno a nuestra condición caída. Si Cristo es el humano perfecto y nuestra meta es ser como Cristo, entonces nuestra meta es alcanzar una humanidad plena. La santificación es el camino y la experiencia de movernos hacia esta meta.”

 Ante los desafíos de un nuevo gobierno, no carguemos a Jimmy con toda la responsabilidad. Asumamos la propia, vivamos con fidelidad, obediencia, humildad y esperanza haciendo siempre lo mejor que podamos en donde estemos. Aprendamos a verdaderamente amar a nuestro prójimo y veamos poco a poco a Dios obrar.  Permitamos que Jimmy haga su trabajo y cumplamos nosotros con el nuestro. Comportémonos como verdaderos ciudadanos, cumplamos nuestras obligaciones y de esa manera, tendremos una mayor oportunidad de buscar mayor libertad para hacer, para crear, para emprender y para disponer de nuestros recursos y usarlos de maneras más sabias, creativas, productivas e inteligentes.

Si no nos va bien con Jimmy, no perdamos la esperanza. Jimmy no es ningún ungido. Jimmy es un ser humano que tiene un trabajo que cumplir y que, esperamos, haga su mayor y mejor esfuerzo por que lo haga bien, tanto él como su equipo. Pero aún así, si no nos va bien o si la cosa alrededor del mundo se pone complicada, tomemos el consejo que C.S. Lewis nos dejó cuando reflexionaba sobre el miedo que aquejaba a los británicos ante la inminente amenaza de una bomba atómica luego de la Segunda Guerra Mundial:

“Si hemos de ser destruidos por una bomba atómica, que esa bomba al venir nos encuentre haciendo cosas sensibles y humanas – orando, trabajando, enseñando, leyendo, escuchando música, bañando a los niños, jugando tenis, hablando con nuestros amigos mientras bebemos cerveza y jugamos dardos – que no nos encuentre atrincherados como ovejas miedosas y pensando acerca de bombas. Las bombas podrán destruir nuestros cuerpos (un microbio también puede hacer eso) pero no necesitan dominar nuestras mentes.” (C.S. Lewis, “On Living in an Atomic Age” – Present Concerns)

 ¡Adelante! Jimmy y su equipo de trabajo a lo suyo, los diputados a lo suyo, los jueces y magistrados a lo propio. Nosotros como ciudadanos a cumplir nuestras obligaciones, a vivir y trabajar con esperanza y todos, gobernantes y ciudadanos, a ser cada día más humanos por la gracia de Dios en Jesús y el poder del Espíritu Santo.

(Este artículo fue originalmente escrito para Actitud News y publicado en su edición impresa del 17 de enero, 2016.)


“12Al escucharlo, el ángel del Señor elevó la siguiente oración: «Oh Señor de los Ejércitos Celestiales, durante los últimos setenta años has estado enojado con Jerusalén y con las ciudades de Judá. ¿Cuánto tiempo más pasará para que vuelvas a mostrarles compasión?». 13Entonces el Señor le habló palabras buenas y consoladoras al ángel que conversaba conmigo.”

(Zacarías 1:12-13, NTV)

iglesia¡Qué respuesta más dulce a tan ansiosa pregunta!  Esta noche, regocijémonos en ella. Oh Sión, hay buenas cosas esperando por ti; tu tiempo de divagar se acabará pronto; tus hijos serán traídos de vuelta; tu cautividad terminará.  Resiste la vara pacientemente por un tiempo y bajo la oscuridad, sigue confiando en Dios, porque Su amor arde por ti.  Dios ama a la iglesia con un amor demasiado profundo para la imaginación humana: Él la ama con todo su infinito corazón.  Entonces, que sus hijos tomen coraje; ella no podrá estar lejos de la prosperidad sobre quien Dios habla “palabras buenas y consoladoras”.  Lo que estas consoladoras palabras son, el profeta continua diciendo: “Luego el ángel me dijo: «Proclama este mensaje a gritos para que todos lo oigan: “El Señor de los Ejércitos Celestiales dice: ‘Mi amor por Jerusalén y el monte Sión es intenso y ferviente.” (Zacarías 1:14, NTV)  El Señor ama a Su Iglesia tanto que no puede soportar que ella se pierda siguiendo a otros; y que cuándo lo ha hecho, Él no puede soportar que ella sufra demasiado.  Él no permitirá que sus enemigos la aflijan: Él se desagrada en ellos porque ellos aumentan su miseria. Cuando pareciera que Dios abandona Su Iglesia, Su corazón está más cerca de ella.  La historia nos muestra que cada vez que Dios utiliza la vara para disciplinar a Sus siervos, Él siempre rompe la vara después como si odiara la vara con la que le causó dolor a sus hijos. “El Señor es como un padre con sus hijos,tierno y compasivo con los que le temen.” (Salmo 103:14, NTV) Dios no nos ha olvidado cuando somos castigados por Él sino, Sus golpes no son evidencia de falta de amor.  Si esto es cierto de la Iglesia colectivamente, es necesariamente cierto para cada miembro individual.  Puedes temer que el Señor te pasó por alto, pero no es así: Aquel que cuenta las estrellas y las llama por sus nombres, no está en peligro de olvidar a Sus propios hijos.  Él conoce tu caso de tal manera que es como si tú fueras la única criatura que Él hizo, el único santo que Él amó.  Acércate a Él y está en paz.

(Traducido de la lectura para la noche del 24 de febrero del libro “Morning and Evening” de Charles Spurgeon.  El texto original en inglés está disponible aquí.)


“Le diré a Dios: “No me condenes de plano,
dime qué cargos tienes en mi contra.” (Job 10:2, NTV)

la-esperanza-flor-crece-en-medio-de-sequedalQuizás, oh cansada alma, el Señor está tratando de desarrollar tus gracias.  Hay algunas de tus gracias que nunca serían descubiertas si no fuera por las pruebas.  ¿Acaso no sabes que tu fe jamás se verá tan bien en el verano como en el invierno?  El amor es como una luciérnaga, muestra muy poca luz que se nota más en medio de la gran obscuridad.  La esperanza es como una estrella que es imposible verla a la luz del sol de la prosperidad y que únicamente puede ser descubierta en la noche de la adversidad.  Las aflicciones muchas veces son como los paños negros sobre los cuales Dios coloca las joyas de las gracias de sus hijos para que estas puedan brillar mejor.  No fue hace mucho que de rodillas decía: “Señor, temo que no tengo fe, déjame saber que tengo fe.”  ¿Acaso no fue esta, quizás de manera inconsciente, una oración pidiendo por pruebas? Porque, ¿cómo puedes saber que tienes fe a menos que esta sea ejercitada? Depende de esto: Dios muchas veces nos envía pruebas para que nuestras gracias sean descubiertas y que podamos estar seguros de su existencia.  Además, no es un mero descubrimiento, el crecimiento verdadero en la gracia es el resultado de las pruebas santificadas.  Dios muchas veces nos quita nuestras comodidades y privilegios para poder hacernos mejores cristianos.  El entrena a sus soldados, no en carpas de comodidad y lujos, sino sacándolos de allí para usarlos en marchas forzadas y servicio duro.  Él les hace atravesar arroyos, nadar a través de ríos, subir montañas y caminar largas millas con pesadas mochilas de tristeza en sus espaldas.  Entonces, cristiano, ¿acaso no podría esto explicar los problemas por los cuales atraviesas hoy? ¿Acaso no está el Señor sacando tus gracias y las hace crecer? ¿Acaso no es esta la razón por la cual Él pelea contigo?

“Las pruebas endulzan las promesas;
Las pruebas le dan nueva vida a la oración;
Las pruebas me traen a Sus pies,
Mantenme humilde y déjame allí.”

(Traducido de la “Lectura de la mañana del 18 de febrero” del libro “Morning and Evening” de Charles Spurgeon. Texto original en inglés disponible aquí.)