Hijo, di así en cualquier cosa que quisieres:  Señor, si te agradare, hágase esto así.  Señor, si es honra tuya, hágase esto en tu nombre, Señor, si viere que me conviene, otórgame esto para que use de ello a honra tuya y si conoces que no es provechoso a mi ánima, desvía de mí este deseo.

Que no todo deseo procede del Espíritu Santo, aunque parezca justo y bueno al hombre.  Dificultoso es juzgar si te incita buen espíritu o malo, o si te mueven tu propia voluntad.  Muchos son engañados al fin, que parecía en el principio ser movidos e inducidos por buen espíritu.  Y por eso, con verdadero temor y humildad de corazón, debes desear y pedir cualquier cosa que al pensamiento te ocurre para desear, y especialmente, con entera renunciación, someterlo todo a mí y decir:

¡Oh Señor!, tú sabes lo mejor: haz esto o aquello, como más te agradare: dame lo que quisieres y cuando quisieres.  Haz conmigo como sabes, para que sea mayor honra tuya.  Ponme donde quisieres, yo estoy en tu mano, vuélveme y revuélveme a la redonda:  ves aquí tu siervo aparejado para todo.  No deseo, Señor, vivir para mí: mas plega a tu misericordia que viva dignamente para ti.

(Tomás de Kempis, “La Imitación de Cristo”, Tratado Tercero, Capítulo XVI)


Lord Acton dijo, “Ninguna nación puede ser libre sin la religión. La religión crea y fortalece la noción del deber. Si los hombres no se mantienen rectos por causa del deber, deben hacerlo por miedo. Mientras más sea por miedo, menos libres serán. Mientras más fuerte sea la noción del deber, más libertad tendrán.” En esta cita, Lord Acton ha dado con la piedra fundamental de una sociedad libre: la verdadera religión. Acton nos traslada la función principal de la religión: moldear a los hombres para la libertad del deber. Acton nos indica que tanto la libertad como el sentido del deber presuponen la religión; en otras palabras, el deber y la libertad son engendros naturales de la religión verdadera. La historia nos muestra que el miedo y la libertad son fuerzas contradictorias. Entonces, sostengo, al igual que Acton, que la religión verdadera produce un apropiado sentido del deber a partir de un entendimiento correcto de la libertad.

En primer lugar, la religión verdadera basada sobre un fundamento firme de verdad, sirve principalmente para servir a los hombres en definir y aplicar la libertad. Es necesario iniciar con una buena descripción de lo que significa la religión verdadera. “La idea básica de la religión es entonces, la vida que es con Dios – una vida vivida en reconocimiento de Dios, en comunión con Él.” La religión, entonces, sirve para traer al hombre hacia una posición correcta y apropiada delante de su Dios y hacedor. Esto presupone que existe un Dios y de que Él ha diseñado un método y patrón para el deber, que Él es digno de nuestro respeto y que nosotros estamos en una posición para darle el honor debido. Es sobre este fundamento en que la religión debe sostenerse si es que busca ser efectiva. Sin embargo, únicamente la religión verdadera funciona en esta “libertad hacia el deber”. La verdadera religión funciona principalmente para ayudar a los hombres en su definición y aplicación de la libertad. Leer el resto de esta entrada »


La religión no puede ser otra cosa que libertad y aún así mantenerse como religión verdadera. El miedo, que es la antítesis de la verdadera religión y el corazón de la religión falsa, promueve la autonomía y, en consecuencia, produce esclavitud. La religión verdadera, anclada en el amor, promueve la sumisión y, en consecuencia, produce libertad. Si la libertad es la capacidad de actuar libre de presión externa, entonces es la influencia restrictiva de la religión aquello que preserva la libertad. Para estar seguros, el miedo se enmascara como una restricción eficiente, pero es una pseudo-restricción. Restringir a partir del miedo es como poner un dique a un río: Funciona con un tiempo pero únicamente a partir de forzar al río a hacer lo que no quiere hacer. Eventualmente, el dique se romperá, y los esfuerzos restrictivos solamente habrán exacerbado el problema. La restricción de la religión es diferente. Esta no le coloca un dique al río; cambia su curso y luego permite que fluya libremente. El miedo podrá cambiar las acciones de las personas, pero únicamente la religión puede cambiar su naturaleza.

Luego de décadas de comunismo y de la influencia restrictiva del miedo en Checoslovaquia, Vaclav Havel se lamentaba acerca del “ambiente moral contaminado” que existía allí. Conceptos como amor, amistad, compasión, humildad y perdón habían prácticamente desaparecido. “Aprendimos a no creer en nada, a ignorarnos los unos a los otros, a que no nos importara nada más que nosotros mismos.” Los checos no tenían religión. Y sin religión, como argumentó Edmund Burke, “es absolutamente imposible” vaciarnos a nosotros mismos de “toda la lujuria de la voluntad egoísta”. Donde no hay religión, no hay restricciones reales. Caminamos de acuerdo a nosotros mismos, haciendo todo aquello que el miedo no condene. Andamos tropezándonos cual eunucos éticos.

La verdadera religión, por el otro lado, cambia al hombre y le hace responsable. El miedo, al igual que al ponerle dique a un río, nunca podrá genuinamente alcanzar esta meta; lo único que puede hacer es dilatar la irresponsabilidad. La diferencia entre la religión y el miedo es la diferencia entre el “debería” y el “si no lo haces, entonces…”. A través de la presión externa, el miedo hace lo que la religión logra a través de la transformación interna. Cuando se dirigió en una ocasión al congreso de Estados Unidos, Havel advirtió, “Aún somos incapaces de entender que la genuina columna vertebral de nuestras acciones –si es que estas han de ser morales- es la responsabilidad. La autonomía, por definición, imposibilita la responsabilidad porque reclama para el hombre lo que únicamente pertenece a Dios – la completa, no desafiada e inescrutable determinación y ejecución de la voluntad. ¿Ante quién se es responsable sin la religión? ¿A uno mismo? Si es así, entonces es ante nadie. Cuando Dios es reconocido “como la norma viva y punto de referencia para toda la existencia”, entonces puede haber verdadera responsabilidad, pero no antes. Leer el resto de esta entrada »


Como cristiano, hoy me sentí muy triste, avergonzado y enojado con la manera en que se presentó la iniciativa de ley que busca hacer obligatoria la lectura de la Biblia en las aulas nacionales, públicas y privada (pueden leer mi postura al respecto aquí y aquí).

Pero quizás lo que más me entristece es ver cómo fue tratado en el Salón del Pueblo del Congreso de la República el Lic. Carlos Mendoza, secretario de la Asociación Guatemalteca de Humanistas Seculares, quiénes también han fijado una postura al respecto de esta ley que puede leerse aquí. El grupo que organizó el evento trató a Carlos de una manera indigna, irrespetuosa y que violenta el espíritu democrático de la libertad para pensar diferente y discutir de manera abierta, racional, humilde y propositiva, las distintas ideas.

¿Por qué defender a Carlos? Primero, como compañeros de promoción en la licenciatura en economía de la Universidad Francisco Marroquín, hay una afinidad y cordialidad que con los años no se ha perdido.  Sin embargo, hay un profundo abismo que nos separa: Carlos es ateo, yo soy cristiano. A pesar de eso, Carlos es un ser humano creado a imagen y semejanza de Dios, con una dignidad intrínseca como persona por esta misma razón y por ende, digno de respeto y consideración.

En definitiva, pienso muy diferente a Carlos en muchas cosas, hemos tenido la oportunidad de debatir de lados opuestos de la mesa temas como el que está en cuestión hoy, pero siempre ha prevalecido el respeto y la voluntad de escuchar y la oportunidad de plantear los argumentos propios.  Carlos sabe que considero que él está equivocado en su ateísmo y él está convencido también de que yo estoy equivocado en mi cristianismo, pero nuestras discusiones nunca han llegado al desprestigio, al insulto ni mucho menos.

El precio de mi libertad para poder vivir y expresar tanto en la esfera privada de mi vida como en la palestra pública mis ideas y cosmovisión cristiana es permitir y defender que Carlos pueda hacerlo también.  En el momento que yo violente su libertad, pongo en riesgo la mía.  Es no lo podemos permitir, eso nos destruye a todos y va en contra del espíritu cristiano del amor al prójimo.

Efesios 4:15 nos llama a hablar la verdad en amor siempre, y sobre esas líneas, debemos actuar de manera consecuente y aprender a debatir de manera inteligente, misericordiosa y constructiva.

Oro porque Carlos pueda llegar al conocimiento de la Verdad y que pueda poner su esperanza en Jesús, pero estoy consciente que la coerción o el uso de la fuerza no son el camino para eso.  Dios tiene un plan para la vida de Carlos y a mi me llama a amarlo como prójimo, respetarlo como persona, valorarlo como amigo y a dialogar con él en las oportunidades que puedan existir para que pueda “dar razón de la esperanza que hay en mí.” (1 Pedro 3:15-16)  

Nos falta mucho por aprender y crecer como Iglesia.  Oremos y pidamos al Señor la orientación para hacer las cosas bien y ser fieles a la Escritura.  El camino cristiano es el amor, no la tiranía ni la imposición por la vía de la ley de la fe.


El día de hoy, 15 de julio, el diputado Marvin Osorio presentó su iniciativa de ley que busca hacer obligatoria la lectura de la Biblia en las aulas públicas y privadas de educación primaria y secundaria de todo el país.  Desde que en enero se presentó la idea, me he opuesto por cuestiones de fe, de consciencia y de libertad a esta propuesta.

Los argumentos que he dado se fundamentan en el respeto a la libertad de culto, consciencia y pensamiento de los guatemaltecos.  También he expuesto que es prerrogativa de la familia el inculcar en los niños los valores morales y religiosos que de acuerdo a su libre y responsable ejercicio de consciencia, determinen que son los que convienen para dirigir sus vidas.

Lamentablemente, la batalla alrededor de este tema ha tomado otros matices.  El día de ayer, Enrique Pazos del diario digital Nómada, publicó un blog titulado: “Leer sí, pero no la Biblia” en el que presenta sus argumentos de por qué él también se opone a esta iniciativa.  Sin embargo, lo que hace Pazos en su artículo ya no es argumentar sobre la base de la libertad o incluso sobre la base de que vivimos en un estado laico.  Pazos toma otro enfoque y se dedica a demeritar la Biblia ya ponerla por debajo de las obras de otros “grandes pensadores” – incluso citando a Locke, quién en sus obras citó ampliamente el texto bíblico para sustentar sus ideas, pero ese es otro tema.

Pazos cae en el mismo error que el diputado Osorio, ambos reducen la Biblia a un simple libro de “principios y valores morales”.  Osorio considera que la sola lectura del texto bíblico nos va a convertir en mejores personas, mientras que Pazos considera que lo que enseña la Biblia ya no es relevante.  Pazos llega al extremo de considerar que los libros de los “grandes pensadores” que el cita, pueden llegar a sustituir a la Biblia misma.

La vision de Pazos y de Osorio es exactamente la misma y es sumamente escueta.  La Biblia no es primordialmente un libro de “principios y valores”, no es un libro de reglas ni tampoco una colección de mitos o fábulas con algún tipo de enseñanza moral.

La Biblia es la manera en que Dios eligió revelarse a Sí mismo a la humanidad a través de textos redactados por autores humanos -inspirados por el Espíritu Santo- en circunstancias históricas, sociales, culturales y geográficas concretas.  La Biblia apunta hacia un lugar, hacia Jesús (Lucas 24:25-27, Juan 20:30-31, Hechos 8:26-39) y encuentra su máxima expresión en la encarnación misma de Jesús (Juan 1:1-5 y 14). Por supuesto que en todo esto, encontramos instrucciones y mandamientos que son útiles para nuestra vida (solo con leer el Salmo 119 podemos empezar a meditar sobre esto), pero la Biblia va muchísimo más allá.  Es por esta razón que no podemos ponerla a la par de otros textos de grandes pensadores -que, dicho sea de paso, Sr. Pazos, también deben ser interpretados de acuerdo a su contexto cultural, geográfico y social si es que buscamos entenderlos y aplicarlos bien-, y es por esta misma razón que tampoco podemos relegar su enseñanza al sistema de educación formal, porque requiere preparación que excede el mandato del ministerio de educación y que, por la naturaleza misma del texto, obliga a tocar temas acerca de la naturaleza y carácter de Dios, del ser humano, de la salvación, del futuro, etc., que deben ser discutidos en su ámbito de acción propio: la familia y la iglesia.

La oposición a la lectura obligatoria de la Biblia en clase debe sostenerse, pero esto NO SIGNIFICA oponerse a leer la Biblia en sí.  Debemos leer la Biblia, ¡por supuesto! Debemos leer también, si así lo deseamos, a los grandes pensadores de la humanidad.

Incentivar la lectura no debe ser usado como un arma de ataque a aquellos quienes leemos, creemos, buscamos vivir y aplicar y dirigir nuestras vidas de acuerdo a la Biblia y además, cumplir con nuestra responsabilidad de enseñarla a nuestros hijos e hijas. La libertad de todos lo exige.


No cabe duda que la época electoral saca lo peor de cada uno de nosotros como personas.  Cada 4 años nos vuelve a interesar lo que pasa en el país y en este proceso en particular, creemos que estamos involucrados porque fuimos a protestar, le dimos “like” o “retweet” a algo o de repente, empezamos a ver noticieros.  Patético.

En una publicación del 9 de julio, la página de Facebook “Levanta tu voz Ciudad Capital” ilustra muy bien lo poco que hemos avanzado, a pesar de que creemos que hacemos mucho.  En esa publicación, estas personas subieron una foto, un “meme” -demasiado ofensivo a mi criterio para publicarlo aquí- que ilustra a un grupo de mujeres indígenas mayores sosteniendo una bolsa que le ha otorgado uno de los partidos políticos que lidera la contienda.  El texto que enmarca el meme dice: “Si votas nulo, ellas decidirán tu futuro.”

¡¿Qué?! ¡En pleno siglo 21, casi 10 años de la firma -para bien o para mal- de los acuerdos de paz que pusieron fin a un conflicto armado de 36 años en el que murieron miles de guatemaltecos, pareciera que el fantasma del racismo y la exclusión no ha sido exorcizado!

El nefasto miedo capitalino al “voto rural” o “voto indígena” que parte de la premisa que son “ignorantes”, “acarreados”, “comprados”, “vendidos” y que por eso, debe rescatarlos el voto capitalino porque ese sí es “culto” y “se informa” de los planes de gobierno.

Estos memes y esta página de Facebook siguen alimentando el miedo entre guatemaltecos, la división sobre la base de etnia y condición socioeconómica.  No hay propuesta de construcción de nación, de genuina ciudadanía, de solidaridad, de valoración de la dignidad de la persona humana, de cada persona humana.

Me duele que sigamos pensando así.  Me duele que sigamos perpetuando estas ideas falsas y que destruyen.  Me duele que cada 4 años, de repente, nos recordemos que hay gente en todo el país que necesita ayuda pero que durante cada 4 años, nos desaparecemos -como individuos, familias, iglesias, empresas, etc.- y cedemos el terreno a que los políticos y sus organizaciones llenen ese vacío.

Como cristianos, estamos llamados a ya no ver a los demás con ojos meramente humanos (2 Corintios 5:16a), estamos llamados a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos y la parábola del Buen Samaritano nos muestra que nuestro prójimo es toda persona, aún los que son diferentes a nosotros. Como cristianos creemos que cada uno de nosotros fue creado a “imagen y semejanza de Dios” y que esa es la fuente de nuestra dignidad, de nuestra identidad y de nuestros derechos y responsabilidades.

Si creemos esto, entenderemos entonces que el voto es una cuestión de libertad, de libertad de pensamiento, de libertad de expresión, de libertad de elegir y ser electo y de libertad de consciencia.  Bajo este entendimiento, entenderemos que todos los votos de los guatemaltecos y guatemaltecas son igualmente válidos, valiosos y dignos.  Bajo ese pensamiento podremos empezar a construir una verdadera nación, a ser verdaderos ciudadanos, verdaderos chapines que, a partir de los intereses y metas individuales de cada quién, aprenderemos a trabajar en paz, a cooperar, a colaborar y aún a competir de manera digna, respetuosa y constructiva.

No podemos seguir perpetuando el miedo, el odio, la división, el racismo y la exclusión entre guatemaltecos.  La diversidad étnica y cultural que tenemos nos enriquece y, a pesar de que hace complicado muchas veces entendernos y ponernos de acuerdo, es esa diversidad y el debate libre de las ideas la que nos terminará sacando del hoy en el que estamos.

¡Digamos NO a memes como el de esta página! ¡Denunciemos! ¡Tengamos una contienda electoral y un despertar ciudadano fundamentado sobre bases sólidas y no sobre fantasmas del pasado que quieren venir a espantarnos de nuevo!


Uno de los temas más importantes que enmarcan, o más bien, encierran como un sándwich toda la enseñanza de Tito es la insistencia de Pablo acerca de la importancia de la “sana doctrina” o enseñanza. Tito está pastoreando una iglesia en la isla de Creta, y Pablo, en su labor apostólica, le escribe esta importante carta para instruirlo, fortalecerlo y exhortarlo en esta importante labor.

Pablo inicia afirmando el trabajo que el ha venido realizando: “…Fui enviado para proclamar fe a los que Dios ha elegido y para enseñarles a conocer la verdad que les muestra cómo vivir una vida dedicada a Dios.” (Tito 1:1, NTV). Vemos en Pablo una claridad importantísima: su mensaje es enseñar la verdad y es partir de esta verdad que los electos pueden vivir una vida piadosa. Las implicaciones de la enseñanza de la verdad son claras y nos apuntan a la certeza que tenemos en nuestra salvación (v.2). El anuncio de la verdad del Evangelio ha venido justo en el tiempo que Dios ha designado a través de Jesús (v.3).

Luego de estas implicaciones que la enseñanza de la verdad tiene para todos los creyentes en general, Pablo afirma a Tito en su rol pastoral y en su responsabilidad de nombrar ancianos para apoyarle en el desarrollo de la iglesia local de Creta. Estos ancianos deben llenar requisitos muy importantes, pero el que nos atañe en este momento es el descrito en el versículo 9: “Debe tener una fuerte creencia en el mensaje fiel que se le enseñó; entonces podrá animar a otros con la sana enseñanza y demostrar a los que se oponen en qué están equivocados.” (Tito 1:9, NTV). El liderazgo de la iglesia local tiene una gran responsabilidad respecto a la verdad, a la sana doctrina:

  1. Debe estar plenamente convencido de la verdad y conocerla.
  2. A partir de ese convencimiento y conocimiento, debe animar a otros a partir de ella.
  3. Debe estar dispuesto a activamente corregir a quienes estén equivocados en relación a la sana doctrina.

El llamado aquí a los líderes es muy fuerte. Es un llamado al que los ancianos de cualquier iglesia deben poner mucha atención y del cual deben estar dispuestos a rendir cuentas a la congregación a través de su servicio activo y proactivo en la enseñanza, exhortación y corrección. Pero, por sobre todas las cosas, cada líder dentro de la iglesia local debe estar plenamente convencido y esforzarse por conocer cada vez más y mejor la verdad, la sana doctrina. Esto no es algo que debe tomarse a la ligera, porque Pablo mismo nos indica las consecuencias de cuando en la iglesia se enseñan cosas contrarias a la sana doctrina por parte de falsos maestros: “Hay que callarlos, porque, con su falsa enseñanza, alejan a familias enteras de la verdad, y sólo lo hacen por dinero.” (Tito 1:11, NTV). El impacto de la falsa doctrina se siente de manera fuerte en la familia y la consecuencia puede llegar a ser que se alejen de la iglesia. Esto es más serio de lo que pensamos. Ahora, esta función encomendada al liderazgo de la iglesia de corregir a quienes enseñan y/o creen falsas enseñanzas tiene un propósito redentor: “Es la verdad. Así que repréndelos con severidad para fortalecerlos en la fe.” (Tito 1:13, NTV). No se trata de reprender solo por reprender, sino debemos buscar la restauración de estas personas en la fe y la sana doctrina.

El capítulo 2 de Tito nos da una serie de instrucciones muy importantes para la vida en comunidad. Pablo nos detalla el rol de los distintos miembros de la iglesia para vivir de una manera agradable a Dios. Es importante resaltar y recordar que esta lista de enseñanzas e instrucciones tiene un ancla muy importante, la sana doctrina: “Tito, en cuanto a ti, fomenta la clase de vida que refleje la sana enseñanza.” (Tito 2:1, NTV). O sea, estas instrucciones no son solamente directrices morales, sino tienen un objetivo: DAR TESTIMONIO DEL EVANGELIO. Lo vemos en el propósito final de las instrucciones a cada grupo:

  1. Hombres mayores: “Deben tener una fe sólida y estar llenos de amor y paciencia.” (Tito 2:2b, NTV)
  2. Mujeres mayores: “Entonces no deshonrarán la palabra de Dios.” (Tito 2:4b, NTV)
  3. Jóvenes: “Enseña la verdad, para que no puedan criticar tu enseñanza. Entonces los que se nos oponen quedarán avergonzados y no tendrán nada malo que decir de nosotros.” (Tito 2:8, NTV)
  4. Esclavos: “Entonces harán que la enseñanza acerca de Dios nuestro Salvador sea atractiva en todos los sentidos.” (Tito 2:10b, NTV)

Pablo, fiel a su estilo, no deja de recordarnos la importancia y centralidad del Evangelio como motor de todo este cambio de vida: “Pues la gracia de Dios ya ha sido revelada, la cual trae salvación a todas las personas.” (Tito 2:11, NTV), y es a partir de aquí que nos hace a todos un fuerte llamado a la santidad (v.12-14) no sin dejar de apuntar nuestra mirada a la esperanza de salvación que tenemos en Jesús (v.13). Nuevamente, Pablo encomienda a Tito como pastor de esta iglesia la enseñanza de estas cosas a los creyentes y la importancia de corregir a aquellos que se desvían de estas ideas (v.15).

El capítulo 3 es, para mi, el otro pan del sándwich que mencioné al inicio. Pablo nos recuerda nuestra condición como pecadores (v.3) y luego nos vuelve a centrar en el Evangelio, la razón por la cual nuestra vida ha cambiado: “Pero: ‘Cuando Dios nuestro Salvador dio a conocer su bondad y amor, él nos salvó, no por las acciones justas que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia. Nos lavó, quitando nuestros pecados, y nos dio un nuevo nacimiento y vida nueva por medio del Espíritu Santo. Él derramó su Espíritu sobre nosotros en abundancia por medio de Jesucristo nuestro Salvador. Por su gracia él nos declaró justos y nos dio la seguridad de que vamos a heredar la vida eterna.’” (Tito 3:4-7, NTV).

En 3 versículos Pablo nos resume la sana doctrina. Y en el versículo 8 nos vuelve a insistir en que esto es lo que debe enseñarse porque esto es lo único que cambia la vida de verdad. El Evangelio al inicio y al final de esta carta de Pablo es clave para entender lo crucial que es que nuestros ojos estén puestos en la Cruz para que no caigamos en la trampa del legalismo, del moralismo, de la religión que lejos de acercarnos a Dios y acercarnos los unos a los otros, nos destruye, aleja y enajena.

La doctrina importa. Importa no porque sean grandes conceptos teológicos que nos llenan la boca de palabras difíciles de pronunciar o entender. Importa porque nos regresa constantemente a la Cruz y a partir de la Cruz, a partir de la gracia, nos da las herramientas para vivir vidas piadosas, vidas pacíficas en comunidad y vidas que den testimonio a otros de la esperanza que tenemos en Jesús.

Tanto para los miembros de la congregación, como para los líderes y ancianos de la iglesia, estudiar, conocer, creer, asimilar y vivir de acuerdo a la sana doctrina es necesario y debemos esforzarnos en ello confiando en que el Espíritu Santo nos guiará en cada paso del camino, la gracia de Jesús nos sostendrá en todo momento –aún cuando fallamos- y el Padre mirará con agrado nuestro esfuerzo y entrega a la vez que le glorificamos en el camino.

¡Ánimo!

(Este artículo fue originalmente escrito para apoyar la serie de “Tito” predicada durante el mes de julio 2015 en Casa de Libertad, en Guatemala)

El ejemplo de Allen Kagina en Uganda nos revela que una comprensión clara del Evangelio realmente transforma e ilumina nuestra vocación que no solo produce resultados eternos, sino que impacta y transforma vidas aquí y ahora.  Un cristiano es fiel en su vocación diaria dónde esté, es técnicamente competente, innovador, valiente y humilde.  Un cristiano fiel en su vocación diaria entiende a la persona humana como Imago Dei y por eso la trata y sirve con dignidad, sean clientes, jefes, subordinados, proveedores, o personas por las que el mundo no daría nada.

Si como Iglesia queremos transformar nuestra nación, debemos centrarnos en el Evangelio de Jesús y sostenidos por la fe y la gracia, aplicar con entusiasmo y fe las técnicas en las que cada uno de nosotros ha sido entrenado para nuestra vocación diaria y servir allí con fidelidad.

4«Esto dice el Señor de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel, a los cautivos que él desterró de Jerusalén a Babilonia: 5“Edifiquen casas y hagan planes para quedarse. Planten huertos y coman del fruto que produzcan. 6Cásense y tengan hijos. Luego encuentren esposos y esposas para ellos para que tengan muchos nietos. ¡Multiplíquense! ¡No disminuyan! 7Y trabajen por la paz y prosperidad de la ciudad donde los envié al destierro. Pidan al Señor por la ciudad, porque del bienestar de la ciudad dependerá el bienestar de ustedes”. (Jeremías 29:4-7, NTV)


Los meses de mayo y junio han sido bastante turbulentos en el mundo. Primero Irlanda, a través de un referendo popular, y luego Estados Unidos, a través de una decisión de su Corte Suprema, legalizaron e impusieron el reconocimiento legal de las uniones entre dos personas del mismo sexo bajo un intento de redefinición de la institución del matrimonio.

Las reacciones no se dieron a esperar. Por todo el mundo hubo celebración y por todo el mundo se sintió también el rechazo a semejante medida por parte de hombres y mujeres cristianos comprometidos con la definición del matrimonio bíblica e histórica.

Quizás de los fenómenos más interesantes fue la cantidad de personas e instituciones que decidieron literalmente mostrar sus colores y manifestar su aprobación a la decisión de la Corte Suprema de EEUU colocando en sus perfiles de redes sociales e incluso a través de decoraciones físicas en edificios públicos en distintas ciudades el símbolo que por décadas ha identificado al movimiento homosexual: el arco iris.

Admito que me sorprendió ver a tanta gente conocida mía manifestándose de esa forma. Pareciera que en estos últimos días se está trazando una línea muy clara: los que tienen arco iris y los que no. El apoyo a esto se racionaliza a través de etiquetas como #LoveWins (“el amor gana”) y #LoveIsLove (“el amor es amor”) y sobre todo, argumentando que al ser esta decisión una decisión privada entre dos individuos, esto no afecta a nadie más y por ende, oponerse a tal medida, es atentar contra la propia libertad y dignidad de estos individuos y su derecho a ser felices. La otra clara manifestación que este tema está generando, es la tipificación inmediata de homofóbicos e intolerantes a todos aquellos que sostenemos y defendemos a la institución del matrimonio como:

  • Diseñada por Dios
  • La unión entre un hombre y una mujer, una vez y para siempre
  • Anterior a cualquier estado, gobierno y legislación

¿Dónde está el problema? Más allá de los argumentos legales, morales y religiosos, mi preocupación principal es la visión individualista que se tiene del problema. Se plantea una visión del matrimonio reduccionista, de carácter eminentemente privado y sin implicaciones o ramificaciones sociales. Al mostrar los colores, queda en evidencia que vivimos en una sociedad individualista, intolerante y sujeta a una ética meramente circunstancial y que no considera al otro como sujeto moral y con quien se tienen obligaciones si es que hemos de vivir en sociedad.

El matrimonio es por definición una institución social. Es la unidad social más básica y es el lugar ideal para la crianza de niños que lleguen a ser personas verdaderamente libres, responsables y virtuosas. El tomarse el gobierno (a través del poder coercitivo de la ley) o la sociedad (a través de un mal ejercicio de la “tiranía de la mayoría” –la democracia) atribuciones que no le corresponden e intentar redefinir el matrimonio para convertirlo en una mera institución de conveniencia económica, cuyo uno objetivo es el placer y una elusiva garantía de felicidad individual, buscamos como sociedad abstraernos de ser precisamente eso, seres sociales. Alimentar este narcisismo, solo nos llevará a ser cada vez más intolerantes, divisivos y hostiles contra aquellos que no comparten nuestras ideas.

No olvidemos que cada matrimonio nuevo entre un hombre y una mujer es un SI a la vida, un sí a la posibilidad de vida nueva, de creer en un futuro mejor y en la posibilidad de construir una vida diferente.  Parte del carácter socializador del matrimonio está en su potencial de procreación, porque nos obliga a salirnos de nosotros mismos y a vivir enteramente entregados a otros y en eso, encontrar nuestra verdadera vocación y propósito en la vida.

¿Qué nos corresponde hacer como Iglesia? Nos corresponde la defensa férrea del matrimonio, pero no a partir del moralismo o incluso, a través de la argumentación legal como única camino de incidencia social. El matrimonio lo defendemos porque es a través del matrimonio como Dios eligió revelar las más hermosas sombras del Evangelio (Efesios 5). Porque no hay nada más importante que el Evangelio (1 Corintios 15), el matrimonio es crucial como institución a través de la cual aprendemos a vivir la gracia, el perdón, la misericordia y la restauración. Al igual que el arco iris original de Génesis 9 apunta a una esperanza mejor que la que presenta el logo homosexual, el matrimonio entre un hombre y una mujer nos revela el Evangelio, algo mucho mejor que la vacía etiqueta de #LoveWins que coloca su esperanza en el mero sentimentalismo, narcisismo y búsqueda del placer individual como cúspide de la aspiración humana.

Lo que está en juego es mucho más grande de lo que pensamos. Las implicaciones para el futuro de nuestra sociedad, de nuestros hijos, son mucho más profundas. Los desafíos que enfrentaremos son abrumadores y debemos prepararnos para perder muchas batallas a lo largo del camino. Pero a pesar de esto, no cedamos ante la falsa idea de que “vox populi, vox dei”, porque Dios ya ha hablado y tampoco nos creamos la mentira que el gobierno es la fuente de nuestros derechos, dignidad e instituciones más preciadas como el matrimonio. Mucho antes que hubiera gobierno, Dios ES y de Él se deriva nuestra dignidad como personas y es en Sus instituciones en donde encontramos la mayor oportunidad de florecer dentro de esa dignidad y alcanzar nuestro máximo potencial como hombres, mujeres, esposos, esposas, padres, madres, hijos e hijas.

¡Ánimo!


Escribo esto, después de dos días de gran reflexión, y después de una montaña rusa de emociones y sentimientos. Gracias a todos aquellos que se han tomado el tiempo de escribirme, de enviarme artículos, de llamarme, con el fin de poder entender lo que para nosotros, los guatemaltecos que creemos en el matrimonio, significa la decisión que tomo la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos, con respecto a la redefinición del matrimonio.

¿Por qué me opongo a una redefinición jurídica de la institución social del matrimonio en Guatemala?

El matrimonio es una institución natural que antecede al Estado, y como tal, no es una realidad social que cambia y evoluciona al libre sentir de las personas, ni es potestad del Estado definir qué se entiende por matrimonio. Las normas sobre el surgimiento de la familia, como lo son el matrimonio, han sido producto de un surgimiento espontáneo y desarrollo del matrimonio como institución natural, que ha existido siempre independientemente del Estado. El Estado no es el poder que creó la institución del matrimonio, ni son sus leyes las que determinan su naturaleza.

Históricamente, en Guatemala los cuatro Códigos Civiles que han regido nuestro ordenamiento jurídico, han definido el matrimonio como uno entre un hombre y una mujer, y el propósito de protección y reconocimiento del mismo ha sido siempre y especialmente porque a partir de él se establece la familia, y de ella la subsistencia del Estado. La diferencia de sexos en el matrimonio, es uno de los elementos esenciales, interpretando a la institución junto con sus fines, la potencialidad de la pareja de continuar con la preservación de la especie humana. El pretender despojarla de estos fines, desnaturalizaría el propósito de la existencia del matrimonio. Si bien es cierto, no todas las uniones de matrimonio traen como consecuencia la procreación, todas las uniones entre un hombre y una mujer tienen el potencial de hacerlo.

El argumento principal de los proponentes del matrimonio homosexual es la existencia de una discriminación al no tener igualdad de derecho de que la unión se equipare a un matrimonio. En este caso, considero que no existe tal discriminación ya que las consideraciones hechas en cuanto a la naturaleza y finalidades de la institución justifican el mantenimiento de la normativa tal y como nuestro Código Civil la mantiene. La igualdad ante la ley no significa que no se excluyan a unos de lo que se otorga en igualdad de condiciones a otros. En igualdad de condiciones, tanto hombres como mujeres tienen derecho a acceder a la institución del matrimonio, cumpliendo con los requisitos objetivos y razonables impuestos por la institución, no existe impedimento alguno para hacerlo. Las personas que practican la homosexualidad tienen igual dignidad como personas que el resto, pero ello no implica admitir que se equipare el matrimonio como institución a una relación homosexual, ya que como se ha expuesto anteriormente, desnaturalizaría la institución y desvirtuaría la finalidad de la misma.

El matrimonio como institución natural, que antecede al Estado, ha tenido históricamente elementos que la han consolidado como el fundamento esencial para la convivencia en sociedad y el desarrollo integral de la persona. El redefinir la institución traería consecuencias catastróficas para la vida en sociedad ya que si se hace de acuerdo con las tendencias legislativas mundiales, se estaría despojando la protección a los elementos esenciales que componen el matrimonio y por lo tanto se estaría desnaturalizando la institución como la conocemos aún hoy.

Al redefinir el matrimonio, no se estaría simplemente modificando la institución, sino se estaría tratando de crear una completamente distinta a la que originalmente existe y que sería producto de una reingeniería constructivista de la voluntad humana, o peor aún una imposición gubernamental, desvirtuando por completo siglos de historia.

La redefinición del matrimonio, considerándola como una institución sin género, conlleva riesgos a violaciones de libertades fundamentales, para quienes creemos en la definición del matrimonio, como unión entre un hombre y una mujer. La verdadera libertad y dignidad de la persona se ve externalizada en el momento de poder actuar y tomar decisiones conforme a su consciencia, el poder expresar sus ideales y su voluntad sin que exista discriminación por sus decisiones como persona viviendo en sociedad pacíficamente. Uno de los problemas principales con la redefinición del matrimonio es que amenazaría con la libertad de las personas de vivir de acuerdo con sus creencias religiosas. Además, a los profesionales los obligaría a llevar a cabo actos jurídicos que pudieran ir en contra de su consciencia[1] y el Estado estaría coaccionando a la participación de esos actos tanto a los profesionales como a los grupos religiosos. Iglesias de influencia predominante en Guatemala, se verían coaccionados por el Estado a participar en autorizar matrimonios en contra de sus creencias. Las convicciones religiosas serían descalificadas y se instauraría un pensamiento intolerante hacia lo religioso en un país de tradiciones religiosas importantes. Asimismo, se limitaría la libertad de expresión del individuo y de empresas que quisieran manifestar su desacuerdo con la modificación y redefinición del matrimonio. Estas consecuencias de actuar intolerante, ya las hemos visto en varios países que han adoptado la nueva definición del matrimonio.[2]

Guatemala no debe ceder a presiones internacionales de redefinición de una de las instituciones más primitivas de cuya subsistencia depende el desarrollo de una sociedad libre y virtuosa. La sociedad evoluciona, pero los valores fundamentales y principios sobre los cuales se forma no deben hacerlo.

Abro el espacio para dialogo, dialogo sin sentimentalismos ni insultos, esperando que como Guatemaltecos entendamos que la única forma de contribuir a un país libre, es aprendiendo a respetar las ideas de quienes no piensan igual que nosotros.

[1] Ejemplo: http://blog.alliancedefendingfreedom.org/2015/06/17/same-sex-marriage-doesnt-affect-anyone-just-ask-jack-phillips/

[2] Historia de Barronelle Stutzman: https://www.youtube.com/watch?v=MDETkcCw63c