Keira Knightley as Lizzie Bennet in the 2005 film Pride and Prejudice

En mi último post me puse en los zapatos de Alicia y compartí mi respuesta a la pregunta de la Oruga: “¿Quién eres tu?” partiendo de la antropología cristiana. Pero, tengo que confesar que en mi cabeza el tema siguió dando vueltas… de una forma más personal.

Una noción de mujer

A lo largo de la historia de la humanidad (partiendo de una idea antropológica) se ha desarrollado no solamente una noción de persona humana, sino una noción de hombre y mujer, que luego se manifiesta en la cultura y se representa en nuestro día a día.

“––Me asombra ––dijo Bingley–– que las jóvenes tengan tanta paciencia para aprender tanto, y lleguen a ser tan perfectas como lo son todas. ––¡Todas las jóvenes perfectas! Mi querido Charles, ¿qué dices? ––Sí, todas. Todas pintan, forran biombos y hacen bolsitas de malla. No conozco a ninguna que no sepa hacer todas estas cosas, y nunca he oído hablar de una damita por primera vez sin que se me informara de que era perfecta. ––Tu lista de lo que abarcan comúnmente esas perfecciones ––dijo Darcy–– tiene mucho de verdad. El adjetivo se aplica a mujeres cuyos conocimientos no son otros que hacer bolsos de malla o forrar biombos. Pero disto mucho de estar de acuerdo contigo en lo que se refiere a tu estimación de las damas en general. De todas las que he conocido, no puedo alardear de conocer más que a una media docena que sean realmente perfectas. ––Ni yo, desde luego ––dijo la señorita Bingley. ––Entonces observó Elizabeth–– debe ser que su concepto de la mujer perfecta es muy exigente. ––Sí, es muy exigente. ––¡Oh, desde luego! exclamó su fiel colaboradora––. Nadie puede estimarse realmente perfecto si no sobrepasa en mucho lo que se encuentra normalmente. Una mujer debe tener un conocimiento profundo de música, canto, dibujo, baile y lenguas modernas. Y además de todo esto, debe poseer un algo especial en su aire y manera de andar, en el tono de su voz, en su trato y modo de expresarse; pues de lo contrario no merecería el calificativo más que a medias. ––Debe poseer todo esto ––agregó Darcy––, y a ello hay que añadir algo más sustancial en el desarrollo de su inteligencia por medio de abundantes lecturas. ––No me sorprende ahora que conozca sólo a seis mujeres perfectas. Lo que me extraña es que conozca a alguna. ––¿Tan severa es usted con su propio sexo que duda de que esto sea posible? ––Yo nunca he visto una mujer así. Nunca he visto tanta capacidad, tanto gusto, tanta aplicación y tanta elegancia juntas como usted describe.” Orgullo y Prejuicio, Jane Austen

Jane Austen es reconocida por representar la sociedad inglesa del siglo XIX en sus novelas, y aunque este diálogo, se enmarca en ese contexto particular, para mí es un ejemplo de como en ese diario vivir encontramos la noción de lo que es o debería ser una mujer. Aún fuera de ese contexto, puedo de alguna manera identificarme en el diálogo, solo tengo que hacer unos pequeños cambios de contexto.

Quizá en vez de pintar, forrar biombos y hacer bolsitas de malla, tendría que pensar en trabajar o tener algún hobby, cocinar, hacer crossfit, pilates, yoga (o algún deporte); en lugar de tener un conocimiento profundo de música, canto, dibujo, baile y lenguas modernas, podría pensar en tener estudios universitarios, estar en forma (además de pelo, piel y uñas como de salón), buen ritmo al bailar, sentido del humor, y hablar más de un idioma. Por favor, no me mal interpreten no estoy en contra de estas cosas, además como amante de un buen libro me gustó que el Señor Darcy haya agregado el desarrollo de su inteligencia por medio de abundantes lecturas.

Apasionada por Dios y Su gracia

Sin embargo, entiendo el argumento de Elizabeth, al reconocer el peso que la sociedad puede poner sobre la mujer en cuanto a quién debería de ser y cómo debería de actuar, basándose en una noción humana de perfección que para nosotras es imposible de alcanzar. Somos pecadoras por naturaleza y elección, no hay en nosotras perfección. (Romanos 1:21-23, Romanos 3:10-11,23).

¡Cuánto quise ser perfecta! ¡Cuánto trate de serlo! Sí, la joven correcta, la joven perfecta. Poniendo mi valor e identidad en la opinión de las personas a mi alrededor, tratando de justificarme en mi propia razón. Pero Dios en su misericordia me dejó fallar una y otra vez, hasta que reconocí que no se trataba de mí, que mi historia era parte de una historia aún mayor, reconocí quién es El y entonces pude conocer quién soy yo.

Quién soy como mujer, mi cuerpo y la belleza en el; mi habilidad intelectual y la capacidad de crear, mi pasión por los proyectos y las ideas detrás de ellos, cuánto disfruto imaginar la imagen completa y jugar con los detalles; tener libertad de sentir, amar, reír y llorar; enfrentar mis temores, sombras y días grises; abrazar mis sueños, anhelos y deseos del corazón, aún el sexto sentido que dicen que tenemos. Y en todo esto aprendí que soy suya y que eso es todo y suficiente, aprendí que su perfecto y mi perfecto son diferentes y como día a día Su amor y Su gracia me sostienen (Isaías 43:1, Efesios 2:4-5).


portada-disco

Hace 16 años grabamos con un grupo de amigos y hermanos el disco “¿Qué tan Loco estás Tú?” de nuestra banda “Locos & Cuerdas“.

Hoy compartimos el disco aquí y lo hemos puesto para descarga gratis en Noisetrade.

¡Qué lo disfruten y recuerden esas doradas épocas!


Última entrega de la serie tomada de mi traducción del libro “As a Gentleman Would Say” de John Bridges y Bryan Curtis.

  1. Un caballero se esfuerzo por mantener sus manos, especialmente sus uñas, limpias en todo momento.  Él nunca sabe cuándo será presentado a una nueva persona y nunca quiere tener que pensar dos veces antes de extender su mano para saludar.
  2. Un caballero siempre lleva consigo un pañuelo limpio y está preparado para ofrecerlo en tiempos de gran tristeza – o gran alegría.
  3. Cada vez que un caballero solicita algún servicio o favor, siempre recuerda de decir, “por favor”.  Es pronto para decir, “gracias” cada vez que algún servicio o favor se le es ofrecido.
  4. Cuándo se le invita a participar en alguna experiencia agradable -sea esta una cena o un evento deportivo- un caballero pierde tiempo antes de aceptar.
  5. Un caballero entiende el significado de la palabra no.
  6. Un caballero sabe escuchar.
  7. Un caballero sabe que escuchar es una habilidad que mejora cuándo esta se practica regularmente.
  8. Cuándo un caballero siente que ha sido insultado, el inmediatamente sabe la respuesta correcta: responde sin decir nada.
  9. Un caballero tiene creencias definidas, pero piensa antes de expresar sus opiniones.  Él reconoce que las creencias de otras personas son válidas.  El argumenta únicamente sobre aquellos temas en dónde una vida puede ser salvada.
  10. Al entablar una conversación fuera del trabajo, un caballero es sabio en dejar su trabajo en la oficina.
  11. Un caballero no intenta corregir el comportamiento de sus amigos en público.  En lugar de eso, enseña a través del ejemplo.
  12. Un caballero no toma partido en discusiones inútiles sobre temas importantes.  En lugar de esto, toma acciones para efectuar un cambio.
  13. Un caballero sabe cómo concluir una conversación.

Continuando la serie tomada de mi traducción del libro “As a Gentleman Would Say” de John Bridges y Bryan Curtis.

  1. Un caballero no alardea, especialmente acerca de sus propios logros.
  2. Un caballero sabe que las mejores conversaciones consisten en hacer buenas preguntas, no en divulgar información acerca de sí mismo de entrada.
  3. Un caballero nunca dice, “¡Te lo dije!”.
  4. Un caballero sabe cómo pedir disculpas – y cómo aceptarlas.
  5. Un caballero sabe cómo extender un cumplido – y cómo recibirlo.
  6. Un caballero evita a toda costa cumplidos cuya intención es insultar.
  7. Un caballero sabe como presentar a alguien.
  8. Un caballero sabe cómo dar un buen apretón de manos, y está preparado para hacerlo.
  9. Un caballero no divulga rumores.  Es cuidadoso aún de divulgar hechos sensibles.
  10. Un caballero siempre intenta asegurar que su aliento está fresco, especialmente si espera estar cerca de otros al hablar.  Si es necesario, siempre lleva -y utiliza- mentas.

Continuando con la serie tomada de mi traducción del libro “As a Gentleman Would Say” de John Bridges y Bryan Curtis.

  1. Cuándo un caballero inicia una conversación telefónica, el sabe que es su responsabilidad terminar esa conversación.
  2. Un caballero nunca utiliza su teléfono celular cuándo está en la mesa con otros.
  3. Una vez un caballero descubre que debe declinar una invitación que ya ha aceptado, el alerta a sus anfitriones inmediatamente.  Él da una descripción franca de las razones para cambiar planes y ofrece una disculpa sincera.
  4. Cuándo un caballero recibe varias invitaciones a través de distintos servicios de mensajería, él acepta la primera.  Aún en el mundo del correo de voz, es grosero sopesar una invitación contra otra.
  5. Cuándo se trata de aceptar invitaciones sociales, un caballero nunca espera a que salga algo mejor.
  6. Un caballero no se enfrasca en discusiones de ningún tipo al estar en la mesa a la hora de comer.
  7. Cuándo un caballero se ve confrontado por argumentos que él considera necios, él no intenta refutarlos con la razón.  En cambio, él permanece en silencio sabiendo que la lógica es inútil en la guerra contra lo irracional.
  8. Un caballero da respuestas directas, especialmente a preguntas controversiales.  Ser directo, sin embargo, no significa ser grosero.
  9. Un caballero nunca afirma haber visto una película que no ha visto o leído un libro del cuál únicamente ha leído críticas.  Él sabe como decir, “No he leído (o visto) eso aún, sin embargo por lo que escucho de ello, suena muy interesante. ¿Qué le parece a usted?”.
  10. En una conversación civilizada, y cuándo se intenta conocer a nuevos amigos, un caballero pregunta, “¿Qué piensas?” lo más posible.

Continuando con la serie tomada de mi traducción del libro “As a Gentleman Would Say” por John Bridges y Bryan Curtis.

  1. Un caballero no utiliza frases extranjeras, a menos que esté completamente seguro de su significado -y su pronunciación.
  2. Un caballero no pretende hablar idiomas de los que no se ha apropiado aún.
  3. Un caballero es cuidadoso de lo que dice en presencia de personas que hablan otros idiomas.  Ellos podrán entender lo que está diciendo aún que él no pueda entenderlos a ellos.
  4. Aún cuándo habla en su propio idioma, un caballero no utiliza palabras que solamente puede definir luego de buscarlas en el diccionario.
  5. Una vez un caballero ha aprendido una palabra nueva del diccionario, él intentará usarla de manera correcta para así, apropiársela.
  6. Un caballero nunca le pregunta a una mujer si está embarazada.
  7. Aún en una discusión fuerte, un caballero evita alzar su voz.  Él no gana el argumento gritándole a otros.
  8. Cuándo un caballero incomoda a alguien más al pedirle que se mueva para pueda pasar a través de un salón lleno, el dice, “Con permiso.”  Él no dice, “disculpe”, ya que no hay razón para pedir disculpas.  De hecho, un caballero nunca dice, “disculpe” a menos que haya ofendido a alguien.
  9. Un caballero nunca inicia una oración diciendo, “No quiero avergonzarle, pero…”.
  10. Un caballero nunca le pide a nadie -hombre o mujer- que divulgue su edad.

A continuación una traducción de algunas reglas de vida que un caballero debe conocer (o aprender) tomadas del libro “As a Gentleman Would Say” por John Bridges y Bryan Curtis.

  1. Un caballero sabe cómo iniciar una conversación.
  2. Un caballero siempre piensa antes de hablar.  También piensa después de hablar, para poder construir sobre aquello que es correcto o corregir lo equivocado de aquello que ha dicho.
  3. Si un caballero se ve sometido a un comentario o comportamiento grosero, él no ofrecerá groserías a cambio.
  4. Un caballero permite que los demás terminen de hablar.  Aún en sus momentos más brillantes, él no interrumpe a otros, sin importar que tan aburridas sean sus opiniones.
  5. Un caballero no habla con la boca llena, ni siquiera por teléfono.
  6. Un caballero es lento para juzgar las acciones de otros, sean estas públicas o privadas.
  7. Un caballero no toma partido en fuertes discusiones sobre temas irrelevantes.
  8. Cuándo un caballero se entera que dos amigos se casarán, le dice al novio, “¡Felicitaciones!”, y le dice “¡Mis mejores deseos” a la novia.
  9. Un caballero hace un esfuerzo consciente por expresarse con gramática correcta, pero se resiste a la tentación de sonar prepotente o agrandado.
  10. A menos que esté dando una clase de idioma, un caballero no corrige la gramática de alguien más.

Nadie quiere creer una mentira o comprar productos falsos, sin embargo, esto pasa demasiado seguido en la Iglesia.

Este mundo está lleno de distracciones puede cambiar el enfoque de un cristiano del Evangelio verdadero a algo más.  Casi siempre estas son cosas que engañosamente entran y se aprovechan de nuestras buenas intenciones para enmascararse como cristianismo verdadero cuando, en realidad, son falsos evangelios.

Estas distorsiones son peligrosas porque le agregan o sustraen al perfecto y glorioso Evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

En su libro How People Change: How Christ Changes Us By His Grace, Paul David Tripp y Timotnhy Lane (disponible en español aquí)comparten varias distorsiones del Evangelio que normalmente se aceptan como parte del cristianismo.

A continuación siguen siete de estas distorsiones a las que debemos ponerle atención:

1. Formalismo

Esta distorsión tiene muchas manifestaciones externas de cristianismo cultural.  Un cristiano que ha caído en la trampa del formalismo piensa que sus acciones externas como asistir a la iglesia y servir son suficientes, y muchas veces descuidan un cambio real del corazón que viene luego de encontrarse con el Dios vivo.

A estas personas les puede ser difícil ver su necesidad por la gracia de Dios porque están conscientes de su desempeño exterior.  Esta visión reduce el Evangelio a “participar en las reuniones y ministerios de mi iglesia.”

2. Legalismo

El legalismo busca alcanzar la justicia de Dios a través de seguir los mandamientos de Dios como si fuesen una rígida lista de “haz esto” y “no hagas esto”.

Tripp y Lane lo explican muy bien, “el legalismo ignora la profundidad de nuestra incapacidad de ganarnos el favor de Dios.  Olvida la necesidad de nuestros corazones de ser transformados por la gracia de Dios. El legalismo no sólo es una reducción del Evangelio, es otro evangelio completamente distinto (ver Gálatas), en dónde la salvación se gana a través de seguir las reglas…”

3. Misticismo

Esta distorsión del evangelio le da mayor importancia a una experiencia o sentimiento espiritual (lo subjetivo) por sobre una genuina fe bíblica que descansa en Cristo (lo objetivo).  El cristianismo es una religión que abarca toda la vida y la experiencia humana, incluyendo las emociones y las experiencias.

El error del misticismo es sobre enfatizar la dimensión emocional y de experiencia del cristianismo, olvidando que Dios obra en nuestras vidas a través del evangelio, aún cuándo no podemos sentirlo directamente.  Hemos de perseguir a Cristo primero y las experiencias vendrán después.  Esta visión “reduce el evangelio a una dinámica emocional y de experiencias emocionales.”

4. Activismo

Este tipo de distorsión del Evangelio usualmente pone al centro alguna causa importante (usualmente un tema como el aborto) como un tema central que funciona como una especie de prueba ácida para determinar si alguien es “verdaderamente cristiano”.  Tripp y Lane nos explican que los activistas sobre enfatizan el mal que existe fuera de ellos a expensas del mal que existe dentro de ellos.  Esta distorsión define la madurez cristiana como “la disposición de defender lo bueno de lo malo” y con frecuencia reduce el evangelio a la participación en este tipo de actividades.

5. Biblicismo

El “biblicismo” toma algo bueno que Dios nos ha dado y lo tergiversa entro algo potencialmente dañino.  La gente que cae en el “biblicismo” usualmente manejan bien la Escritura y la teología (muchas veces a niveles avanzados), pero fracasan en aplicar en sus vidas la fe cristiana de manera práctica.  La fe es reducida a un mero conocimiento de la verdad o en tener “buena teología” a expensas de elementos vitales de la fe como vivir con gracia y en sujeción a Cristo.

Tripp comments, “[The Biblicist] has invested a great deal of time and energy mastering the Word, but he does not allow the Word to master him. In summary, Biblicism reduces the gospel to a mastery of biblical content and theology.”

6. Psicologismo

Esta visión trata al cristianismo principalmente como una filosofía de autoayuda para tratar con las heridas emocionales como el rechazo en lugar de Dios tratando en gracia con el problema humano del pecado y permitiéndonos adorarle a través de una relación personal con Cristo.

El peor pecado de acuerdo a esta visión es el pecado de otros, y usualmente uno es simplemente una víctima del pecado.  Tripp explica, “Cada vez que veas el pecado de otro en contra tuya como mayor que tu propio pecado, tenderás a buscar a Cristo como si fuese un terapeuta en lugar de buscarle como Salvador.  El cristianismo entonces se convierte más en la búsqueda de sanidad que la búsqueda de piedad. El evangelio es reducido a la sanidad de necesidades emocionales.

7. Amiguismo

Esta visión enfatiza las relaciones sociales dentro de la iglesia y usualmente apela a las personas que encuentran un nuevo y especial tipo de aceptación social dentro de un grupo en la iglesia.  Una comunidad fuerte de seguidores de Cristo es una cosa, pero fácilmente puede convertirse en un club social que enfatiza las relaciones por encima del crecimiento en Cristo.

Cuando una comunidad comienza a cambiar o a afirmar programas sociales y elimina los retiros, el cristiano que cae en el “amiguismo” puede desilusionarse en su fe y aún dejar de asistir a la iglesia por completo.  Para esta persona, “la gracia de la amistad reemplazo a Cristo como aquello que le da identidad, propósito y esperanza. El evangelio ha sido reducido a una red de relaciones cristianas que le satisfacen.”

Con frecuencia, estas distorsiones comienzan con buenas intenciones, pero son secuestradas por nuestra carne y transformadas en ídolos destructivos.  Necesitamos batallar en contra de estas distorsiones del Evangelio que pueden muy fácilmente meterse en nuestras vidas.

El Evangelio no se trata simplemente de conocer datos, de tener muchos amigos cristianos o hacer lo correcto afuera;  el Evangelio se trata acerca de la obra salvadora de Jesucristo a través de Su muerte y resurrección que nos reconcilia a Dios a través de la fe en Cristo.

¿Cómo podemos evitar estas distorsiones?

Es muy probable que cada uno de nosotros luche con una o varias de estas distorsiones a lo largo de nuestra vida.  La solución a estas está en no perder de vista el Evangelio de la gracia de Dios revelado en las Escrituras y orar para que seamos transformados y discipulados por el Evangelio verdadero.

Una vez bebamos de las profundas riquezas de la gracia de Dios, podremos colocar en perspectiva correcta del Evangelio todas esas cosas buenas que hemos distorsionado.

Tito 2:11-14 lo explica de esta manera:

11Pues la gracia de Dios ya ha sido revelada, la cual trae salvación a todas las personas. 12Y se nos instruye a que nos apartemos de la vida mundana y de los placeres pecaminosos. En este mundo maligno, debemos vivir con sabiduría, justicia y devoción a Dios, 13mientras anhelamos con esperanza ese día maravilloso en que se revele la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.14Él dio su vida para liberarnos de toda clase de pecado, para limpiarnos y para hacernos su pueblo, totalmente comprometidos a hacer buenas acciones.

Recordemos siempre que verdadero Evangelio de la gracia en Cristo y aprendamos a depender cada día más en Él y esa gracia.

Este artículo es una adaptación del contenido del capítulo 1 de How People Change por Timothy S. Lane y Paul David Tripp.


alice-with-caterpillar

Esta semana, en distintos almuerzos con amigos y nuevos amigos, hablando de todo un poco, una y otra vez parecía que en nuestra conversación había un denominador común: la persona humana y su dignidad, así que aquí algunas reflexiones.

Una noción de persona

“-¿Quién eres tu?- dijo la Oruga.
-Yo… este… apenas lo sé, señor, en este mismo momento… por lo menos sé quién era cuando me levanté por la mañana, pero creo que debo de haber sido cambiada varias veces desde entonces. -¿Qué quieres decir con eso?- dijo la Oruga severamente-, ¡Explícate!
-Me temo que no puedo explicarme, señor -dijo Alicia-, porque no soy yo, si me entiende.” Lewis Caroll. Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas.

Una de las grandes preguntas de todo el pensamiento humano es ¿Quién soy? En el mundo postmoderno la respuesta está llegando a ser “no sé”. Esto es sumamente peligroso, la pérdida de identidad provoca la pérdida de sentido; entonces se pierden las respuesta a preguntas importantes sobre nuestra humanidad, nuestra vida e incluso nuestra muerte.

No intento, ni pretendo hacer de esto un ensayo de antropología cristiana pero reconozco que si yo estuviera en los zapatos de Alicia tendría que ir a ésta para responder la pregunta de la Oruga, ya que la antropología es el marco dentro del cual se germinan las ideas sobre el hombre y sus actos; el pensamiento de quienes somos es el punto de partida del crecimiento o decadencia de las personas, familia, sociedades y naciones.

En los zapatos de Alicia

Mi respuesta sería algo así… (citando las Escrituras y algunos de mis antropólogos personalistas más queridos)

Soy un ser espiritual con alma y cuerpo (1 Tesalonicenses 5:23). Creada a su imagen y semejanza (Génesis 1:26). Mi vida: espíritu, alma y corporeidad humana, tienen dignidad y valor desde el día de mi concepción hasta el día de mi muerte. Que Dios confirma por medio de la encarnación del Verbo y su resurrección corporal, que de no haberlo hecho sería inconcebible pensar que Jesús siendo Dios tomara forma de hombre.

Emmanuel Mounier lo describe de forma hermosa: “no puedo pensar sin ser; ni ser sin mi cuerpo; yo estoy expuesto por él a mi mismo, al mundo, a los otros; por él escapo a la soledad de un pensamiento, que no seria mas que pensamiento de mi pensamiento. Al impedirme ser totalmente transparente a mi mismo, me arroja sin cesar fuera de mi en la problemática del mundo y las luchas del hombre. Por la solicitación de los sentidos me lanza al espacio, por su envejecimiento me enseña la duración, por su muerte me enfrenta con la eternidad. Hace sentir el peso de la esclavitud, pero al mismo tiempo esta en la raíz de toda conciencia y de toda vida espiritual. Es el mediador omnipresente de la vida del espíritu.”

Singular, en mi naturaleza racional, con la capacidad de conocer la Verdad (Juan 14:6). En palabras de Carlos Díaz: “Para nosotros cristianos, Cristo es la Verdad y la filosofía, la que se nutre de la entraña teológica; todo cuanto elaboren ulteriormente los filósofos se encontrará abierto por la Revelación bíblica exigiendo nuestro ejercicio filosófico por un tranquilo análisis de datos revelados para incorporar ideas, valores, principios emanados de la historia de la Revelación y condensados en la persona de Cristo y que “se vuelven filosóficos cuando se hace abstracción de la persona de donde brotan.”

Pecadora por naturaleza y elección propia (Romanos 3:23), en Cristo Jesús justificada, adoptada y redimida, viviendo mi vida como un proceso de santificación, esperando el día de glorificación (Romanos 8:29-30).  Juan Pablo II lo expone así: “La vida humana entera es un coexistir en la dimensión cotidiana -tu y yo- y también en la dimensión absoluta y definitiva yo y Tu. La tradición bíblica gira en torno a este Tu; que en primer lugar es el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios de los Padres, y después el Dios de Jesucristo y de los Apóstoles, el Dios de nuestra fe. Nuestra fe es profundamente antropológica, esta enraizada constitutivamente en la coexistencia, en la comunidad del pueblo de Dios y en la comunión con este eterno Tu. Una coexistencia así es esencial para nuestra tradición judeocristiana, y proviene de la iniciativa del mismo Dios. Esta es la linea de la creación, de la que es su prolongación, y al mismo tiempo es -como enseña San Pablo- la eterna elección del Hombre en el Verbo que es el Hijo.” 

 ¿Cuál sería tu respuesta?

Como Alicia, cada uno de nosotros se enfrenta esta pregunta de forma individual en su día a día y de forma colectiva como Iglesia, estamos delante de un reto histórico y universal. La antropología cristiana puede pensarse como la matriz en donde se gestará el pensamiento que enfrentará el paradigma del hombre postmoderno y el paradigma de ser iglesia para esta generación.


“La fe verdadera está bañada en penitencia.  Y justo como la fe no es únicamente un acto momentáneo sino una permanente actitud de confianza y seguridad dirigida al Salvador, de manera tal que el arrepentimiento resulta en una actitud constante de contrición.  El espíritu quebrantado y el corazón contrito son marcas permanentes del alma creyente.  Mientras el pecado permanezca, debe haber la consciencia del mismo y esta convicción de nuestro propio pecado obliga nuestro auto-aborrecimiento, nuestra confesión y el clamor por perdón y limpieza.  La Sangre de Cristo es el jabón de la limpieza inicial pero es también la fuente a la que el creyente debe ir para su continua reparación.  Es en la Cruz de Cristo en dónde el arrepentimiento encuentra su comienzo; es en la Cruz de Cristo en dónde el arrepentimiento debe continuar a derramar su corazón en lágrimas de confesión y contrición.  El camino de la santificación es el camino de la contrición por el pecado del pasado y del presente.  El Señor perdona nuestros pecados y ese perdón está sellado por la luz de Su rostro, pero nosotros no nos perdonamos a nosotros mismos.” (traducido del libro “Redemption Accomplished and Applied de John Murray) 

Hoy, miércoles 5 de marzo de 2014, se observa en todo el mundo cristiano el “miércoles de ceniza” que marca el inicio del período de Cuaresma, los 40 días previos al inicio de Semana Santa.  En la tradición Católica, se observa este período con un espíritu de contrición y arrepentimiento, de manera que el corazón del creyente se prepare para lo que en Semana Santa se conmemora….el sacrificio de Jesús en la Cruz y Su Resurrección.

Como Protestantes/Evangélicos, no tenemos esta tradición.  Poco a poco se ha ido recuperando algún sentido de solemnidad alrededor de Semana Santa y varias iglesias han sido más intencionales en exponer estos temas durante las semanas que nos llevan hacia allí.  Sin embargo, a pesar de que no hacemos un parón durante la Cuaresma y no observamos el miércoles de ceniza como tal, el tema alrededor del que gira esta observancia es…o debe ser…central en la vida del cristiano: el arrepentimiento.

Ahora, para el evangélico “neo-pentecostal” (alguien defina por favor qué significa esto….) que es conocido -al menos ante la “opinión pública” y las caricaturas que esta forma de  nuestra fe, evidenciada por las tantas críticas que tiene el “evangelicalismo” en Guatemala-, el concepto de “arrepentimiento” y el de “contrición” con cosas totalmente foráneas a nuestra experiencia.

¿Por qué? La explicación está en que hemos sido presas del triste, patético y mentiroso “Evangelio de la Prosperidad” o de su hermanito mejor portado, el “Deísmo Moralista Terapéutico“.  Estas dos descaradas desviaciones del Evangelio han anulado en la consciencia evangélica la realidad del pecado y la necesidad del arrepentimiento.  Se habla de “victoria”, de “conquista”, de “rompimiento”, pero nunca de quebrantamiento, arrepentimiento y contrición.  No se habla de esas cosas porque estas erróneas teologías anulan cualquier marco de referencia para el sufrimiento y el hecho de sufrir es, en sí mismo, pecado….el pecado de “falta de fe”.

Jesús comenzó Su ministerio haciendo un llamado al arrepentimiento (Mateo 4:17).  Pablo nos habla de un tipo específico de arrepentimiento que nos da vida y lo contrasta con el remordimiento en 2 Corintios 7:10-11.  Grandes hombres cristianos como John Murray (citado al inicio del artículo) y Charles Spurgeon y Abraham Kuyper escribieron también mucho de esto.

Estamos llamados al arrepentimiento porque por nuestro pecado, estamos urgidos de ser reconciliados con Dios por medio de Jesús: 2 Corintios 5:15-20 y Colosenses 1:19-22.  Nuestra vida como cristianos puede ser de “victoria en victoria” no por nuestros grande logros y grandes hazañas de gimnasia espiritual.  Puede ir de “victoria en victoria” por la victoria de Jesús en la Cruz sobre el pecado, el diablo y la muerte.  El arrepentimiento continuo es ese constante llamado a nuestra consciencia de que nuestra desesperada necesidad de Jesús y no de nuestra fortaleza moral, fuerza de voluntad o capacidad de sobreponernos a los obstáculos en la vida.

Esto no es solamente para Cuaresma.  Esto es parte del día a día del cristiano.  Todos los días pecamos y todos los días necesitamos arrepentirnos.  Todos los días hay gracia.

Los exhorto a que aprovechemos esta época para reflexionar sobre estos temas, celebrar con humildad, adoración y alegría todo lo que Jesús hizo por nosotros en la Cruz y compartir con quienes sí observan de manera más litúrgica estas fechas, la esperanza del Evangelio para que en su observancia, encuentren gracia, misericordia y sentido a su práctica religiosa.

¡Que la consciencia de nuestro pecado nos quebrante y nos acerca continuamente a la Cruz! Vivamos lo que el Salmista escribió en el Salmo 19:12 y en el Salmo 51 (¡entre muchos otros!) y que el Amor del Padre, la Gracia del Hijo y la Comunión con el Espíritu Santo estén con nosotros siempre.