“Belleza es la palabra con la que iniciaremos.  Belleza es la última cosa a la que el intelecto pensante se atreve a acercarse, ya que esta únicamente baila como un esplendor incontenible alrededor de la doble constelación de lo verdadero y lo bueno y su inseparable relación entre sí.  La belleza es aquella que es desinteresada, sin la cual el mundo antiguo se rehusaba a entenderse a sí mismo, una palabra que de forma imperceptible y a la vez inequívoca se ha despedido de nuestro nuevo mundo, un mundo de intereses, dejándole en manos de su propia avaricia y tristeza.  Sin ser amada ni promovida por la religión, la belleza ha sido levantada de su propio rostro cual máscara, y su ausencia expone rasgos en ese rostro que amenazan hacerse incomprensibles al hombre.  Ya no nos atrevemos a creer en la belleza y hacemos de ella mera apariencia para poder así, descartarla con facilidad.  Nuestra actual situación nos muestra que la belleza exige para sí misma al menos tanto coraje y decisión como lo exigen la verdad y la bondad, y que ella no permitirá que se le separe o prohiba estar con sus dos hermanas sin llevárselas con ella en una especie de venganza misteriosa.  Podemos estar seguros que quienquiera que menosprecie su nombre como si fuese el adorno de un pasado burgués -ya sea que lo admita o no- será incapaz de orar y dentro de poco, incapaz de amar.”

— Hans Urs von Balthasar, LA GLORIA DEL SEÑOR: UNA ESTETICA TEOLOGICA, VOL. 1 – VER LA FORMA

“Beauty is the word that shall be our first. Beauty is the last thing which the thinking intellect dares to approach, since only it dances as an uncontained splendor around the double constellation of the true and the good and their inseparable relation to one another. Beauty is the disinterested one, without which the ancient world refused to understand itself, a word which both imperceptibly and yet unmistakably has bid farewell to our new world, a world of interests, leaving it to its own avarice and sadness. No longer loved or fostered by religion, beauty is lifted from its face as a mask, and its absence exposes features on that face which threaten to become incomprehensible to man. We no longer dare to believe in beauty and we make of it a mere appearance in order the more easily to dispose of it. Our situation today shows that beauty demands for itself at least as much courage and decision as do truth and goodness, and she will not allow herself to be separated and banned from her two sisters without taking them along with herself in an act of mysterious vengeance. We can be sure that whoever sneers at her name as if she were the ornament of a bourgeois past — whether he admits it or not — can no longer pray and soon will no longer be able to love.”

— Hans Urs von Balthasar, THE GLORY OF THE LORD: A THEOLOGICAL AESTHETICS, VOL. 1 – SEEING THE FORM

Texto tomado de aquí.


Traducido del artículo “The One Thing Christians Should Stop Saying” por Scott Dannemiller

Estaba hablando por teléfono con un buen amigo hace algunos días. Luego de hablar de algunos asuntos importantes, cómo el hablar acerca de nuestras mamás y volver a contar historias semi-verídicas de nuestros días universitarios, nuestra conversación dio un giro hacia lo mundano.

“Entonces, ¿qué tal el trabajo?”, me preguntó.

Para aquellos que no lo saben, yo me gano la vida enseñando liderazgo y ayudando a las personas a llevarse bien las unas con las otras dentro del mundo corporativo de Estados Unidos. Mi esposa me dice que es una excelente excusa que me he inventado para poder pararme frente a grandes grupos de personas y contar historias.

Apelo al principio legal de que nadie puede incriminarse a sí mismo.

Mi respuesta a la pregunta de mi amigo fue, “Definitivamente me siento bendecido. El año pasado fue el mejor año a la fecha para mi empresa. Todo parece indicar que este año va en la misma dirección.”

Dije esas palabras sin siquiera pensarlo. Como que estuviera recitando la jura a la bandera o haciendo mi pedido usual en McDonald’s.

Pero….estaba mintiendo.

Ahora, antes que me juzguen, permítanme explicar. En base a que el año pasado emprendimos el viaje con mi familia de no comprar nada, ustedes podrán pensar que estamos subsistiendo a base de sopas ramen y los nachos y salsa que regalan en los restaurantes mexicanos. Pero no se preocupen, como familia no la estamos pasando mal.

De hecho, el año pasado, sí fue el mejor año para mi empresa.

De hecho, este año las cosas se ven muy bien también.

Sin embargo, eso no es una bendición.

He notado una interesante tendencia dentro de los cristianos, incluyéndome a mí mismo, y eso me preocupa mucho. Nuestra respuesta de cajón ante recibir algo material es el considerarnos bendecidos. Es como el “amén” al final de una oración.

“Este carro nuevo es una bendición.”

“Finalmente vendimos la casa. Me siento bendecido.”

“Acabo de regresar de un viaje misionario. Me doy cuenta lo bendecidos que hemos sido en este país.”

De manera superficial, estas frases parecen inocuas. Parecen incluso piadosas. ¿Por qué no glorificar a Dios por todo lo que tengo? ¿Acaso no es esto lo que debemos hacer?

Al reflexionar acerca de cuando dije “me siento bendecido”, dos ideas vinieron a mi mente. Quizás me acusen de hacer lío por cuestiones semánticas, pero ténganme un poco de paciencia porque considero que esto es crucialmente importante. Es una de esas cosas que no podemos ver porque está tan enraizado en nuestra cultura que se ha vuelto en algo normal.

Sin embargo, esto es algo que debe de parar. A continuación, el por qué.

En primer lugar, cuando digo que mi fortuna material es el resultado de la bendición de Dios, reduzco al Todopoderoso a una especie de hada-en-el-cielo-concede-deseos que de manera arbitraria le regala carros o dinero a sus seguidores. Me costaría no pensar en aquellas ocasiones en que premiaba a mis hijos con dulces cada vez que seguían instrucciones o iban de manera correcta al baño. Claro, Dios quiere que continuamente busquemos Su voluntad, y esto es para nuestro propio bien. Pero…¿Dios se vale de este tipo de retroalimentación positiva?

Dios no es un psicólogo del comportamiento

En segundo lugar, y quizás aún más importante, el considerarme bendecido a causa de mi buena fortuna material es algo sencillamente incorrecto. Para empezar, puede ser ofensivo para los cientos de millones de cristianos alrededor del mundo que viven con menos de US$10 diarios. ¿Si entiendes esto, verdad? Cientos de millones que reciben una “bendición” material de un solo dígito cada día.

Durante nuestro año viviendo en Guatemala, Gabby y yo fuimos testigos de primera mano del terrible daño que la teología de la prosperidad hace, en dónde a las personas fieles que hacen lo imposible para alimentar a sus familias se les decía que no estaban siendo lo suficientemente fieles. Si llegaban a serlo, Dios los sacaría de su pesadilla. “Haz un mayor esfuerzo, y Dios te mostrará Su favor.”

¿El problema? En ningún lugar de la escritura podemos encontrar que se nos prometa una vida fácil en este mundo a cambio de nuestra promesa de fe. De hecho, los más devotos santos de la Biblia usualmente morían en la quiebra, luego de recibir un boleto sin retorno a la prisión o a morir torturados.

Si quisiéramos una definición bíblica de lo que es estar bendecido, pongamos atención a las palabras de Jesús en Mateo 5:1-12 (NTV):

El Sermón del monte

1Cierto día, al ver que las multitudes se reunían, Jesús subió a la ladera de la montaña y se sentó. Sus discípulos se juntaron a su alrededor, 2y él comenzó a enseñarles.

Las bienaventuranzas

3«Dios bendice a los que son pobres en espíritu y se dan cuenta de la necesidad que tienen de él, porque el reino del cielo les pertenece.

4Dios bendice a los que lloran, porque serán consolados.

5Dios bendice a los que son humildes, porque heredarán toda la tierra.

6Dios bendice a los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

7Dios bendice a los compasivos, porque serán tratados con compasión.

8Dios bendice a los que tienen corazón puro, porque ellos verán a Dios.

9Dios bendice a los que procuran la paz, porque serán llamados hijos de Dios.

10Dios bendice a los que son perseguidos por hacer lo correcto, porque el reino del cielo les pertenece.

11»Dios los bendice a ustedes cuando la gente les hace burla y los persigue y miente acerca de ustedes y dice toda clase de cosas malas en su contra porque son mis seguidores. 12¡Alégrense! ¡Estén contentos, porque les espera una gran recompensa en el cielo! Y recuerden que a los antiguos profetas los persiguieron de la misma manera.

Sospecho que quizás algunos incisos adicionales al versículo 12 fueron omitidos del texto. Quizá esta era la parte en donde los discípulos de Jesús respondían diciendo algo así como:

“Espera un momento, Señor. ¿Qué de “benditos los cómodos”, o “benditos aquellos que tienen un buen trabajo, una casa modesta y vacaciones anuales?” Y Jesús les respondió diciendo, “Discúlpenme hermanos, pero esos no entraron en la lista.”

Así que allí está. Escrito en letras rojas. Tan claro como la luz del día. Aún así, lo ignoramos todo cuándo secuestramos la palabra “bendecido” y la hacemos encajar nítidamente en nuestros ideales modernos norteamericanos, creando una especie de lotería cósmica en donde toda oración sincera nos compra otro ticket raspable. En el proceso, alienamos a aquellos a quienes esperamos traer a la fe.

Debemos parar de jugar este juego.

La verdad es que no tengo idea de por qué nací en donde nací o porqué tengo las oportunidades que tengo. Eso va más allá de mi comprensión. Pero definitivamente no creo que Dios me haya escogido por encima de otros a causa de la veracidad de mis oraciones o la profundidad de mi fe. Aún así, si tomo ventaja de las oportunidades que me han sido dadas, es posible que pueda tener una vida cómoda. No está garantizada. Pero si llegara a pasar, no creo que Jesús me considere “bendecido”.

Me considerará “cargado”.

Me preguntará:

“¿Qué vas a hacer con todo eso?”

“¿Lo usarás para ti mismo?”

“¿Lo usarás para ayudar a otros?”

“¿Lo resguardarás para sentirte cómodo?”

“¿Lo compartirás?”

¡Tantas opciones difíciles! ¡Tan pocas respuestas sencillas!

Así que mi oración hoy es que pueda entender mi verdadera bendición. NO es mi casa. No es mi trabajo. No es mi nivel de vida.

Mi bendición es esta. Conozco a un Dios que le da esperanza al que no la tiene. Conozco a un Dios que ama a quien no es digno de ser amado. Conozco a un Dios que trae Consuelo al quebrantado. Y conozco a un Dios que ha sembrado ese mismo poder dentro de mi. Dentro de todos nosotros.

Y por esta bendición, que nuestra respuesta siempre esa,

“¡Úsame!”

Desde que tuve esta conversación, mi nueva respuesta es simplemente, “Estoy agradecido.”

__________

Scott Dannemiller is a writer, blogger, worship leader and former missionary with the Presbyterian Church. He writes the blog The Accidental Missionary, where this post first appeared.

Follow Scott Dannemiller on Facebook:facebook.com/theaccidentalmissionary

Follow Scott Dannemiller on Twitter: www.twitter.com/sdannemiller

¿Qué estás pensando?

Publicado: 26/06/2014 de Sandrie Alvarado en Búsqueda Continua, Cristianismo, Reflexiones, Vida diaria
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“Je pensé, donc je suis”. René Descartes

La famosa frase de Descartes, en español “pienso, luego existo” o “pienso, por lo tanto existo” se considera como una que representa el pensamiento filosófico moderno. En la filosofía post moderna la expresión podría ser algo como “pienso, publico, luego existo” o “publico, luego existo” por aquellos que no piensan lo que publican.

¿Qué estás pensando?

Seamos honestos las redes sociales son parte de nuestra vida. Soy una persona con una rutina matutina, que generalmente es algo así: temprano en la mañana suena la alarma de mi celular y lo primero que hago, es revisar mi teléfono (yo sé… no es orar, estoy siendo honesta) si tengo algún mensaje de WhatsApp, mi correo electrónico y la agenda del día, hago ejercicio viendo las noticias de la mañana, me ducho y visto (allí es cuando oro), mientras preparo el desayuno y mi almuerzo reviso Twitter e Instagram y cuando estoy desayunando leo los post que me interesan y termino de organizar mi día.

Hoy, en la mañana tuve la oportunidad leer un artículo de Fast Company que habla de la influencia de las redes sociales en nuestra vida, y hace referencia al video de The Higton Bros, “What´s on your mind?” que muestra como la gente utiliza las actualizaciones de estado en Facebook no para compartir lo que esta en su mente o su vida sino lo que quisieran que estuviera. Link al artículo

Por favor no quiero que me mal interpreten, esta publicación no es una campaña en contra de Facebook o las redes sociales que son sólo medios para relacionarnos, no considero que las redes sociales sean un problema, si hay algún problema está en nuestro corazón. Personalmente no uso Facebook, actualmente uso Twitter e Instagram y últimamente que escribo por acá.

Lo verdaderamente importante

Siempre me han apasionado los proyectos, y en su desarrollo soy una persona cuidadosa, vigilante, pues para mí el mundo es un lugar impredecible; busco identificar, evaluar y en la manera posible reducir los riesgos que se esconden debajo de la superficie. Me gusta planificar el futuro con el fin de anticipar lo que podría salir mal. Y aunque disfruto crear redes de contactos y equipos de trabajo, soy una persona bastante seria y reservada.

Por mucho tiempo mi identidad se basó en los logros de mis proyectos y en la aceptación de otros por mis logros. Hasta que Dios en su misericordia me dejo fallar y darme cuenta que me quedo corta, que no soy suficiente y esta bien no ser suficiente pues no fui creada para serlo. Su amor y su gracia fueron tan abrumadoras sobre mí (Efesios 1:7) que no tuve más que rendirme a El sin cautela, admitir mi vulnerabilidad, ser completamente honesta, y por primera vez dejar a alguien atravesar los sistemas de seguridad que siempre habían protegido mi corazón y aprender a confiar.

Riesgos que vale la pena tomar 

Aunque ahora lo describo como un evento ha sido mas bien un proceso, uno del día a día. Un proceso en el que Dios sigue trabajando y transformando mi corazón… pues al dejarlo entrar a mi vida, Dios me ha llevado un paso más allá, me ha enseñado sobre la vida en comunidad y la verdadera amistad, y  me ha retado a dejar entrar a otros (que no significa dejar entrar a todos).

Nunca ha sido fácil para mi compartir asuntos personales (incluso ahora mientras escribo esta nota). En este proceso con Dios y con otros he aprendido que la vida se disfruta más al vivirla con quienes amamos y para eso debemos aprender a amar y ser amados, pero no podemos amar a alguien a quien no conocemos y no podremos conocernos sin aceptar los riesgos.

No soy ingenua, abrirnos a otros es un gran riesgo, pero es uno que vale la pena tomar de la mano de Dios. Es en el proceso de descubrirnos, conocernos, aceptarnos, valorarnos y amarnos que Dios puede cumplir en nosotros Su propósito. Doy gracias a Dios por mis amigos, porque con ellos quiero compartir más de 140 caracteres quiero compartir historias de vida, más que una foto o video quiero compartir momentos que queden grabados como recuerdos en nuestra mente y corazón, más que obtener de ellos un “me gusta”, los quiero a ellos por quienes son.

Nota: para quienes se preguntan cuándo leo mi Biblia y oro más seriamente, lo hago antes de dormir. Es mi tiempo con Dios, El y yo.


SONETO A CRISTO CRUCIFICADO

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Anónimo, atribuido a Santa Teresa

Tomado de: http://www.poesi.as/indx0047.htm


sports-fans

19 campeonatos, 76 equipos, 8 campeones, 772 partidos, 2208 goles, 6598 jugadores, 16 países anfitriones, más de 34 millones de espectadores, el mayor evento deportivo: la Copa Mundial de la FIFA.  209 asociaciones miembros, 820 partidos, 202 equipos: competencia preliminar. 64 partidos, 12 ciudades anfitrionas, 32 equipos, todos al mismo ritmo: la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014.

El mayor evento deportivo

En cinco continentes, en cientos de países alrededor del mundo, miles de personas celebran la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014 y yo soy una de ellas. Conozco el juego y difruto un buen partido; sé lo que es un saque de puerta, un tiro de esquina, un tiro libre, un penal, una jugada fuera de lugar… no veo un juego solo por sus jugadores (como piensan de nosotras las chicas). Aunque más que ser fan del fútbol me considero fan del campeonato mundial, así que desde el 11 de junio al 13 de julio, trataré de ver todos lo partidos que pueda, vestiré los colores de mis equipos favoritos, cantaré la canción oficial (incluso la bailaré), viviré la emoción, le hablaré a la pantalla como si los jugadores pudieran escucharme y por supuesto gritaré ¡Goool!

Pero hay algo más porque sin importar la fase del partido si de grupos o eliminatoria, los equipos que van a jugar, y tengo que confesar que algunas veces incluso más que el marcador final; es el momento en que ingresan las banderas y los equipos al campo de juego, cuando los jugadores se enfilan y junto a las porras entonan sus respectivos himnos nacionales, en esos momentos cada jugador representa una historia no solo personal sino familiar y cada equipo representa la historia no de un grupo sino de una nación.

Y qué son las naciones sino el resultado de la organización humana y las relaciones internacionales la dinámica de construir o destruir puentes para relacionarse entre sí. La FIFA que comprende esto a la perfección en este campeonato utiliza de slogan oficial “All in one rhythm”, “Juntos num só ritmo”, “Todos al mismo ritmo”.

Un evento aún mayor

La humanidad, una creación tan diversa pero con elementos fundamentales unificadores; somos distintos en cuanto a lo físico y cultural, iguales en valor y dignidad. Es indiscutible que la FIFA no sólo comprende de organización humana, comprende y aprovecha la fantástica habilidad del deporte rey como un puente entre personas y naciones. Por eso disfruto tanto la Copa Mundial, en cada partido se encuentran la diversidad y la igualdad y los equipos con sus características físicas, su postura, su idioma, incluso su forma juego, representan la maravillosa creación de Dios.

Lamentablemente aún existen espacios vacíos que nos separan, aún necesitamos usar puentes para encontrarnos y relacionarnos unos con otros, pues como humanidad tenemos un evento aún mayor que celebrar: el evangelio de Jesucristo.

Necesitamos puentes y necesitamos aprender a usarlos. Y al igual que la FIFA, el Apóstol Pablo fue un maestro en esto, el libro de Hechos y sus cartas dejaron registro de cómo lo hizo, Romanos 3:9-27 es un fantástico ejemplo. Primero expone aquellos elementos unificadores: “están bajo el pecado”, “no hay un solo justo”, “todos han pecado y están privados de la gloria de Dios”; luego el evangelio: la justicia y gracia de Dios, la salvación a través de la fe en Jesucristo; y por último va más allá reconoce que judíos y gentiles son distintos entonces hace que quiten sus ojos de sí mismos y los pongan en Dios porque solo así podrán reconocerlo como único Dios sobre toda la creación y un Dios que extiende su salvación a toda nación. Usando la salvación como un nuevo elemento unificador, primeramente con Dios y luego entre ellos.

En la Copa Mundial celebro el buen fútbol y la maravillosa diversidad, dignidad y valor de la humanidad, en mi vida celebro el evangelio de Jesucristo y seguiré usando puentes hasta el momento en que estemos todos al mismo ritmo en adoración delante de Dios.

Para aquellos que quieran conocer mas de la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014 en cifras


Re-examinando algunas de nuestras falsas creencias acerca de las finanzas.

Por Caryn Rivadeneira

Caryn Rivadeneira es escritora, conferencista y autora de: Broke: What Financial Desperation Revealed About God’s Abundance (IVP, 2014). Para más información acerca de Caryn, visiten carynrivadeneira.com.

Hace años caí de estar muy bien a estar en la más vil calle de la amargura de la noche a la mañana. Me dirigí a Dios con los puños al aire, con lamentos acerca de todo lo que había perdido y lo que no podía hacer por estar en la quiebra.

Logré salir de esa época obscura pero, recientemente, el Espíritu Santo me record nuevamente acerca de cuánto crédito le doy al dinero.

O sea, todos sabemos las cosas buenas que el dinero hace (paga las cuentas, pone comida en la mesa, nos viste, reduce el estrés marital y nos compra aquellos gustitos a los que les tenemos puesto el ojo).

Pero mi lista –una lista nacida del quebrantamiento y lamento- es una lista de cosas que el dinero no hace, no puede y jamás podrá hacer.

Esta lista me ha recalibrado, me ha recordado de soy quien soy, en riqueza y en pobreza, que mi vida es buena, llena y rica, tenga o no dinero.

Mi lista ha ido creciendo. Algunos ítems de mi lista son obvios: el dinero no puede comprarme el amor, o la felicidad. Algunas entradas tienen algo de resentimiento: el dinero no me hará sexy, chistoso, bondadoso o alguien agradable a otras personas. Pero aquellos ítems que comparto aquí son mis favoritos, son aquellas ideas a las que regreso una y otra vez.

1. El Dinero No Trae Paz

Por supuesto, esta afirmación va totalmente en contra de lo que normalmente conocemos como “paz mental”. Es una idea bastante común el pensar que mientras más dinero tengas, mayor será tu paz. Por supuesto, esto tiene su contraparte: mientras menos dinero tengas, menor será tu paz.

Cualquier tipo de paz que esté construida sobre algo que no permanece para siempre, no puede ser verdadera paz. El tratar de aferrarse al dinero nos lleva únicamente a la paranoia. En donde existe la paranoia, existe la desesperación por el control, y allí no hay paz. El dinero no puede resolver esto.

2. El Dinero No Da Control

Seguro, el dinero puede asustar a algunas personas lo suficiente para que permanezcan en silencio y permite controlar algunas situaciones en el corto plazo. Pero, ¿es posible lograr esto con aquellas cosas que verdaderamente importan? ¿Es posible controlar con dinero el último resultado de cualquier situación? No. Así que, mientras el dinero puede comprar las elecciones o algún grado de influencia, y quizás puede conseguirnos la mejor mesa en un restaurant sobornando al anfitrión, el dinero no nos hace invencibles. El dinero no hace que el tiempo pase más despacio ni nos permite regresar al pasado. No puede regresarnos a nuestros seres queridos, ni traernos verdadero amor.

3. El Dinero No Te Hace Sabio

Con frecuencia, creemos que el dinero nos da alguna especie de visión especial acerca de cómo funciona el mundo. El dinero nos puede pagar la educación, libros y experiencias que mejoran nuestro conocimiento. Y sí, muchas personas sabias han ganado (o heredado) muchísimo dinero. Pero si hacemos una revisión rápida de cualquier sitio web de farándula, lo que vamos a ver es a personas con mucho dinero actuando de maneras tremendamente tontas.

Para corroborar esto, solo basta con verme al espejo. Parte de mi desesperación financiera resultó de decisiones necias tomadas mientras estábamos llenos de dinero, pensando que nunca dejaría de darnos huevos de oro la famosa gallina.

El dinero no nos hace más sabios. Pero definitivamente, sí puede hacernos muy necios.

4. El Dinero No Nos Hace Más Admirables

Pensamos que admiramos a las personas ricas, pero en realidad, admiramos su dinero –o supuesto dinero- o sus carros, casas, joyas y ropa que pueden comprar con su dinero.

A veces, por supuesto, admiramos a personas que han logrado hacer dinero en formas admirables o que dan grandes cantidades de dinero. Pero al final, esa es una admiración de una ética de trabajo, capacidad innovadora o de generosidad –cosas que el dinero no compra, pero que sin embargo, están disponibles sin costo para todos y cada uno de nosotros.

5. El Dinero No Nos Hace Interesantes

El dinero puede llevarnos a lugares interesantes y comprarnos cosas interesantes. Sin embargo, no puede comprarnos el ser interesantes –en ser alguien que tiene algo qué decir, con fuertes convicciones, con pensamiento profundo, capacidad de escuchar y que vive a plenitud. Una persona interesante aprende, escucha, se atreve, sueña, discute, enfrenta, siente y tiene los ojos abiertos a las maravillas que hay en el mundo.

Nuevamente, todo esto, es gratis.

6. El Dinero No Nos Hace Mejores Personas

Creemos que “mejorarnos” implica ganar más dinero para poder salir de algún lugar o situación. Podemos tener “mejores” trabajos, comprar mejores cosas, vivir en mejores ciudades o ir a mejores centros educativos.

Pero, por supuesto, el dinero no mejora a nadie. Tampoco nos hace mejores que nadie. Cualquier cosa que nos aqueje mientras no tenemos dinero, nos aquejará cuando lo tengamos. (A menos, por supuesto, que lo que nos aqueje sea la incapacidad de pagar las cuentas, allí si, el dinero ayuda.) En última instancia, cualquier cosa que nos haga especiales o dotados en algo, ya era algo que teníamos desde siempre.

7. El Dinero No Nos Hace Ser Más “Bendecidos”

Todos hemos sido bendecidos, solamente que quizás no de las maneras en las que usualmente esperamos. Con certeza, no hemos sido bendecidos de la manera en que vemos “#bendecido” escrito por todos lados y por cualquier cosa en las redes sociales, generalmente en referencia a fotos de carros nuevos, viajes extravagantes o casas en la playa.

A pesar de que el Antiguo Testamento a veces equipara la riqueza material con bendición, Jesús le da la vuelta a esto. No son los ricos los bendecidos, sino los pobres en espíritu. No son los fuertes y poderosos, sino los humildes. Somos realmente bendecidos cuando podemos vivir con perseverancia la presencia de Cristo en nosotros y no cuando estamos disfrutando de lo mejor que la vida tiene que ofrecer.

De acuerdo a Google, la palabra “bless” –“bendición” en inglés- se deriva del antiguo vocablo inglés “blēdsian”, que se cree significa “marcar o consagrar con sangre.” Ahora, quizás algunos argumenten que su #bendecido viaje, carro o crucero caribeño sea el resultado de sangre, sudor y lágrimas, y bien puede ser que así sea.

Si embargo, las bendiciones reales se consagran –se apartan- a través de nuestra propia transformación a través del sufrimiento, la prueba o algún tipo de quebrantamiento que nos lleva directo al Reino de Dios, el cual es gratis y está abierto a todos nosotros, tengamos o no tengamos mucho dinero. Este es el Reino que nos rodea ahora y en el que participaremos por la eternidad si aceptamos la bendición de la gracia. Sin costo alguno.
Traducido del artículo “7 Things Money Can’t Do”, disponible aquí: http://www.relevantmagazine.com/life/7-things-money-can%E2%80%99t-do#emYpJ5pwXApwqxyp.99


Me confieso cinéfila y fan de Marvel y aunque X-Men Días del futuro pasado (Days of the future past) me pareció fantástica, me confieso apasionada por algo más grande, que hoy en medio de una mañana difícil necesitaba recordar y esta película me ayudó. Para aquellos no que tienen idea de la película les comparto este video, y los fans espero que se emocionen como yo (no se preocupen no voy a arruinar el final).

Días del pasado

Todos tenemos un pasado y nuestro pasado tiene matices, lugares, colores, aromas, sabores… personas y decisiones que tomamos, también tiene victorias y derrotas, logros y fracasos, gozo y dolor. Cuando miramos atrás ¿Qué recordamos de nuestro pasado? ¿Cuáles son las imágenes, pensamientos o sentimientos que vienen a nosotros? Puede ser un pasado lejano… años atrás o puede ser un pasado más inmediato como esta mañana. Creo que todos quisiéramos ver atrás y sonreír, pero a veces al ver atrás nos lamentamos, y aunque sería fantástico poder regresar en el tiempo, sabemos que solo pasa en las películas.

Nuestra confianza, nuestra esperanza

“Profesor X: [a su yo más joven] Tienes miedo. Recuerdo. /…/ Por favor… necesitamos que vuelvas a tener esperanza” 

Esta escena en particular, me recordó las palabras de Benedicto XVI en Spe Salvi “Podemos tratar de limitar el sufrimiento, luchar contra él, pero no podemos suprimirlo. Precisamente cuando los hombres, intentando evitar toda dolencia, tratan de alejarse de todo lo que podría significar aflicción, cuando quieren ahorrarse la fatiga y el dolor de la verdad, del amor y del bien, caen en una vida vacía en la que quizá ya no existe el dolor, pero en la que la oscura sensación de la falta de sentido y de la soledad es mucho mayor aún. Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que sufrido con amor infinito.”

Esto es esperanza para mí, es la virtud por la que confiamos en Dios a través de Cristo (1 Corintios 15:57), por la que podemos esperar con certeza, en palabras de John Piper “una expectativa confiada y deseo de algo bueno en el futuro”, no por nosotros sino por el, como lo dijo Jesús en Juan 16:33. El origen de nuestra esperanza es Dios, entonces sin importar nuestra historia personal todos podemos relacionarnos con ella, va más allá de nosotros, trasciende épocas, culturas e historias.

Días del futuro

Todos tenemos luchas, batallas e incluso guerras, vivimos en este mundo corrompido y día a día enfrentamos tentaciones, pecado, abuso, dolor y temor; así que aunque ciertamente podría usar esas palabras con mi yo más joven, también son palabras que necesito escuchar hoy y que necesitaré mañana también como David en el Salmo 42:5.

Las consecuencias de las decisiones que tomamos en esperanza trascienden más allá de lo que podemos imaginar. Pienso en aquellos que esperan del otro lado de tu obediencia a Dios, de mi obediencia a Dios, necesitan que volvamos a tener esperanza, necesitan que tengamos esperanza hoy. Y mientras caminamos con esperanza también necesitamos amigos, personas que Dios use para dirigirnos, para mostrarnos paciencia, para guiarnos, para acompañarnos mientras nos convertimos en las personas que fuimos llamados a ser.

 


“38. La transmisión de la fe, que brilla para todos los hombres en todo lugar, pasa también por las coordenadas temporales, de generación en generación. Puesto que la fe nace de un encuentro que se produce en la historia e ilumina el camino a lo largo del tiempo, tiene necesidad de transmitirse a través de los siglos. Y mediante una cadena ininterrumpida de testimonios llega a nosotros el rostro de Jesús. ¿Cómo es posible esto? ¿Cómo podemos estar seguros de llegar al « verdadero Jesús » a través de los siglos? Si el hombre fuese un individuo aislado, si partiésemos solamente del « yo » individual, que busca en sí mismo la seguridad del conocimiento, esta certeza sería imposible. No puedo ver por mí mismo lo que ha sucedido en una época tan distante de la mía. Pero ésta no es la única manera que tiene el hombre de conocer. La persona vive siempre en relación. Proviene de otros, pertenece a otros, su vida se ensancha en el encuentro con otros. Incluso el conocimiento de sí, la misma autoconciencia, es relacional y está vinculada a otros que nos han precedido: en primer lugar nuestros padres, que nos han dado la vida y el nombre. El lenguaje mismo, las palabras con que interpretamos nuestra vida y nuestra realidad, nos llega a través de otros, guardado en la memoria viva de otros. El conocimiento de uno mismo sólo es posible cuando participamos en una memoria más grande. Lo mismo sucede con la fe, que lleva a su plenitud el modo humano de comprender. El pasado de la fe, aquel acto de amor de Jesús, que ha hecho germinar en el mundo una vida nueva, nos llega en la memoria de otros, de testigos, conservado vivo en aquel sujeto único de memoria que es la Iglesia. La Iglesia es una Madre que nos enseña a hablar el lenguaje de la fe. San Juan, en su Evangelio, ha insistido en este aspecto, uniendo fe y memoria, y asociando ambas a la acción del Espíritu Santo que, como dice Jesús, « os irá recordando todo » (Jn 14,26). El Amor, que es el Espíritu y que mora en la Iglesia, mantiene unidos entre sí todos los tiempos y nos hace contemporáneos de Jesús, convirtiéndose en el guía de nuestro camino de fe.” (Encíclica Lumen Fidei, Papa Francisco)

Vivimos en una época de una privatización radical de la religión y la espiritualidad.  Por un lado, se busca relegar la religión al ámbito de lo privado, retirándola de las discusiones públicas en asuntos sociales, morales, políticos, económicos, artísticos, etc.  Se nos dice que la religión es un asunto del fuero interno, para ser creído y vivido de manera individual y que únicamente sirve para guiar decisiones estrictamente personales.  El resultado de esto, es la intolerancia de aquellas personas e instituciones que -irónicamente- en nombre de la “tolerancia”, rechazan cualquier argumento religioso -y particularmente cualquier argumento cristiano- en discusiones de temas como matrimonio, familia, vida y moral.  Al relegar la fe a lo individual y privado, se facilita el relativismo moral y se viven los principios de una manera estrictamente utilitaria: lo que me conviene, cuando me convenga, dependiendo de las circunstancias y siempre amparado en un “derecho” ajeno a cualquier responsabilidad…el “derecho a ser feliz” como valor supremo y principio rector de la existencia.

En cuestiones morales y públicas, el problema que describí es relativamente obvio para los cristianos.  Sin embargo, hemos se dificulta más verlo dentro del contexto de la iglesia y la comunidad cristiana.  Aquí adentro, sin darnos cuenta, es donde el problema es quizás más fuerte y que exige de nosotros un mayor esfuerzo por corregirlo.

Por esta razón cité el párrafo anterior de la Encíclica Lumen Fidei del Papa Francisco.  En este párrafo, contenido dentro del Capítulo 3 titulado “Transmito lo que He Recibido (1 Corintios 15:3)“, Francisco nos llama a la reflexión de la importancia para cada uno de nosotros de comprender que no ha recibido la fe en una especie de burbuja aislada del contexto comunitario, que esta fe ha sido transmitida a través de los siglos y vivida, compartida, contextualizada y expresada por millones de personas de las más diversas culturas, trasfondos, situaciones, épocas y naciones.  Nos recuerda que no existimos en el vacío, tanto temporal, como espacial.

Desde las páginas del Antiguo Testamento, en Deuteronomio 6, vemos la importancia de la familia como ente activo, dinámico e intencional en transmitir la fe:

“1»Esos son los mandatos, los decretos y las ordenanzas que el Señor tu Dios me encargó que te enseñara. Obedécelos cuando llegues a la tierra donde estás a punto de entrar y que vas a poseer. 2Tú, tus hijos y tus nietos teman al Señor su Dios durante toda la vida. Si obedeces todos los decretos y los mandatos del Señor, disfrutarás de una larga vida. 3Escucha con atención, pueblo de Israel, y asegúrate de obedecer. Entonces todo te saldrá bien, y tendrás muchos hijos en la tierra donde fluyen la leche y la miel, tal como el Señor, Dios de tus antepasados, te lo prometió.
4»¡Escucha, Israel! El Señor es nuestro Dios, solamente el Señor. 5Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. 6Debes comprometerte con todo tu ser a cumplir cada uno de estos mandatos que hoy te entrego. 7Repíteselos a tus hijos una y otra vez. Habla de ellos en tus conversaciones cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. 8Átalos a tus manos y llévalos sobre la frente como un recordatorio.9Escríbelos en los marcos de la entrada de tu casa y sobre las puertas de la ciudad.”
Vemos más adelante, en el Nuevo Testamento, cómo la Iglesia y las distintas funciones dentro de la misma están diseñadas para la formación y preparación de la comunidad de creyentes para que puedan hacer la obra de Dios:
11Ahora bien, Cristo dio los siguientes dones a la iglesia: los apóstoles, los profetas, los evangelistas, y los pastores y maestros. 12Ellos tienen la responsabilidad de preparar al pueblo de Dios para que lleve a cabo la obra de Dios y edifique la iglesia, es decir, el cuerpo de Cristo.13Ese proceso continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo de Dios que seamos maduros en el Señor, es decir, hasta que lleguemos a la plena y completa medida de Cristo.” (Efesios 4:11-13, NTV)
Incluso, vemos a niveles que son difíciles de comprender la profundidad y extensión de la comunidad cristiana y que de maneras muy interesantes, es inescapable el carácter comunitario y generacional de la Iglesia y la vida cristiana:
“18Ustedes no se han acercado a una montaña que se pueda tocar, a un lugar que arde en llamas, un lugar de oscuridad y tinieblas, rodeado por un torbellino, como les sucedió a los israelitas cuando llegaron al monte Sinaí. 19Ellos oyeron un imponente toque de trompeta y una voz tan temible que le suplicaron a Dios que dejara de hablar. 20Retrocedieron tambaleándose bajo el mandato de Dios: «Si tan solo un animal toca la montaña, deberá morir apedreado».21Incluso Moisés se asustó tanto de lo que vio, que dijo: «Estoy temblando de miedo».
22En cambio, ustedes han llegado al monte Sión, a la ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial, y a incontables miles de ángeles que se han reunido llenos de gozo. 23Ustedes han llegado a la congregación de los primogénitos de Dios, cuyos nombres están escritos en el cielo. Ustedes han llegado a Dios mismo, quien es el juez sobre todas las cosas. Ustedes han llegado a los espíritus de los justos, que están en el cielo y que ya han sido perfeccionados. 24Ustedes han llegado a Jesús, el mediador del nuevo pacto entre Dios y la gente, y también a la sangre rociada, que habla de perdón en lugar de clamar por venganza como la sangre de Abel.” (Hebreos 12:18-24, NTV)
El peligro más grande que acecha a la Iglesia, a los creyentes hoy en día es que han comprado la privatización de su fe.  Contrario a lo que leímos en los textos anteriores, se ha confundido del hecho de que la relación con Dios y la salvación son algo personal, con una falsa idea de que la vida cristiana es individual, del fuero interno y que se puede vivirla exitosamente desconectados de nuestra historia, de nuestra familia y de nuestra iglesia local.
Cipriano de Cartago, en el siglo 3, escribió en su tratado sobre la unidad de la Iglesia que: “Nadie puede tener a Dios por Padre que no tenga a la Iglesia por madre.”  Para nosotros como evangélicos, esta afirmación es difícil de aceptar.  Creemos y afirmamos, de manera correcta y bíblica, que la relación de cada cristiano con Dios es individual, que el proceso de salvación y santificación también es parte del trato personal con Dios de cada uno, sin embargo, obviamos el hecho de que para vivir de manera obediente los mandamientos de Dios, seguir las instrucciones de Jesús y ser fiel a lo que la Biblia nos llama, la vida y la transmisión de la fe sólo pueden hacerse en familia, en comunidad, en iglesia.   Es un precio que, al parecer, no todos estamos dispuestos a pagar y le huimos a la iglesia y creemos -erróneamente- que un video o prédica en audio bajada de internet sustituyen eso.  Estamos equivocados.
El individualismo mal entendido -aquel que es egocéntrico, que no considera al “otro” con dignidad y valor, sino como medio para alcanzar los propios fines sin considerar el costo, cuyo valor supremo es el “derecho a ser feliz”, y que se resiste a la vida en comunidad- ha penetrado a la Iglesia, y es tiempo de recobrar lo que significa ser verdaderamente persona, verdaderamente cristiano, verdaderamente individuo y paradójicamente, eso sólo lo podemos descubrir en relación genuina, profunda, deliberada y humilde con otros, especialmente en casa, con nuestra familia, y en la iglesia, con nuestros hermanos y hermanas.

Sí, la Familia al Centro. Este es un llamado a la marcha, a todas aquellas familias imperfectas. A las familias que sufren por división dentro de sus núcleos, a las que enfrentan batallas a diario, batallas de enfermedad, dolor, tristeza, depresión, violencia, abuso, ausencia, escasez, engaño, a las que enfrentan problemas económicos y emocionales, a las familias que sufren por momentos difíciles. Este es un llamado a todas las familias.

marchaNo hay una sola familia perfecta en este mundo, y por eso marchamos.

No se pretende presentar a la familia como una solución a la problemática de los guatemaltecos, ni siquiera se pretende ignorar la realidad de lo que viven los hogares en nuestro país a diario. Los problemas existen, el sufrimiento es real y precisamente por eso es que decidimos marchar.

La familia representa para Guatemala el terreno fértil para una esperanza.

La esperanza de la reconciliación, la esperanza del perdón, la esperanza de la unidad, la esperanza de un cooperar y trabajar juntos para que individualmente podamos contribuir dentro de nuestras propias casas a hacer de nuestra vida en familia una mejor. Es el único lugar en el que encontramos que se puede amar incondicionalmente y perdonar hasta las más grandes agresiones.

La familia como génesis primario y fundamental de los valores espirituales de nuestra sociedad y del Estado de Guatemala tiene el potencial de reconciliar pueblos, si tan sólo como guatemaltecos asumimos la responsabilidad por nuestro rol en cada una de nuestras casas, de humillarnos y reconocer nuestros errores y trabajar para la reconciliación con nuestro prójimo, nuestros Padres, hermanos, esposos, hijos, y demás familia extendida.

No hay familia perfecta, pero esto no significa que debemos dejar de soñar, de trabajar de buscar alcanzar el ideal de amar incluso a quienes nos han lastimado.

Las mejores familias son aquellas que viven de manera honesta, con sus problemas, con sus golpes, con sus batallas, pero que deciden trabajar para darle a las generaciones que vienen una mejor vida.

Trabajemos por nuestras familias, trabajemos por Guatemala, marchemos todos juntos como familias imperfectas, pero familias que buscan sobreponerse al dolor, y que busquen amar por el compromiso de un futuro mejor para nuestra Guatemala.

¿Quién me acompaña?

Este 11 de mayo de 2014, a las 8:00 am.


Juan Callejas:

¡Excelente!

Originalmente publicado en :

Por Gabriel J. Zanotti

De Introducción filosófica al pensamiento de Hayek (UFM/Unión Editorial, 2003), cap. 1.

El tema de Hayek y el cristianismo es muy delicado por la gran cantidad de cuestiones involucradas. En primer lugar debe decirse que este tema puede ser abordado desde muchos puntos de vista y objetivos. El nuestro es mostrar dónde puede haber choques entre “el/los” planteo/s de Hayek con el cristianismo católico y dónde no. El “dónde no” deja abierta una posibilidad de diálogo de tipo no clerical. Esto es, allí donde el pensamiento de Hayek no se contradiga con el cristianismo católico (cc), ello no implica que ese punto se pueda afirmar desde el cc. Alguien puede ser partidario de la teoría del ciclo de Hayek, no contradecirse por ello con el cc y ello no implica que dicha teoría se “infiere” del cc.

En segundo lugar debe aclararse cuál es el eje…

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